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CONTRA.
POR
ESTEBAN WÓNNER
DOCTOR EN MEDICINA Y C1RU.IÍA
Fiat lux . . . .
Et lux facía est;
MOKTBVIDIO
Imprenta á vapor de El Siglo, calle 25 de Mayo número 58
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POR
ESTEBAN WÓNNER
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Fiat lux. . . .
Et lux facta est.
MONTEVIDEO
Imprenta á vapor de El Siglo, calle 25 de
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las Fajvulias
que siguiendo mis -consejos no vacunaron á sus fi
jos como yo no vacuné á los mies ,
•Ofrezco estos ayuntes,
ESTEBAN WÓNNEE.
Montevideo, Noviembre de 1882.
A LOS LECTORES
Desde el año 1868, fecha harto dolorosa para mí, pues reinando epidé¬
micamente la Difteritis (croup y llagas) en toda esta República, perdí á
dos de mis hijos; viendo los estragos que hacia aquella enfermedad y la re¬
sistencia que oponia a cualquier método empleado, me preocupé asidua¬
mente de su estudio y de las causas que pudieran hacerla tan rebelde, tan
mortal, tan contagiosa, y tan connm en este país.
En los años 1865, 1866 y después de 16 continuos de ejercer pura y
únicamente la medicina homeopática, ya en Turin (1850 á 1856), ya en
el Paraná (1856 á 1857), ya en esta ciudad desde 1857 hasta la fecha, y
después de haber visto las funestas y numerosas consecuencias de la vacu¬
nación de brazo á brazo y su relación con el croup, empecé á publicar al¬
gunos artículos contra ella, apoyando mi opinión en la de otros autores.
Poco tiempo después viendo evidentemente, por un sin-número de ejem¬
plos, que si es verdad que por la vacuna traida directamente de la vaca el
hombre, sea niño é) de mayor edad, no corre el peligro de contraer la sífilis
ú otras enfermedades peculiares de este, como harto frecuentemente su¬
cede por la vacunación de brazo á brazo, por lo contrario contrae dispo¬
siciones á la locura, al suicidio y á la difteritis (vulgarmente llagas), las
que se observan en las epizootias del animal vacuno, sobre todo en este
país, escribí contra la vacunación en general.
Debiendo ahora discutirse por los señores Representantes de la Asam¬
blea Legislativa de esta República, la ley de vacunación obligatoria pro¬
puesta por el Superior Gobierno á instancia de la Junta de Higiene, me
decidí á publicar todos esos artículos reunidos en un folleto.
Era mi intención ofrecer gratuitamente á los asociados de la Revista Ho¬
meopática, organo oficial de la sociedad Halmemaniana Uruguaya, estas
páginas como haciendo parte de la misma Revista y llevando el número
de orden 9.° y 10. 7
Sin embargo, habiéndose opuesto algunos socios que son vacunistas, so
pretesto de que mi opinión no era la de la Sociedad, me decidí á publi¬
carlo sin esa calidad, ofreciéndolo del mismo modo á ellos.
CONTRA LA VACUNACION
POR
ESTEBAN WÓNNER
- <i a m -
I— Algunas observaciones
RELATIVAS AL CROUP Y SU TRATAMIENTO, ACOMPAÑADAS
, DE UNA ESTADÍSTICA DE MORTALIDAD (1)
Desde acunas semanas el croup hace más estra¬
gos que de ordinario en esta ciudad. Como se verá
mas adelante, si en todo el mes de Agosto ha habi¬
do cuatro casos solamente mortales de esta enfer¬
medad, en Setiembre hubo nueve, y en lo que va
de Octubre alcanzan ya á catorce, sin contar los que
no están certificados por los hombres de la ciencia.
Decimos mortales, porque no conocemos todos los
que no lo han sido.
A pesar de haberse publicado varios artículos so¬
bre esta temible y terrible dolencia, sobresaliendo
entre ellos los que dio á luz, dos años hace, nuestro
colega el Dr. D. Adolfo Brunel, nos decidimos, sin
embargo, á publicar hoy las siguientes observacio¬
nes que venimos recogiendo desde mucho tiempo
atrás sobre este flagelo.
El croup ó angina membranosa, según varios au¬
tores, llamado también por Guersant Angine couen-
neuse, es una variedad de la Diphtherie, del renom¬
brado Bretonneau, y su nombre más propio y
adecuado es Difteritis de la laringe. Muchos lo
confunden con la angina gangrenosa. Así en el
Diccionario de Nysten (edición de 1855, pág. 77),
hablando de las anginas, so observa esta confusión,
lo que es un gran error. Bastan para distinguir la
gangrenosa, las manchas negras de la garganta y
de la laringe, el olor fétido que despide la boca
del enfermo que las tiene, (color negro y olor fétido
que jamás tienen los enfermos del croup, ) y la rá¬
pida marcha déla enfermedad, que ordinariamente
en menos de dos dias puede matar al enfermo. La
hemos visto pocas voces, poro una sobre todo, que
observamos en 1856, en Turin, tenía dichos carac-
tóres tan marcados, que podía distinguirlos aún la
persona más profana á la ciencia.
El croup, ó difteritis de la laringe, es una enfer¬
medad bastante común conocida entre nosotros, para
que sus síntomas puedan ser olvidados ó confundidos
con los do otra. La tos particular que la acompaña,
además de la fiebre continua, las manchas blancas
en la boca y en la garganta (vulgo llagas), y la afo-
DÍa ó falta de voz que se presentan en ella, consti¬
tuyen sus síntomas propios, sobre todo los últimos,
que la diferencian del falso croup ó angina estridu-
losa.
[ 1 ) Este artículo fué publicado en los diarios siguientes :
El Siglo de Montevideo número 354 fecha 30 de Octubre de 1865.
El Pueblo de idem número 884 y 885 id. id. id.
El Criterio Medico de Madrid, Ñs. 20 y 21 págs. 475, 497 (1867).
El croup, conocido desde mucho tiempo en todas
las partes del mundo, so ha presentado en eslos paí¬
ses desde pocos años acá con una fuerza extraordi¬
naria. Verdad es que cuando el croup es epidémico es
mucho mas temible, poro la difteritis tan fatal, sin
síntomas de croup como ahora so vó, pocas veces se
ha conocido. Diremos entre tanto que la difteritis es
una afección esencialmente general, cuyo carácter es
formar falsas membranas en las varias partes del
cuerpo. Si ataca la garganta sola y la faringe, llá¬
mase difteritis de la faringe’, si la laringe, toma el
nombre de difteritis de la laringe, ó croup, etc»
Puede también atacar las partes exteriores y presen¬
tarse en un intertrigo ó en una llaga do un cáusti¬
co, y también en los intestinos (2). Es revistiendo
todas estas formas, que ha aparecido en estos últi¬
mos años entre nosotros. Así lo hemos visto, por
desgracia, en uno de nuestros hijos, que, atacado de
la difteritis eu las partes exteriores, falleció sin pre¬
sentar el mas pequeño síntoma de croup.
Tanto aquí como en la Colonia, Concordia y Bue¬
nos Aires, la difteritis presentó esas variedades;
pero las manchas difteríticas en el centro de la lla¬
ga de un cáustico, del intertrigo, etc., ó en la boca y
garganta mostraban bien cuál era su naturaleza.
A nuestro parecer, en estas regiones la difteritis
afecta de un modo mas violento que en otras par¬
tes, contribuyendo quizas á esto condiciones loca¬
les, (3) que la hacen por oso mas grave.
El croup es: l.° una afección general, como diji¬
mos; 2.° suele ser epidémico; 3.° es contagioso;
4.° á veces es hereditario; 5.° no respeta edades.
1. ° El croup ( y las otras variedades de difteritis )
es una afección general con manifestaciones loca¬
les (4). Tenemos á la vista una obra que creemos
de las mejores publicadas á este respecto. Quizá po¬
cos la conozcan. Traite de la diphtherie de la larynx
par le Dr. Millet. París 1865 , ouvrage couronné
par la Société des Sciences Médicales de Bruxelles.
Véase lo que ese autor dice en la página 237, como
también la observación contenida en la página 35
sobre un niño que murió de resultas de la afección
difteritica general, á pesar de no presentar mas sín¬
tomas de croup y después de quince dias que se le
creía sano. Este carácter es de suma importancia
para su tratamiento, como lo veremos más ade¬
lante
2. ° El croup es epidémico. El mismo autor habla
de varias epidemias de croup que cundioron en To-
losa en el año 1859, y en varias otras partes de la
Francia en el año 1858; pero la fuerza con que se
(2) Véase obra citada mas adelante, pág. 131.
(3) El abuso de la carne.
(4) Véase obra citada, páginas 13 y 237.
— o —
ha desarrollado epidémicamente, tanto en la Co¬
lonia, Concordia y Buenos Aires, como en esta ciu¬
dad, on el año 62 63, deja quizás atrás aquellas
epidemias. Más adelante se verá la prueba.
3. " El croup es contagioso. Dicho autor (1 ) ad¬
mite el contagio, y dice que es tan contagioso como
■ía viriuela, la escarlatina y el sarampión, propa¬
gándose del mismo modo. No son las teorías las
4ue en medicina pueden decidir un juicio, sino los
(hechos observados por los médicos, y todos saben
■que la medicina es la ciencia de la observación.
Véase dicha obra, páginas 49 y 52. y en la 16, don¬
de refiere que el año 1858 fueron destruidas por el
«croup faindias enteras, compuestas do cinco y seis
•personas, on dos departamentos do la Francia. En
-otra obrita alemana leemos que en Berlín, el año
1854, un tal Hurre.l, profresorde música, perdió sus
-cinco lujos en pocos dias, y un empleado público
también cinco en quince dias. Nosotros sabemos
que en la Concordia, entre otras familias la de D. J.
Megget, inglés, perdió, en 1863, ocho hijos en pocas
-semanas. Un tal Gómez, do la Union, perdió siete
■aiños en dos ó tres dias, siendo tres de ellos enter¬
rados en el mismo dia. Nosotros, que escribimos
estas observaciones, tuvimos la desgracia de perder
-dos robustas criaturas en un mismo dia, uno de
croup y el otro do difteritis exterior. Al señor
don J. M. Barboza le aconteció eso mismo; y en
-este año al Sr. Blaizac calle 25 de Mayo, al Sr. Ba-
glietto calle Cerrito, y á la familia Anavitarte calle
Reconquista. En la Colonia el señor Quintana perdió
¿res niñas de regular edad en poco tiempo. Así en
Rueños Aires y otras partes repitiéronse iguales
•desgracias. Además de esto, como prueba convin¬
cente del contagio, lóase la obra de que hemos ha¬
blado mas arriba, página 31, y las observaciones,
«en las páginas 38 y 39, las que no dejao duda del
• contagio. (2)
4. ° Es hereditario. El Dr. Millet (página 23) cuen¬
ta que una señora de Tours perdió sus cinco niños,
todos del croup, en la edad de diez y ocho meses á
tres años. Conocemos eu esta ciudad al Sr. J. J. B.,
quien perdió ya tres hijos del croup y otros de afec¬
ción al pecho. No tenemos otras observaciones.
•5-° No respeta edades. Aunque coo mayor fre¬
cuencia afecte á los niños de dos á ocho años, sien¬
do en ellos mortal muchísimas veces, por razón, no
-solo del pequeño diámetro de la laringe y de la
íraquea, la que mas prontamente se obturan por
¿as falsas membranas, sino también de la poca re¬
sistencia do esos seres á la afección general, no
,,por eso deja de ser fatal en las personas mayores.
Qigánse, en comprobación, las siguientes obser¬
vaciones tomadas de dicha obra, página 18. La em
peratriz Josefina, primera mujer de Napoleón el
«Grande, murió de croup, á los 51 años de edad.
Washington falleció de la misma dolencia, á los 67
.años. El general Durrouchet, á los 63 años. Enrique
Blache, practicante de un hospital de Paris. á los 26.
El Dr. Gilleto murió igualmento do croup, á los 58
-años, de resultas del contagio recibido en una ope
jacion hecha á un niño atacado de ól. Nosotros
¿añadimos que la reina Estefanía de Portugal, aun¬
que operada, murió á los 22 años, en 1859, y una
(1) Páginas 38 y siguientes de dicha obra.
(2) Consignaremos otro caso muy triste. La familia Bustos per¬
dió 5 hijos en el espacio de pocas semanas. En el cementerio de
esta ciudad hay un monumento que los recuerda con estas pocas
■y dolorosas palabras: Los cinco murieron de croup'!
tal Ana Rosa, de 36 años, murió en esta ciudad, en
Marzo de este año, como resalta de los registros de
la Junta Económica. (3) Creemos que esto bastará
para evidenciar la aserción de que el croup no res¬
peta edades. (4)
¿Hay alguna relación entre el croup y otras afec¬
ciones contagiosas? Creomos que sí. Tanto el doc¬
tor Millet como la mayor parto de los autores, nada
dicen ú este propósito; sólo dicho autor confiesa, en
la página 101, quo/atnásha visto sanar á niños de
croup morbiloso ó con sarampión. Varios casos he¬
mos oído de cronp mortal consecutivos al saram¬
pión, como el del hijo del Sr. Schiaffino, de Bue¬
nos Aires, etc; pero aceptando esa confesión alopá¬
tica, diremos que nos cupo la suerte este año de
curar á un niño del señor Palacios, de croup, re¬
sultado del sarampión. Pero hay otra relación, á
nuestro parecer, entre el croup y otra enfermedad.
Hablarnos da la viruela y de la vacuna.
No seremos nosotros los que levantaremos nues¬
tra voz contra la. vacunacion, pero sí la levantaremos
contra el sistema que se emplea para vacunar á los
niños, y de brazo á brazo, sin tener todas las pre¬
cauciones posibles, observando coa esmero si el
niño que cede el virus tiene condiciones de buena
salud.
Pero no queremos hablar de esto; fundados en las
observaciones que desdo hace tiempo vamos reco¬
giendo, creemos que los niños vacunados desde muy
temprana edad, si suelen quedar preservados f or¬
dinariamente por ocho ó diez años) de la viruela,
quedan, en cambio, dispuestos d muy graves enfer¬
medades como las difteritis, y sobre todo al croup.
Esta opinión quizás parecerá á muchos muy atre¬
vida, pero, convencidos del esmero quo hemos te¬
nido en nuestras observaciones, la externamos, no
sin el deseo de que los hechos nos muestren que
nos equivocamos.
lió aquí los puntos en que fundamos nuestra opi-
nioo:
1. ° Casi todos los niños que sucumben do croup
están vacunados.
2. “ Algunos do los que liemos salvado del croup,
ó no estaban vacunados ó cayeron después con vi¬
ruela, como un niño del Sr. Perrone.
3. ° Desde que la viruela abunda tanto entre nos¬
otros, el croup se presenta con menos frecuencia. (5)
4. ° En los muchos variolosos que asistimos, siem¬
pre hemos observado difteritis ó en la boca ó en la
faringe.
5. ° En las familias en que ha habido algún vario¬
loso, cuyos otros miembros hemos podido preser¬
var do la viruela, hemos visto varios de ellos enfer¬
marse de difteritis faríngea.
Si estos puntos de contacto no bastasen para
establecer nuestra opinión á este respocto, añadire¬
mos el experimento practicado por el Dr. Millet (6),
quién, habiéndose picado el brazo con una lanceta
mojada en una falsa membrana, vió aparecer eu
este lugar una pústula semejante á la de la vacuna.
(3) El ingeniero Evbcr, murió en Paris el año 1S67, del croup,
véase Les Mondes, Vol. XII, pág. 263.
(i) Después de publicado este trabajo, hubo un caso muy espe¬
cial del croup, cu persona mayor, y fue el de la Princesa Alicc
de Inglaterra, esposa del gran duque de Hessc, fallecida el 14 de
Diciembre de 1878 de croup á la edad de 36 años.
(3) Véase al linal de estas páginas y en los anexos la tabla rela¬
tiva á las variaciones del croup con ia viruela.
(6) Véase obra citada, pág. 30,
7
Conocida la naturaleza de esla enfermedad, cuyo
pronóstico es muchas veces fatal, nos toca hablar
de su tratamiento. ¿Cuál de los sistemas conocidos
y adoptados en esta ciudad es, pues, el más eficaz
para curarla? ¿el alopático, el hidropátíco ó el ho¬
meopático? Fácil será comprender que damos la pre¬
ferencia á este último, pero en fuerza de razones
y de hechos prácticos, de que vamos á ocuparnos y
que nos parecen decisivos.
La alopatía usa en la difteritis, máxime si revisto
la forma croupal, los vomitivos, purgativos, las un¬
turas, (antiguamente las sanguijuela*), el pereloro-
rurode fierro, etc.; las cauterizaciones y la opera¬
ción ó traqueotomía. Nada de esto puedo curar el
croup, en la mayor parte délos casos. Muchos son
los que todavía creen que los vomitivos son efica¬
ces en esta enfermedad. ¡Lamentable error! El croup
se vé que es una enfermedad general, cuyo asiento
está, digámoslo vulgarmente, en la masa de la san¬
gre, pues que, á pesar de expectorar ó lanzar mu¬
chas falsas membranas, el enfermo se muere. ¿A.
qué, pues, molestar á éstos, sobre todo, cuando ni¬
ños, con tan duro tratamiento? Si se pregunta á las
familias que perdieron sus hijos de esta enferme¬
dad, que es lo que obtuvieron con semejante siste¬
ma, se adivinará cual es la contestación. Sabemos
muy bien que no faltará quien nos cite algún caso
de curación de ella con vomitivos repetidos en pocos
dias y hasta en pocas horas; pero nosotros lo duda¬
mos, y creemos que se trataba do una angina estri-
dulosa, ó falso croup, en la que admitimos que
alguna vez tales medicamentos alopáticos puedan
ser inofensivos. Véase además la obra citada, página
143, en la que el autor dice, que los vomitivos admi¬
nistrados á menudo son nocivos.
Lo mismo decimos de la cauterización, sea por
medio de! percloruro de fierro ú otras sustancias,
como prefiere el autor susodicho, y do la operación.
La garganta, ó mejor la laringe, so desocupará,
quedará limpia como en la observación de la pági¬
na 35 (1), y como lo hemos visto en el niño del
señor Blaizac; pero las falsas membranas invadirán
la tráquea, los bronquios, y el niño so morirá como
si no hubiese sido atormentado con las cauteriza¬
ciones ó con la operación.
Mas adelante se verá, en la tabla que hemos for¬
mado, lo que valen los vomitivos, las cauterizacio¬
nes y la traqueotomía; y si en Francia esta última
ha dado algún resultado, puesto que salvó á 48 so¬
bre 131, los que hubieran seguramente muerto sin
ella (2), en esta ciudad, sin duda por la gravedad de
la difteritis no dió aquellos resultados.
Sobre el uso del percloruro de fierro, que es in¬
útil por las razones ya aducidas, y que si tiene una
acción química sobre la sangre cuando está fuera
del cuerpo humano, no la tiene cuando está en cir¬
culación, dirémos que la experiencia en estos paí
ses habla poco, hasta ahora, en su favor. Véase tam¬
bién lo que dice dicho autor en las páginas 186 y
224. Hemos visto, entro varios otros, morir un niño
del señor Blaizac tratado por el percloruro de fierro,
á pesar de tenor toda la faringe sin una sola man¬
cha. Igual opinión tenemos del azufre.
En cuanto á los demás recursos alopáticos, repe¬
timos lo que el mencionado autor alópata dice en la
página 121, «que él método antiflojístico mata inevi-
(1) M Millct, obra citada.
(2) ¡Vlillet, página 232.
tablomente á los pobres niños, en los cuales se pono,
en práctica, y que el tralamiento mercurial ha dado
lugar á espantosas catástrofes.»
Los tratamientos hidropático y homeopáieo no
tienen estos peligros; aquel puede salvará los niños
afectados del croup verdadero. Véase la observación,
do la página 178 do dicha obra. No conocemos ca¬
sos acaecidos en esta ciudad, y para cerciorarnos so
necesitaria del concurso de autoridades cientificas,.
do que carecemos.
Resta probar que el tratamiento homeopático es-
el mejor de los tres. Las razones y los hechos nos
facilitarán la pruebe de esta aserción de una manera
incontestable. Es sabido que los medicamentos ho¬
meopáticos no tienen acción ni do vomitivos ni da
purgantes, tampoco pueden cauterizar los pequeños
glóbulos ó las tinturas homeopáticas. La acción de
estos remedios es dinámica, es general, es en la
masa de la sangre, por eso es perfectamente ade¬
cuada á esta enfermedad. ¿Quién desconoce el po¬
der del tratamiento homeopático en esta capital?
¿Cuál es la persona que no ha visto ú oido hablar
de las curas, casi prodigiosas, hechas por los varios-
homeópatas que hay en ella, en una multitud des.
enfermedades?
Podemos disponer para curar esta afección de una
gran masa do remedios desconocidos á los alópatas...
El Bromum, preconizado por el Dr. Ozanam, en.
fuerza de sus felicísimos resultados (3); el Apis,
Lachesis , Kali bycromaticum, Amonium-causticum,
Phosphorus , Spongia y otros más, son todos indi¬
cadísimos en él, según sus varios estados. No que¬
remos con esto decir que se pueden curar á todos,
los enfermos tratados por ellos. ¡Ojalá fuera así!
Hemos dicho que no son las teorías solas, y mé—
nos las charlas de algunos, las que valen en me¬
dicina, sino los hechos prácticos y la observación
esmerada de ellos. Vamos, pues, á citar algunos»
El Sr. Estrázulas salvó del croup á un niño del se-
¡ ñor Penal va, y las falsas membranas, que él guarda,
fueron arrojadas en su presencia. El Dr. De Kort
salvó á otro niño del Sr. Maeso, y las falsas mem¬
branas las conserva también dicho doctor. Nosotros
curamos, en lo más fuerte de la epidemia de 1863,
á un niñodelSr. Perrone (callo Reconquista N.°137),.
y las falsas membranas están á disposición del que
desée verlas. Curamos además en 1857, á otro niño
de D. Amaro Sienra y en 1860 á otro del Sr. D. Luis
Lerena; así otros más, como se verá en la tabla
que insertamos.
Pueden, pues, las dosis homeopáticas sanar ei
croup. En cuanto á la difteritis faríngea, y en la ge¬
neral sin localidad en la laringe, no dudamos en
aposlarcon quien lo desée, que sanaremos 95 de
100 atacados, sin echar mano del agua, del fierro á
del fuego.
¿Cuál es, pues, el tratamiento más conforme con
aquellas célebres palabras de cito, tuto, ju cunde?
¿Será jucunde la cauterización de la alopatía? ¿Será
tuto los niños muertos después do la operación?
Sera cito sanar, cuando acontece, después de una
convalecencia de muchas semanas?
Después de haber hablado de! medio de arreba¬
tarlos á la muerte, vamos á indicar la manera como
se puede precaver á los niños y á las personas ma¬
yores de esta fatal enfermedad. Además de los va-
(3) Véase ¡uiticí, página IS7, y Cosmos, Revuc des Sciences, 18G0,
página 123.
8 —
rios preservativos qae el sistema homeopático posee,
adoptados á las varias epidemias de cólera, escarla¬
tina, etc., creemos que los tiene también para la dif¬
teritis. Pero dejando éstos, en los cuales no todos
tienen confianza, creemos que el paseo al aire libre,
el vivir en casas bien ventiladas, y sobre todo oí
alejamiento do las casas ydelas ciudades, donde hay
esta epidemia, pueden servir á salvar en parte á
muchos; sin embargo, si los primeros de que ho¬
rnos hablado, basados en nuestra convicción y en los
hechos, los declaramos ciertos, los segundos suelen
sor inciertos.
No terminaremos este artículo sin declarar so¬
lemnemente aquí, que el único objeto que hemos
tenido al hacer esta publicación, ha sido unir nues¬
tras pobres observaciones á las de tantos otros prác¬
ticos de mucha más ciencia que nosotros, aunque
creemos que nadie nos supere en el amorque te¬
nemos á nuestros semejantes y á la ciencia que
practicamos desde 1850. Menos nos ha impulsado á
esto el deseo do polémicas, que evitaremos siompro
que podamos, ó el desprecio do la alopatía. Vemos
que nuestros niños, tratados tanto por la alopatía
como por la homeopatía, se mueren. Vemos que se
salvan por ésta y por la otra. Unamos, pues, todas
nuestras observaciones, juntémonos y tentemos de
reunir nuestras vistas sobredicha enfermedad; qui¬
zás de este modo alcanzaremos lo que todos los
módica deseamos, salvar á todos, ó al ménos la
mayor parto de los enfermos que se confian á nues¬
tros cuidados.
Concluidas nuestras observaciones, pasamos ú
corroborarlas con dos tablas estadísticas, una de los
casos de croup acontecidos desde 1863 en esta ciu¬
dad, otra de várias personas tratadas por los dos
sistemas.
La estadística do mortalidad podría ser mejor, y
quizás se podrían añadir muchos otros á estos ca¬
sos, si todos los certificados de defunción fuesen por
porsonas de la ciencia. Competiría esto al médico
de policía, ó como se acostumbra en otros países, á
un módico municipal, sin cuyo certificado, expedi¬
do en presencia del cadáver, no se puede enterrar.
Si la Junta Administrativa, además de otras gran¬
des mejoras realizadas en estos últimos años, y so¬
bre todo en estos últimos meses, tuviese á bien
introducir ésta, creemos que haría un servicio á los
habitantes de esta capital. El decreto fecha 12 de
Junio de 1850, que autoriza á los tenientes alcaldes
para expedir certificados de defunción, debería mo¬
dificarse ó abolirse como varios otros, y como ya
dijimos, ó confiar este cuidado al Médico de Policía,
6 nombrar un módico municipal, ó si no, módicos
de sección (á semejanza de lo que se hizo en la Co¬
misión de Salubridad Pública), á los que competiría
expedir tales certificados, que serian más válidos
que aquellos de los tenientes alcaldes, quienes casi
siempre los expiden sin reconocer el cadáver, y sin
tener más pruebas que las declaraciones de un pa
riente ó amigo, etc., que declara haber muerto Fu¬
lano de Tal, de muerte natural !....
Además de esto, se comprenderá muy bien que
no podemos publicar esta estadística con más deta¬
lles, por el espacio deque podemos disponer en este
diario, pero pensamos hacerlo en una publicación
separada.
Todos estos datos los hemos sacado de los libros
de la Comisión de Cementerios, cuyo presidente,
D. Juan Pedro Castro, con su acostumbrada bondad,
■ nos los facilitó, por lo cual lo damos las más since¬
ras granas.
Montevideo, 26 do Fobroro de 1865.
RELACION de casi todos los casos de croup opera¬
dos en esta ciudad. Como se observará, en un
solo caso la operación fue coronada de feliz su¬
ceso.
Aldabe Natalia . . 4 años,
Acevedo . 6 <s
Guerra Nicolás. . 5 *
Garaicochea. ... 5 «
González Matilde. 7 «
Mornies María . . 5 «
Suló Juan . 4 % <-
TABLA que demuestra la mortalidad del croup y
otras difteritis, en Montevideo, Cordon y Aguada
desde Enero de 1865 al 27 de este mes, sacada de
los apuntes existentes en la oficina de la Junta
E. A. de esta ciudad.
Años
Meses
Mujeres
Varones
TOTAL
1863
Enero . . .
1
1
2
»
Febrero . .
»
1
1
»
Marzo . . .
»
2
2
Abril ....
3
1
4 2 hermanos
Mayo. . . .
4
4
8
Junio. . . .
3
2
5 2 hermanos
»
Julio . . . .
9
7
16 7 hermanos
Agosto . . .
1
3
4
I>
Setiembre .
»
»
»
Octubre . .
6
1
7
»
Noviembre.
1
3
4
»
Diciembre .
1
4
5 3 hermanos
1864
Enero . . .
1
1
2
»
Febrero . .
2
3
5
»
Marzo . . .
5
2
7
3
Abril ....
- »
1
1
»
Mayo. . . .
1
2
3
»
Junio. . . .
1
»
1
»
Julio . . . .
3
2
5
Agosto . . .
1
5
6
2>
Setiembre .
»
»
»
»
Oetubre . .
1
1
2
»
Noviembre.
1
3
4
2>
Diciombre .
3
1
4
1865
Enero . . .
1
1
2
»
Febrero . .
1
2
3
2>
Marzo . . .
3
»
3
»
Abril. . . .
1
»
1
2>
Mayo. . . .
1
7
8 2 hermanos
Junio. . . .
3
6
9
»
Julio . . . .
4
3
7
»
Agosto . . .
»
4
4 2 hermanos
Setiembre .
4
5
9
Octubre . .
5
9
14
71
87
158
Se puede observar en esta tabla que si en el mes
de Setiembre de los años 1863 y 1864 no ha habido
un sólo caso de croup mortal, en este año, al con¬
trario, hubo 9.
1865 operada, muerta
1859 « sanó
1864 « muerto
1862 « «
1865 « «
1863 « «
1864 « «
9
RELACION de algunos casos de croup que han sido
curados por los varios homeópatas de esta ciu¬
dad, como también de todos los que han sido Ira
lados (1) por el abajo firmado.
Anavitarto Ricardo.
» Manuela
Artau Julia .
Blanco María. . . .
Blaizac Virginia . .
Baeza Adolfo. . . .
Brander Francisco .
D’ Albonas María. .
Lapuente Mercedes.
Lerena Gilberto. . .
Maeso .
Márquez Carlos. , .
Nuñez Enriqueta. .
Peñalva David . . .
Perrone Juan. . . .
Palacios Josefina. .
Sienra Juanita . . .
Sienra Dorotea. . .
AVónner Juan . . .
9 meses. W 1865 muerto
8 años. 1865 »
7 « 1865 sano
3 « W 1865 muerta
18 meses. 1865 «
6 años. 1865 «
3 « W 1862 sano
3 « W 1863 muerta
5 « 1863 «
4 « W 1858 sano
5 « 1863 «
4 « W 1858 muerto
3 « 1865 muerta
9 « 1865 sano
12 « W 1865 «
4 « W 1863 sana
9 « 1865 «
3 « W 1857 «
4 « 1863 muerto
II— Vacuna y método do -vucunar (2)
Apreciado señor:
Me permito pedir á V. conceda un espacio en las
columnas de su popular diario, á una publicación
de suma importancia para el pueblo, y en particu¬
lar para los padres de familia.
Quiero hablar de la vacuna y del método de pro¬
pagarla.
Si bien es cierto que ella preserva temporá¬
neamente de la viruela, no es menos cierto que
muchos niños, y algunos de familias respetables de
esta ciudad, que podria citar, han quedado afectos
de enfermedades desconocidas en su familias, des¬
pués de haber sido vacunados.
A pesar de las observaciones modernas conocidas
de todos, entre nosotros está en uso todavía la an¬
tigua práctica de vacunar do brazo á brazo. Este
método es malísimo y lo criticamos francamente
esternando el deste de que sea sustituido por el
método adoptado en Nápoles hace ya tiempo y eo
Paris en estos últimos años, que consiste en tomar
la vacuna natural de la vaca ó de la ternera, y una
de sus pústulas para cada individuo por separado,
método muy fácil de practicarse en este país.
Es realmente sensible que se permita á algunas
parteras el vacunar, porque siendo ellas en general
poco observadoras, transmiten de ese modo dispo¬
siciones á graves enfermedade5, cuando no trans¬
miten la enfermedad misma.
A este propósito y como prueba de estas opinio¬
nes someramente emitidas, me es grato traducir
para el popular diario de Usted un artículo in¬
serto en el periódico Les Mondes en la página 344
del tomo I de la 2.a série, y es el siguiente :
« La práctica de vacunar experimenta en este
momento en Paris un cambio decisivo. Se renuncia
cada vez más á la vacuna humana para volver al
(1) Están señalados con una AV.
(2) Este articulo lité publicado en el numero 933, fecha 26 de
.Noviembre de 1867, del diario El Siglo de Montevideo.
verdadero cow-pox, tomado de la vaca ó de la ter¬
nera.
« Hay que observar que esta vez también la
Francia que so cree siempre la primora on la vía
del progreso se ha dejado sobrepasar por otras na¬
ciones y sobretodo por la Alemania y la Italia (Ná¬
poles ).
« i Hace más de 50 años el Archiduque de Austria
Juan, había multiplicado en la Estiria el CoAV-pox y
lo ceiia con placer á los médicos que se lo pedían y
hasta hece poco podia obtenerse del Dr. Víctor An-
drae en Francfort.Gallen Gasse núm. 10. Estos dato»
los tengo del Dr. Gallardin de León, quien los reco-
jió en su viaje médico que hizo por Alemania en
1819. Pero mucho antes y desde 1802, se habia in¬
troducido en Napelos esia práctica por el Dr. Galbia-
ti. Este inoculaba por primera vez una ternera con
vacuna humana y la multiplicaba dospues de tal
modo que pudiese dar abasto á la vacunación de
aquella gran capital.
« Hace como seis meses que el Dr. Palasciana,
dio una lección sobre >a vacuna animal pero veinte
y dos años hace, el Dr, Negri habia tenido, por tres
veces, la suerte de hallar el cow pox natural en
unas vacas de los cerros de la Calabria, cow-pox
totalmente puro, y sin ninguna coincidencia con el
horse pox. Vacunó entonces varios ternorosy por
medio de ellos vacunaba constantemente á los niño3
de la ciudad.
« Y es de Nápoles que el Dr. Latmoix, testigo de
la premura con que aquella población habia acep¬
tado la vacunación animal, trajo á Paris osla salu¬
dable costumbre. La primera ternera vacúnala en
Nápoles y conducida á Paris vivo todavía y presen¬
temente él vacuna dos veces por semana tres ter¬
neras haciendo á cada una de ellas 60 punturas
obteniendo así 360 botones que le sirven para dis¬
tribuir el precioso antídoto á todos los que lo de¬
sean.
« Esto joven y sábio médico ha llegado á conclu¬
siones particulares, y ha adoptado de esto modo la
costumbre tan necesaria y reclamada desde tanto
tiempo, de no mezclar las sangres. Cada pústula
está destinada á un individuo ó á una familia y
bajo este puQto da vista ttdo cuidado y advertencia
será siempre poca. Porque si algunos ejemplos fe-
lizmenie raros han venido á probar que la sifiüs
podia trasmitirse con la vacuna tomada de un niño
atacado de ella y desarrollarse en personas sanas (3)
éstos no prueban que la misma infección no pueda
desarrollarse procediendo en modo contrario del
que ¡o pido al que lo dá.
« Y por cierto que observando bien el proceder
en este antiguo método de vacunar eso se puode
esplicar. Supongamos diez ó veinte personas que
desean ser vacunadas. Ellas so quitan los vestidos,,
levantan la manga de la camisa y so acercan at
Administrador de la vacuna. Este pica con su lan¬
ceta la pústula de la vacuna y con olía comunica el
virus á un niño ó á un estudiante ó á un militar ó á
un obrero. Pero ¿quién nos garante que estén li¬
bres de ciertas enfermedades? No se les ha exami¬
nado, ni se les ha preguntado cosa alguna. Coa
mucha precipitación se hacen las punturas desea-
(3) Véase al linal de este folleto la nota de la Comisión Muni¬
cipal de Buenos Aires. Véase también el periódico francés l.es
Mondes, 1866, vol. XII, pág. 5C6, ambos relativos al caso de sí¬
filis trasmitidos por la vacunación.
10 —
das y la lanceta ó aguja aún llenas de la sangre de
olios y nunca limpiada se vuelve á poner en la
pústula del niño que cede su vacuna.
« Por varias experiencias modernas, se ha proba¬
do que la sangre puede en ciertas circunstancias,
propagar la sífilis : por consiguiente si el militar
que ha sido vacunado tiene esa enfermedad, su
sangre puedo inocularla á la pústula del niño, y al¬
gunos dias más tarde a! fin del período de la vacu¬
na, cuando su virus habrá cesado de existir el
principio sifilítico apoderándose de esta lesión ya
'¿aecha, se transformará y le comunicará toáoslos
caracléres de una úlcera.
« Pero esto no es todo: con esta lanceta cargada
de humores do la vacuna del niño y de la sífilis del
militar, so vacunan después mujeres, jóvenes y ni¬
ños: calculad si os es posible, á dónde pueden con¬
ducir tales inoculaciones.
« Una sola cosa me maravilla, y es que no se
produzcan mas accidentes, desgracias y complica¬
ciones con tal método; pero de seguro que pueden
suceder y á mas de eso ¿de qué está cargada la
lanceta que pica la pústula de la vacuna? ¿Será so¬
lamento de virus vaccinieo? Por cierto que nó. Bas¬
ta examinar con el microscopio un átomo de ese
virus para reconocer en él además de serum, vehí¬
culo posible do muchos humores, muchos glóbulos
sanguíneos, glóbulos de pus, células epiteliares, y
muchas otras cosas. Guantas disposiciones pueden
así comunicarse sin que uno lo sospecho. Un nue¬
vo campo al estudio so ofrece después de las obser¬
vaciones hechas por el Sr. ViUcmain, quien cree
haber demostrado que el tubérculo, engendra el
tubérculo. Y la historia de Leannec parece apoyar
esta grave proposición. Habiéndose Leannec pincha¬
do un dedo durante la autopsia de un tuberculoso,
él vió desarrollarse en el lugar picado un verdade¬
ro tubérculo con sus períodos característicos, y to¬
dos saben que mas tarde Laennec murió tísico”
«Seha supuesto por mucho tiempo que la vacuna
no podia trasmitir nada mas que la vacuna. Esto
es verdad en la mayor parte de los casos, pero no
os absoluto. Aunque se ha podido vacunar en Milán
en 1810 con vacuna tomada do niños que también
tenian la escarlatina ó el sarampión ó la sarna, sin
haberso conocido resultado do estos virus, esta ob¬
servación que parece concluyente se halla debilita ¬
da por otras contrarias. Así &e puede leer en las
actas de la Academia de Londres la historia do dos
niños á quienes se inoculó al mismo tiempo la va
cuna y el sarampión, y Girtaner en su tratado de las
enfermedades de los niños, cuenta de una señora
vacunada que padecía al mismo tiempo do añas y
de anginas, y que comunicó estas distintas afeccio¬
nes al niño que fue vacunado con el virus de ella.
« Por consiguiente, doben suprimirse estas re¬
glas ; no comuniquemos con la vacuna y la saliva
del módico (1), la serosidad del linfático ó el epi-
(I) «La mayor parte de las obras de medicina recomiendan di¬
solver la vacuna con la saliva, método pésimo, pues ia saliva es un
liquido de una composición tan complicada que no puede prever¬
se su influencia sobre la vacuna. Hay en ella albúmina, ptialina,
mucus, osmazono, sales fosfóricas, cloruros, fosfatos, carbonadas
y lactatos alcalinos y hasta el sulfo-cianuro de potasa; señales de
silícea, óxido de fierro, á veces glóbulos purulentos y sanguíneos;
los productos amoniacales de los dientes picados y ademas la nico¬
tina los que fuman, células epiteliales de la lengua, residuos de ali¬
mentos o pedazos del tártaro de los dientes y también vibriones y
bacterias que se desarrollan en este último. Tal es el liquido en él
-cual se va sin escrúpulo á derretir la vacuna. ¿Se puede imaginar
mas incuria?
teliiim del herpético, ó la sangre envenenada del
canceroso ó del sifilítico. Porque si por la influencia
de tales mezclas constantemente renovadas, un virus
tan poderoso como lo es el de la vacuna, ha podido
degenerar tanto hasta el punto de perder su poder
de preservar ¿ por qué es que la vida normal y re¬
gular de los individuos no ha degenerado también,
dando causas para constituciones tanto más débi¬
les cuanto mas veces la vacuna ha sido repetida?
« Ua nuevo camino se nos abre el mismo que ha
dado tan felices resultados á Jenner. Empleemos el
cow-pox natural. Se nos observará que es muy ra¬
ro obtenerlo natural, pero si se consigue vacunemos
la ternera, y sirvámonos de este medio multiplica¬
dor para conservar la fuerza ó integridad de nues¬
tras familias. No es bastante que Ñapóles y París
den el ejemplo, es preciso que él sea adoptado por
todas las grandes ciudades y que la campaña pue¬
da venir á ellas para obtener este precioso remedio
cuyo primer ejemplo ella nos ha procurado. Y es
inútil que so diga que este nuevo método ha pro¬
ducido accidentes inflamatorios violentos, ó que no
ha dado resultados. Notamos desde ya que estas
dos acusaciones son contradictorias y se escluyeu
recíprocamente.
« Si la vacuna de Jenner ha poseído verdadera¬
mente las propiedades que se le han atribuido,
cuanto más nos acercáremos á las condiciones pri¬
mitivas, más el virus debe guardar su pureza y su
eficacia. Asi pues, la vacuna animal debe preferirse
á la vacuna humana.
« Respecto á los accidentes inflamatorios, estos
se ven producidos también violentos por la vacuna
humana. Hace como cinco años he visto en una
niña la vacuna del tamaño de una avellana, acom¬
pañada de fiebre violenta. El año pasado, (1865),
he asistido á un niño de ocho meses, muy robusto,
en el cual una sola vacuna fue acompañada de eri¬
sipela (2) tau violenta, que saliendo del brazo inva¬
dió todo el pecho, el cuello, la cara y la misma ca¬
beza causando la muerte á los nueve dias, eu medio
de las convulsiones y do la meningitis.
« Así, pues, la vacuna humana nada tiene que la
haga preferible á la vacuna animal y si ella es algo
menos fuerte, es también monos preservadora.
« Sin embargo es necesario tanto para la una co¬
mo para la otra dejar bastante espacio entre las
punturas, á fin de aislar este punto inflamatorio ó
impedir por la reunión de ellos, la erisipela y el
flogmon.
« En cuanto al modo de conservar la vacuna el
medio mejor es el de emplear los tubos capilares
llenos y sellados por medio de las llamas. Si se
quiere guardar entre dos vidrios se debo emplear
la glicerina y jamás la saliva. Hablamos de la gli-
cerina perfectamente pura como la prepara el far¬
macéutico Cullier. Esto proceder ha sido empleado
en Norte- América por el Dr. Cufien quien disuelvo
con este vehículo las costras de la vecuna. De 24
niños así vacunados, en 22 se desarrolló perfecta¬
mente. »
Nada puedo agregar á ese artículo publicado por
el Dr. Ozanam, una do las más notables autorida¬
des de la ciencia módica de Francia. Divido com¬
pletamente las ideas emitidas por este ilustre hom¬
bre de la ciencia por ser conformes con la razón y
la experiencia me lo comprueba cada día coq ma¬
yor claridad.
(2) véase la nota del Ministro Argentino, pág. 21.
— II
III— De la gripe epidémica (I)
Hacen cuatro semanas qne reina en esta ciudad
epidémicamente la gripe. Es do lamentar que el
invierno de 1869 no haya continuado como empezó;
pues en los meses de Junio y principios de Julio, la
mortalidad mínima de esta ciudad atestaba la falta
de enfermedades endémicas y epidémicas. Pero á
fines de Julio, hacen como 28 dias que so desarro¬
lló dicha enfermedad, gripe ó resfriado, como se
dice vulgarmente, y mochos niños y personas ma¬
yores fueron víctimas de ella.
Se habla de pulmonías en los niños. Es cierto. La
pulmonía gripal en ellos, si es epidémica, es casi
tan fatal como el croup. Como empieza por un res¬
friado, de ordinario se descuida ó se cura con reme
dios caseros poco útiles en ese caso. Siguen la
fatiga y la tos afectándose el pulmón, y la bronquitis
capilar á otras una grave pulmonía, son el resul¬
tado de tal descuido, ni dan tiempo entonces al
módico para recurrir á todos los medios que al prin¬
cipio hubioran podido usarse para salvarlos. La
muerte es la consecuencia de tal descuido.
En estas cuatro semanas la mortalidad do Monte¬
video, Cordon y Aguada, está dividida como si¬
gue (2) (23 de Julio al 19 de Agosto):
De
»
1 dia á
6 años á
5
10
años
»
“I!
123
»
11
»
20
»
10
»
21
»
30
15
))
31
40
»
18
»
41
»
50
»
9
»
51
»
60
»
10
61
»
70
»
12
»
71
80
»
4
»
81
»
90
5
»
91
J>
100
2
»
101
»
110
■
1 209
Como se vó, y como siempre ha sucedido, y como
lo hice notar dosdela primera estadística quo publi¬
qué el año 1859 en la Guía, la mortalidad mayor
es en los niños y aprovecho la ocasión para lamen¬
tar, corno todos ío harán.que la Junta de Higiene no
haya todavia contestado á la nota que la J. E. A. le
pasó hace ya meses haciéndole notar esto hecho para
que indicase (es de suponer) los medios adecuados
para disminuir tal muerte demasiado frecuente.
Al escribir estos renglones, mi objeto fue de emi¬
tir mis creencias sobre dicha enfermedad, hacerla
conocer y distinguir del croup, que felizmente no
reina en este año como en los años anteriores y
calmar á muchas madres justamente alarmadas por
estas muertes tan numerosas.
La gripe, como el croup, se desarrollan del mis¬
mo modo: es decir, empiezan por un resfriado. Poro
á las pocas horas y en algunos niños á los dos ó
tros dias, aquella se distingue fácilmente del croup
por los siguientes síntomas:
En la gripe hay fiebre aguda y tos ordinariamen
te; puede haber tos ronca, jamás hay afonía ó pér¬
dida de voz, jamás manchas blancas en la garganta
(Difteria).
En el croup hay fiebre aguda, debe haber tos ron¬
ca, hay afonía y las manchas blancas ya citadas.
Además de estos caracteres visibles y sobresa-
(1) Publicado en El Siglo X.° 1463 (Agosto 25 de 1869) y repro¬
ducido en ios periódicos El Criterio Médico, de Madrid, ¡V.» 19,
p. 444, del año 1869 v Annali Med. Omeo., Palcrmo 1869, p. 226.
[2] Estos datos son sacados de la Oficina de Cementerios.
Mentes repitiré mi opinión (3) y ha de venir tiempo-'
que será generalmente admitida, que los niños no-
vacunados no pueden sino rarisimamente tener el
cronp, mientras los vacunados lo tienen con mas-
facilidad y en ellos es la mas de las veces fatal.
Bastará, pues, saber que un niño no está vacuna¬
do, para no tener miedo del croup y suponer que
tiene la gripe. Esto en la presente ocasión.
Los niños vacunados de brazo á brazo, sin ser la
vacuna tomada directamente de la vaca son muy
dispuestos al croup. No se debe vacunar á los ni¬
ños sino de tres años en adolante. Y ya he espuesto-
las bases de esta opinión (4) que son las siguientes:
1. ° Casi todos los niños que mueren del croup^
son vacunados en edad muy tierna.
2. ° Algunos do los niños que he salvado dol croup.
ó no estaban vacunados ó tuvieron después la vi¬
ruela.
3. ° Desde que la viruela abunda tanto entre nos¬
otros, el croup se presenta con meDor frecuencia y en-
esto apelo á la estadística de mortalidad conservada
en la Oficina de Cementerios (J. E. A).
4. ° En los muchos virolentos que asistí, he obser¬
vado siempre difteritis en la boca ó en la farige.
5:° En las familias en que ha habido algún viru¬
lento, cuyas otras personas he podido preservar de
la viruela, he visto frecuentemente á varias de ellas
enfermarse de difteritis faríngea.
6 ° El Dr. Millet en su obra Traite de la diphterie
de la larynx (obra premiada por la sociedad de
ciencias médicas de Bruxelles), Parisl863, en la pá¬
gina 50, dice que habiéndose picado el brazo con
una lanceta mojada en una falsa membrana, vio-
aparecer en este lugar uua pústula semejante á la
de la vacuna.
7.“ Cuando no se vacunaba no se cooocia ol croup.
Para que pierda esta opinión, se me podrán dar
otros hechos contra los que yo he citado.
Desearía, á mas de estos hechos, que se me indi¬
case á un niño quo habiendo tenido la viruela,
haya padecido después el verdadero croup.
Hecha esta digresión y enunciados ios caracteres
especiales de las dos enfermedades, que sobresalen
á la vista del mas ignorante en medicina, voy á de¬
cir algo de las causas que hacen desarrollar la gripe
y son el esponer los niños al aire frío, á las corrien¬
tes de aire, el demasiado abrigo cuando de día se
ponen á dormir, ó sacarlos de un cuarto con estufa
á otro que no tenga ó los baños y semejantes.
Su pronóstico es la mayor parto de las veces fa¬
vorable si se atiendo la gripe con los medios con¬
venientes desde su desarrollo. Pero si se descuida,
entonces ella pasa, como ya he dicho, en pulmonía
gripal (que es la mayor parte de las veces fatal ea
los niños chico?) en bronquitis capilar también gra¬
vísima y mueren los pobres seres en pocas horas ó
á los cuatro ó cinco dias.
Su curación es muy fácil y derla si se siguen los
consejos de la ciencia homeopática. La Pulsatilla
es el remedio quo he observado útil para preservar
á muchos niños y curarles en esia epidemia. Basta¬
rá ver mi nombro para comprender que no puedo
aconsejar otro tratamiento.
Cuiden, pues, las madresy los padres de sus niños;
evítenles los resfriados, no se alarmen por la tos
ronca, atiéndanlos bien y no perderán sus niños.
Agosto 19 de 1869.
(3) Véase el diario El Siglo miro. 334, año (863.
(4) Véase el art*. sobre la vacuna publicado en El Siglo n. 935,
— 12 —
IV — Vacunación
A !a Redacción del Boletín de la Sociedad Hahne-
manniana Argentina (1) dirijo la presente rectifica¬
ción, á propósito de lo que acabo de leer en la pígi-
Da 207 de ese periódico (número 10).
Y si siento decirles que esa redacción no es la
primera que ha levantado su voz contra la vacuna¬
ción y ei método con que esta se práctica, tentó en
esa como en esta ciudad, tengo mucho placer en
ver que en el terreno de la observación, todos los
homeópatas estamos unidos, como mas adelante de¬
mostraré, teniendo como fin el beneficio de nuestros
semejantes.
En el año de 1867 y en EL Siglo, diario de esta
ciudad, en su número 955, publiqué un largo artí¬
culo del que copio algunas líneas.
« Si bien es cierto que la vacuna preserva, tem
« porariamente, de la viruela, no es menos cier-
« to que muchos niños y algunos de familias respe-
« tables de esta ciudad, cuyos nombres podría citar,
« han quedado afectos de enfermedades dosconoci-
« das en sus familias, después de haber sido vacu-
« nados.
« A pesar de las observaciones modernas, cono-
■« cidas de todos (los que están al corriente de los
« descubrimientos) entre nosotros está en uso toda-
« via, la antigua práctica do vacunar de brazo á bra-
« zo. Este método es pésimo y lo criticamos franca -
« mente, manifestando el deseo deque sea sustitui-
« do por el que se adoptó en Nápoles hace ya tiempo
« y en París en estos últimos años, que consiste en
« tomar la vacuna de la vaca ó ternera y una de
« sus pústulas para cada individuo por separado,
« método muy fácil para practicarse en esto país.
« Además, es" realmente sensiblo que se permita á
« las parteras el vacunar, porque siondo ellas, en
« general, poco observadoras, trasmiten, por ese
« medio, disposiciones á graves enfermedades, cuan-
« do no trasmiten la enfermedad misma.»
Como prueba deesa opinión mia, publicaba una
traducción de un artículo del doctor Ozanam que
babia leido en el periódico El Cosmos y concluía
con las siguientes líneas :
« Nada puedo agregar á ese artículo del doctor
•« Ozanam, una de las mas notables autoridades de
« la ciencia módica en Francia Abrazo completa-
•« meóte las opiniones omitidas por este ilustre hom-
« bro de la ciencia, por ser conformes con la razón;
« y porque la esperioncia me lo prueba cada dia con
« mayor claridad. »
Después del año 1867 han vonido otras opiniones
4 confirmar más mis creencias.
En el periódico Les Mondes (página 506, vol. XII,
Paris) so refieren varios casos do sífilis secundaria,
comunicada á niños por medio de la vacuna.
Estos hechos confirmados, son el resultado do ob¬
servaciones practicadas por los doctores Depaul y
Roger, alópatas comisionados oficialmente á eso ob
jeto.-
A ustedes no les faltarán casos prácticos, casi co¬
tidianos para el apoyo de esta opinión.
Pero no es esto solo lo que puede resultar de Ya¬
ití' Este articulo fue publicado en el diario La Tribuna de
Montevideo número 151 2 perteneciente al 21 de Mayo de 1870 y
•en los“ periódicos : Criterio Medico de Madrid (10 de Julio dé
I87<\1, Annali di Medicina Omeopat., Palermo, pág. 117, vol
III, serie 2.«,1870, y en el núm. 24 del liolelin de la Sociedad
flahnemaniana Argentina, fecha 10 de Mayo de 1870. Buenos
Aires.
cunar de brazo á brazo, como mas adelante voy á
manifestar.
Yo, señores redactores, he leido el artículo del
Criterio Médico que ustedes han reproducido en el
ya citado número 10 y en la página 218 del periódi¬
co de ustedes, leo:
« Si es cierto y positivo que la vacuna no es un
« preservativo directo de la viruela, es también
« claro y evidente para nosotros, que la vacunación
« especialmente de brazo á brazo trastorna prifun-
« damente la fuerza vital en la inmensa mayoría
« de los casos y lleva envueltos en el pus de la vi~
« rucia los miasmas hereditarios del individuo de
« quien se ha tomado. »
« Nuestra esperiencia nos hace conocer frecuen-
« temente esta triste verdad y hemos visto suceder
« á la vacunación las escrófulas, el raquitismo, la
« tisis, la sífilis y otras enfermedades, á pesar de
« haberse fiado en la aparente robustez y buena
« constitución del niño de cuyo brazo se ha tomado
« la vacuna. Por eso hemos aconsejado á todos
« nuestros clientes, con el valor que produce la con-
« viccion, que no vacunen á sus lujos, y no hemos
« tenido ocasión do arrepentimos de este saludable
« consejo, y tanto menos cuanto que lo hemos acom-
« pañado con los medicamentos preservativos que
« han demostrado mas eficacia en ei tratamiento de
« esta enfermedad. »
Pues bien: me bastaría esta opinión de! Marqués
de Nuñez, primer médico homeópata de la España,
del observador concienzudo, del secuaz verdadero
delinmortal Iíahnemann.para nocambiar de opinión.
Supongo á ustedes enterados de la opinión mia,
corroborada de hechos y estadística sobre la relación
del croup con la vacuna.
Esta opinión, si ustedes la ignoran, es la siguiente:
Los niños vacunados de brazo á brazo, en edad
muy tierna, sin ser la vacuna tomada directamente
de la vaca, están muy dispuestos al croup, casi
siempre fatal en estos. No se debe vacunar á los ni¬
ños sino de tres á cuatro años en adelante y siem¬
pre con vacuna directa.
Yo ya expuse desde el año 1865, en un artículo
publicado en El Siglo de esta ciudad (número 354),
artículo que fuá reproducido por el periódico ho¬
meopático español El Criterio Médico (año 1867,
página 475) y repetidamente en otro número (pági¬
na -444 del año 1869) las bases de este parecer mió,
que creo ser una observación que me pertenece.
1. ° Casi todos los niños que mueren del croup
(difteritis) fueron vacunados de brazo á brazo y
en edad tierna.
2. " Algunos de los niños que he salvado del croup
ó no estaban vacunados ó tuvieron después la
viruola.
3. ° Desde que la viruela abunda tanto entre nos¬
otros, el croup se presenta con menos frecuencia
(y en esto apelo á la estadística de mortalidad
conservada en la oficina del Cementerio de la
J. E. A.) (2)
4. " En los muchos variolosos que he asistido he
observado siempre difteritis en la boca ó en la
faringe.
5. ° En las familias on que ha habido algún vario¬
loso, cuyas otras personas he podido preservar
de las viruelas, he visto frecuentemente á va¬
rias de ellas padecer de difteritis faríngea.
6. “ El Dr. Millet en su obra tTrailé de la Diphterie
1 (2) Véase tabla relativa en la página 29.
— 13
du larynx » (obra premiada por la Sociedad de
Ciencias médicas de Bruselas), París 1863, pá¬
gina 50 dice: «que habiéndose él picado el brazo
con una lanceta mojada en una falsa membra¬
na, vió aparecer en este lugar una pústula se¬
mejante á la de la vacuna.»
"7.° Cuando no se vacunaba no se conocía el croup.
8.1 Deseo que se me haga conocer el hecho de un
niño que habiendo tenido la viruela, haya des¬
pués fallecido de croup verdadero.
9.° Contagiosa la vacuna como es contagiosa la
difteritis por contacto inmediato, (y sea entre
otras una prueba lo acontecido al Dr.Gillete, mó¬
dico do París, que murió de resultas del conta¬
gio recibido por una parte de saliva del enfer¬
mo de croup. que, operándolo, recibió en la bo¬
ca (véase dicha obra), el modo de desarrollo y
proceder en los dos, es muy semejante.
Creo estos hechos y estas consideraciones bastan¬
tes seguras Dara establecer mi creencia, esperando
nuevos Prefchos que vengan á destruir ó fortalecer
mi opinión.
Concluyo pues, como sigue, empleando el orden
cronológico.
1. ° En el año 1865, yo publico que el croup es
causado por la vacunación de brazo á brazo y
en edad muy tierna.
2. ° El año 1866 el Dr. Zoilo Perez, en la sesión de
la academia homeopática matritense tenida en
Abril dal mismo año, lee un discurso que con¬
cluye como sigue:
« i. Que la viruela es una crisis orgánica, al-
« gunas veces terrible, violenta y necesaria, pero
« saludable constantemente.
« ii. Que la vacuna, no impidiendo en mu-
« chos casos la manifestación de la viruela, iu-
« troduce con ella una enfermedad en el indivi-
« dúo, bajo la 'problemática probabilidad de
« preservarlo de otra menos dañosa que el me-
« dio profiláctico indicado.
« iv. Que cuando se vacuna de brazo á brazo
« se introduce en la economía de los individuos,
« todos los miasmas crónicos, todos los virus
« de que está saturado el organismo del que se
« extrae la vacuna.
.« vii. Que oponiéndose la vacuna al desar-
« rollo de la viruela cuando nuestro cuerpo
« tiene necesidad de esta crisis, abre paso á
« enfermedades tan terribles como la tisis pul-
« monary mesentérica, el croup, la fiebre ti-
« foidea y muchas otras. »
3. ° 1867. Los doctores Depaul y Royer, comisio¬
nados oficialmente á ese objeto, declaran que
varios casos de sífilis secundaria fueron comu¬
nicados por la vacunación de brazo á brazo.
4. ° E! año 1867, el doctor Ozanam publica un ar¬
tículo en el periódico Les Mondes, criticando la
vacunación do brazo á brazo.
5. ° El año 1869 el señor Marqués do Nuñez no
solamente declara la vacunación de brazo á
hrazo dañosa, sino dice que on todas las fa¬
milias de su relación ha prohibido vacunar.
6. ° En los distritos de Francia y de Inglaterra, en
los que está mas propagada, y es obligatoria la
vacunación, existen mas locos, tontos ó idiotas;
así es que el señor J. Denizet que ha hecho esta
observación, dice lo siguiente:
« Que casi todas las naciones Europeas, ago-
« tadas y diezmadas por esta infección animal,
« no se regeneraran hasta partir del dia en que
« se haya decretado su proscripción. » fEl Si¬
glo núm. 1630, 23 Marzo 1870).
Todas estas opiniones vertidas por hombres
observadores y de toda conciencia, no pueden
ser efecto de alucinación ni de ideas preconce¬
bidas. Es preciso admitirlas y en consecuencia
todos los módicos homeópatas debemos reunir
nuestros esfuerzos para obtener de los gobier¬
nos se impida la vacunación do brazo á brazo
y solamente se saque el virus directamente de
ia vaca, ó¡se aplique pasada la edad de 5 años,
á fin de evitar tantas dolencias, la degenera¬
ción do nuestros hijos y de la especie humana.
Abril 28 de 1870.
V- La viruela (I)
Sr. Redactor de El Siglo.
No es esta la primera vez que la Redacción de es¬
te diario acepta algunos de mis artículos relativos á
cuestiones de medicina. Espero que ahora también
aceptará este que es relativo á la viruela, cuestión
al presente de palpitante actualidad. Ni voy á tratar
aquí de un tratamiento ó sistema módico especial
sino de un hecho positivo que hiero los sentidos do
todos, y que notablemente aumentado, y desfigu¬
rado en un suelto de este mismo diario, me deter¬
mina á rectificarlo en las mismas columnas del dia¬
rio en que vió la luz pública.
El hecho, pues, á que me refiero, si no me atañe
particularmente, es demasiado grave y afecta al cré¬
dito de un país, en que he fijado mi residencia ha¬
ca años, que es además patria de mis hijos y al que
deseo dias mas venturosos quo los presentes. Aun
sin esto no lo dejaría pasar sin rectificarlo, pues
contiene hechos que conviene refutar cuando la
conciencia los juzga nocivos á la salud pública, y de
pernicioso efecto bajo otras faces.
En la Gacetilla de El Siglo fecha 15 del corriente,
y bajo el título «Mirémonos en ese espejo», hay una
estadística comparada de la viruela y vivas oscita¬
ciones de su autor, para vacunarse y revacunarse.
Dos errores muy graves descubro en ese suelto. El
primero está en la misma comparación, no siempre
fuente de juicios exactos ni medio de raciocinio de
que todos puedan hacer uso prudente: el segundo
error consiste en la deducción quo de aquella se
hace, es decir, en el consejo que se dá. Por hoy me
limitaré á demostrar el error del primer punto, de¬
jando para otro artículo demostrar también las pe¬
ligrosas consecuencias que acarrearía á la salud pú¬
blica la vacunación y revacunación de brazo á bra¬
zo como ahora se hace, sin garantirse por eso de la
viruela, siempre que se me faciliten como ahora las
columnas de este tan popular diario.
Dice el autor del suelto ya citado, que: fallecien¬
do de viruela en Londres 838 personas anualmen¬
te entre 3.215,000 de habitante.3, resulta una pro¬
porción de 1 por 6,978 habitantes, que es 23 veces
inferior respecto á Montevideo, donde este año van
ya fallecidos 600 individuos de viruela en el perío¬
do de cinco meses y medio, lo que equivale á 1 por
(I) Publicado en el núm. 2022 (Agosto 2 de 1871,) y reproducido
en el periódico español El Criterio Medico, pág. 343 año 1871 y
en Los Debates núm. 29, 4 de Agosto de 1871, Montevideo.
— u —
cada 166 habitantes, suponiendo que la población
de esta ciudad no baje de 100,000.
En verdad que si el juicio comparativo del autor
del suelto, hubiera de admitirse literalmente, el pri¬
mer efecto que causaria en el exterior, seria consi¬
derar al país, como un país apestado, del que seria
preciso huir como se huye de las terribles regio¬
nes que baña el Ganges. ¿ Qué medio habria bas¬
tante eficaz en tal caso para atraer á estos países la
población que necesitan para fecundarlos y hacer¬
los florecer, como reclaman la feracidad de sus
campos, la benignidad de su privilegiado clima y
el carácter hospitalario y atrayente de sus habitan¬
tes ?
Bajo este aspecto no puede darse nada mas in¬
exacto y de aspecto mas dañoso para el país, que
la falsa'apreciacion á que ha conducido el autor del
suelto á que me refiero, la estadística comparativa
de la mortandad causada por la viruela en este
país en el presente año, que fuó de verdadera epi¬
demia como nunca se ha esperimentado hasta aho¬
ra, y la mortandad de viruela en la ciudad do Lon¬
dres acaecida en épocas normales.
Difiriendo pues entre sí los términos de la com¬
paración, fácil es conocer hasta qué punto es erró¬
neo y falso el juicio que de ellos se ha sacado.
La buena lógica aconsejaba comparar períodos
de epidemia, con iguales períodos entre los países
comparados para sacar consecuencias legítimas de
la comparación.
Y no me observe el autor del suelto que la vi¬
ruela es de suyo una enfermedad epidémica, porque
no se lo he de conceder jamás. La viruela es siem¬
pre enfermedad contagiosa : mas no siempre epi¬
démica. Sin faltarme otras pruebas, está en su abo¬
no ¡a experiencia mia de muchos años.
Establecido en esta ciudad desde el año 1857, he
visto reinar la viruela en todos los años sucesivos,
causando en cada uno de ellos mayor ó menor nú¬
mero de víctimas, entro los cuales algunos han he¬
rido intensamente mi corazón. Y sin embargo, ja¬
más se desarrollaron esos casos para constituir una
verdadera epidemia en esta ciudad.
Vecinos hay en Montevideo, que en 30 años que
llevan de residencia en ella, no recuerdan que la
viruela haya hecho tantas víctimas como en el pre¬
sente año. Y sm ir mas lejos, ahí está el de 1865
que viene á demostrar, en apoyo de mi tesis, que
habiéndose importado la viruela en eso año en el
hospital brasilero, y tomado la violencia de matar
cuarenta individuos por mes, se quedó estacionada
en aquel loca!, sin estenderse, con carácter epidé¬
mico, á la ciudad.
Para colmo de demostración, ofrezco á mis lec¬
tores la siguiente estadística de la mortalidad que
la viruela ha causado en esta ciudad en los años de
1865, 66, 67, 63, 69 y 70. Y si es cierto, como Caste-
lar lo afirma en su correspondencia do 6 de Junio,
que los hechos son silogismos vivientes que llevan
a! alma convicciones más profundas ó incontrasta¬
bles que las do los otros raciocinios, fuerza será
ver que los que ofrezco al público en la estadística
siguiente, nada dejan que desear á este respecto.
Y doy á la población de esta ciudad en aquellos
años la cifra de cien mil almas, cosa que no puede
hacerse en el presente año, por causas que están al
alcance de todos, y que abona con su autoridad en
materia do estadística un hombre tan competente
como Mr. Vaillant.
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Debo dar aquí públicameute las gracias al jefe de
la Oficina del ramo en la J. E. A. que, como otras
veces y para trabajos del mismo género, me ha fa¬
cilitado, previa autorización, y con la mejor volun¬
tad, los libros de los que he tomado los apuntes y
datos que tan útiles me han sido para la formación
dol cuadro de mortalidad que precede. Esos libros
están llevados con la mayor perfección.
Debo hacer también algunas aclaraciones acerca
de la abultada cifra de la mortalidad causada por la
viruela en el año 1865. Siendo público y notorio
que el hospital brasiloro en ese año admitió á cu¬
ración á todos los atacados de esa enfermedad
que con procedencia del Paraguay llegaron á este
puerto y siendo igualmente cierto que la totalidad
de los muertos subió en ese año á 177 individuos
distribuidos dol modo siguiente:
En Enero 2, Abril 11, Mayo 55, Junio 40, Julio 25,
Agosto 5, 0:tubre 6, Noviembre 12 y Diciembre 21;
justo y racional seriailiminar dichacifra déla morta¬
lidad de 1865 y otros 64 casos en el año 1866; como
iaportada del exterior.
Haciéndolo así tendremos:
Que la mortalidad del año 1865 fuó de 120, la del
1865, 82; 1867. 78; 1868, 99; 1869, 41; 1870, 45; tér¬
mino medio 77: relación entre los virulentos y la
población. 1 por cada 1300, y no 1 por cada 166 co¬
mo aseguraba el autor del suelto.
De la demostración que precede salta á la vista el
error en que ha incurrido el autor del suelto que
ha dade ocasión á las presentes líneas, al presentar
al público la aterrante desproporción de las vícti¬
mas de U viruela en esta capital, con la de una ciu¬
dad tan populosa como la ciudad de Londres, á la
cual y sea dicho de paso, estoy muy lejos de consi¬
derar en ccndiciones menos favorables que esta ciu¬
dad para e, desarrollo déla viruela. Siendo en este
punto tan arraigada mi convicción, que no trepido
en dudar del carácter de auténtica á la diminuta ci¬
fra que en dicha estadística se dá á la mortalidad
anual de virulentos en la capital de Inglaterra.
Aunque no he dicho todo lo que tenia que decir
acerca del primer error que combatí, creo haber di
cho lo bastante para neutralizar su asustador efecto,
no solo en esta capital, sino en el exterior. Para mí
es una verdad indiscutible, que esta capital bajo el
punto de la salubridad, no tiene nada que envidiar
al pueblo mas favorecido de la tierra. Y á propósito
de esto, voy á dedicar algunas líneas al segundo
error que como emanación del primero, puso al au¬
tor del suelto en el caso de aconsejar como preser¬
vativo supremo contra la viruela, la vacunación y
revacunación, de brazo á brazo, tal cual se está
practicando entro nosotros.
Si no estoy equivocado, no es la primera vez que
el autor del suelto se lanza á dar consejos de esa es¬
pecie, cosa que de cierto es tanto do estrañar, cuan
lo que no es facultativo, ni basa su consejo en ob¬
servaciones prácticas que pudieran hacerlo valede¬
ro. Si lo fuera, otras serian las deducciones que hu¬
biera hecho de las tablas de mortalidad, y de los
apuntes que las acompañan. Porquo habría visto
que habiéndose cebado la viruela en el presente año
mas en los vacunados que en los no vacunados, no
puede tener la vacunación de brazo á brazo el po¬
der de preservar que el articulista le atribuye.
Sobre esto tengo muchos datos que verán la luz
pública en otro artículo que seguirá al presente, si
vd. Sr. Redactor, sigue favoreciéndome con su be¬
nevolencia y uno su autorizada voz á la mia, para
que se adopten por la autoridad que correspondo,
las medidas adecuadas para que sean provechosas á
la humanidad doliente, y á la ciencia misma que me
honro de profesar.
Entre esas medidas, considero de la mayor impor¬
tancia, la de no dar sepultura á los cadáveres sin
acreditarse préviamente ante la autoridad compe¬
tente y con certificado de facultativo, la enfermedad,
bien caracterizada do los que mueran.
Dos mil cuatrocientos cuarenta y siete individuos
hau fallecido en el primer semestre del corriente
año, de los cuales, solamente 1,618 se han justifi¬
cado convenientemente las causas ó enfermedades
deque sucumbieron; los demás, vergüenza causa
el decirlo, nos dejan en la mas completa ignoran¬
cia respecto á las causas de su muerto. Algunos de
;os fallecimientos constan justificados; pero con do¬
cumentos en que se dice haber ocurrido, ya de enfer¬
medad de pecho , ya de estómago, ya de enfermedad
natural!! desconocidal! .. . Tal desorden, ¿no está
reclamando, á voz en grito, de la Junta de Higiene
ó de la Comisión de Salubridad pública, medidas
prontas y eficaces que, por el bien de todos, lo ba¬
gan desaparecer?
¿No seria pues útil que se nombrára un facultati¬
vo municipal con el encargo de expedir todos los
certificados de las defunciones que acaezcan, bajo
la precisa condición de no permitirse la inhumación
de los cadáveres sin exhibir á la oficina del ramo el
correspondiente certificado? Si así se hace en Italia,
en España, Francia y demás países caitos de Euro¬
pa y América, ¿ por qué no se ha de hacer entre
nosotros ?
Repetimos pues, aquí, lo que hemos dicho y pu¬
blicado varias veces en este mismo diario, especial¬
mente en los años 1868 y 1869. El nombramiento
de un médico municipal, es más que útil, necesa¬
rio y urjentísimo.
El trabajo le seria llevadero por no tener que dar
mas do 6 a 10 certificados diarios, que es la cifra
máxima de las defunciones ordinarias en esta ca¬
pital y sus suburbios.
A este respecto diré con mi franqueza habitual,
que soy de distinta opinión de la emitida por el se¬
cretario de la Receptoría de la Junta E. Administra¬
tiva y publicada en su nota fecha 20 del corriente,
en la que aconseja el nombramiento de médicos úo
sección, con residencia fija en ellas, como medio
de salvar á muchos de los atacados (de viruela ú
otra enfermedad) que perecen por carecer de re¬
cursos ó por su misma incuria.
Este nombramiento lo tengo por inútil, abrigan¬
do como abrigo la convicción hija de la experiencia
diaria, que si mueren algunos individuos sin asis¬
tencia médica, no es tanto por falta de recursos ó
incuria, como por defecto de confianza en los fa¬
cultativos, prefiriendo emplear mas bien remedios
caseros ó de curanderos, que los de la ciencia. Des¬
graciadamente para olios, llevan la penitencia en el
pecado, pues jamás la ignorancia iguala al saber y
los consejos del médico son siempre superiores á
los de los ignorautes.
En fin, Sr. Redactor, tengo la persuacion de quo
remediado el mal del modo que propongo, se ten¬
drá una estadística perfecta y capaz de servir de
base á muchas apreciaciones científicas útiles para
todos; deberíamos á ella el conocimiento exacto de
las enfermedades que causan mas victimas, y ia
adopción de medios adecuados para impedir el
desarrollo ó propagación do ellas. Mas de esto me
reservo hablar con mas extonsion en otro artículo
que seguirá al presente.
Soy de Vd., señor Redactor.
Casa de Vd., Julio 31 de 1871.
VI — Higiene — Vacunación
Señor Redactor de El Siglo. (1)
Muy señor mió:
Ruego á Vd. se sirva publicar en ose tan impor¬
tante diario el siguiente artículo copiado literalmen¬
te del periódico español Los archivos de la medici-
(I) Este artículo fuó publicado en el número r<8G2 de Ll Siglo fe¬
cha de 4 de Mayo de 188t .
16 —
na homeopática, año V, N.° 82, Marzo 30 de 1881,
página 1.a de la cubierta.
No refiriéndose este artículo á sistemas de medi¬
cina, espero que Vd. no tendrá inconveniente en
publicarlo, sobre todo considerando que ese mismo
diario El Siglo en el número correspondiente al 23
de Enero de 1880 publicó un suelto en la gacetilla
con el encabezamiento creer ó reventar, en el
cual refiriéndose á una estadística del diario inglés
The Times croe demostrarse que la vacunación es
un seguro preservativo contra la viruela.
El artículo á que me refiero es el siguiente:
VACUNACION
« Ahora que en la vecina nación (Francia) y tam
bien en la nuestra (España) se tratado hacer obli
gatoria la vacunación, creemos, sin emitir nues¬
tro juicio por ahora, que serán leidos con gusto
les siguiontes datos estadísticos quo copiamos del
American Homeopath Journal (Estados Unidos) »
«La estadística siguiente está tomada del Regis¬
tro General Inglés, y fue recojida por el Dr. Pear-
ce. La vacunación se hizo obligatoria por un de¬
creto del Parlamento Inglés en 1853; fue repetido
dicho decreto en 1S67, y con mayor rigor todavía
en 1871. Desde 1853 han habido tres epidemias de
viruela, siendo cada una de ellas más mortífera que
la precedente. La primera epidemia abrazó los
años 1857-58-59, y las defunciones fueron 14,244.
La segunda en 1863-84-65. con 20,059 faílecimien
tos. La tercera en 1870-71-72, ascendiendo los
muertos á 44,840. El aumento de la población, desde
la primera á la segunda epidomia fué de 7/ioo J el
aumento do la viruela en el mismo período fué
próximamente de 38/ioo* »
« De la segunda á la tercera el aumento de pobla¬
ción fué 18/ioo Y el de viruela, en igual período,
fué cosa de 120/ioo* La mortalidad por viruela en
los primeros diez años en que fue obligatoria la
vacuna, do 1854 á 1863, fué 33,515. En los segun¬
dos diez años, de 1864 á 1873, fue 70,458. Tan im¬
portantes cifras no necesitan comentarios. La últi¬
ma relación dei parlamento, titulada, « Vacunación ,
Mortalidad », N.° 433, sesión 1,877, publicada en ol
registro general, manifiesta el número proporcio¬
nal anual de niños de menos de un año, de quince
enfermedades distintas, que son inoculables ó agra
vadas del modo siguiente: Antes del decreto de la
vacunación murieron en el año 1847, 62,619 niños
de una población de 17.927,609 almas. En 1854
murieron 73,000 niños. En 1867 murieron 92,827
siendo la población de 20.066,224 almas. En 1868
murieron 96,282 niños. En 1875, 106,107, siendo
entonces la población de 22.712,266 habitantes.» (1)
«Así pues, mientras la población inglesa habia
aumentado de 18 á 23 millones, las defunciones de
niños por quince enfermedades, aumentaron en el
mismo período de 63,000 á 106,000! Si la mortali¬
dad hubiese seguido la proporción relativa á la po¬
blación, las defunciones en 1875 hubieran solo sido
80,000, lo cual indica quo en 1875 murieron en In-
(I) Si la mortalidad hubiese ido aumentando en relación á la
población, hubiera dado las siguientes cifras:
Anos Población Mortalidad
1847 1 7.927,609 62,619
1867 20.066,224 92,829 debía haber sido 70,088
1876 22.712,266 106.107 a « « 79,331
ff
glíitorra 26,000 niños que hubieran vivido si la va¬
cunación hubiese estado menos en boga, como el
1817 ! ^
« De 80,000 casos de viruela que hay en la citaia
relación, 43,000 fueron niños de menos de 5 aios
de edad, cuando la vacunación (obligatoria por la
ley) se cree que protejo completamente. Y debí te¬
nerse también en cuenta que esto formidabb au¬
mento de mortalidad coincide con las habitaciones
mejoradas, mejores aguas potables, establec'mien-
tos de baños y casas de idem, aperturas de parques
y jardines, en todos los grandes centros de pobla¬
ción, y el gasto (desdo que es obligatoria a vacu¬
nación) do 120 millones de libras esterlinas en
obras sanilariasl »
« Ed mi reciente viaje á los Estados Ucídos pro¬
curó obtener datos estadísticos sobre los resultados
de la vacunación, pero se me dijo que no habia
ninguno. Un miembro do la Sociedad Móuica de Nue-
va-York me dijo que se hablaba do malas conse¬
cuencias producidas por la vacunación j quo mas ó
menos tarde habria que averiguarlo. Que la vacu¬
nación tanto en Nueva-York como en Filadeifia, no
ha logrado detener ni atenuar los resultados del
mal, se conoce bien por cuanto las últimas epide¬
mias, después de medio siglo de constante vacuna¬
ción, han sido las mas fatales y mortíferas que han
conocido estas ciudades. »
Después de estas cifras, que puedo yo agregar?
Poco, si no es que la inoculación de la sífilis en mas
da 100 niños, fué uu hecho constatado por una Co¬
misión ad hoc nombrada en Paris en 1866. Véase
Les mondes, Vol. Xll, 1866, pág. 506: que el mismo
hecho ha sido reconocido en Buenos Aires por la
Comisión Municipal— f Véase este mismo diario 23
de Mayo de 1874). Que lo mismo se averiguó en
Génova. ( Resoconto quinquennale del Dre. Dome-
nico Bomba, médico del Comitato Ligure per la
vaccinazione, Génova 187o). Este facultativo dice:
« La trasmisión de enfermedades de infección y en
especial manera de la sífilis por la vacunación, es
para nosotros un hecho fuera do toda duda. »
La opinión del Dr. Marqués de Nuñez, eminentí¬
simo médico español, fue contra la vacunación,
agregando « que es un paliativo do forma y no de
fondo, y por esta razón queda el vacunado espues-
to á repetidas invasiones de viruelas. » Criterio
Médico, 1869, pág. o2o. Diré también que el doctor
Verdé Delisle, médico alópata, publicó un librito
cuyo título es: De la degenerescence physjque et mo-
rale de Tespéce humaine determinée par le vaccin.
París, 1855, en el cual prueba con hechos y esta¬
dísticas esta degeneración constatada en Francia y
otras partes de Europa.
Además, el Dr. Saverio Friscia presentó al parla¬
mento italiano, del cual es diputado, un proyecto
de ley contra la vacunación. El Dr. C. M. Pearce
apoyó en el parlamento inglés una petición contra
la vacunación. El Dr. Haez Koswky, en un discurso
al Congreso de Dresde (10 Agosto 1869) se declaró
contra tal preservativo. El Dr. Boehr en la Science
Therapeutique, vol. II, pág. 53S, dijo lo mismo. Pel-
linzoni: Dubbi sulla vaccinazione anímale, Manto-
va, 1865, el Dr. E. Hiller y muchísimos otros facul¬
tativos y escritores que no nombro por no ser de¬
masiado largo, son también contrarios á ella.
En conclusión, miles de voces se levantan contra
la vacunación: si ella parece que preserva, dispone
positivamente á otras enftrmedades mas graves.
— 17 —
Este es un hecho innegable y fuera de cualquier
duda para mí y los nombrados facultativos.
Los propagadores y defensores de la vacunación
aun no están de acuerdo sobre el límite y duración
del poder do la vacuna. Algunos quieren que se
vacune cada 8 años, otros cada 10, otros en fin que
se revacune á la sociedad entera cada 5 años!!
Jamás ha sido la humanidad tan diezmada como
ahora por tanta tisis, croup, fiebres tifoideas, etc.
Denizot asegura que solamente en los países donde
es obligatoria la vacunación, solamente allí se
nota un progreso muy regular de la enagenacion
mental y de los idiotas. — (Véase El Siglo, 23 de
Marzo de 1870).
Cuando esas voces sean mas numerosas, cuando
esas observaciones aumenten mas espantosamente,
entonces los gobiernos dejarán á los pueblos com¬
pleta libertad, como ahora se deja á los individuos,
purgarse, sangrarse, sor anfibios con tantos baños
ó morir sin medicamentos.
Todos los que nos hemos declarado enemigos de
la vacuuacion, lo hemos sido casi obligados á ello
por nuestra conciencia, después do un sinnúmero
de observaciones y hechos indudables. No es la que¬
rré de boutique que hacemos, sino Ja guerra á las
enfertnedades sublevadas y aumentadas por la va¬
cunación.
Esperando de su cortesía la acogida favorable á
estas palabras y al artículo remitido, le doy mil gra¬
cias anticipadas y me suscribo, do Vd. A. y S. S.
Montevideo, Mayo 2 de 1881.
VII — Contra la vacunación
Señor Colaborador do La Razón : (1)
Con placer y suma satisfacción para mí, he leiJo
en el número 1182, pág. 2.a columna 2.* de su ilus¬
trado diario, fecha 19 del corriente, el artículo rela¬
tivo á la vacunación y revacunación.
Partidario conocido, y único facultativo en esta
ciudad, que se ha declarado contrario á la vacuna¬
ción, y á las leyes que la rindon obligatoria en va¬
rias naciones, ó la rendirán en esta, bien so explica
mi placer y satisfacción viéndomo ahora ayudado
por la importante pluma de ustod en esta materia,
y siéndome abiertas las columnas do ose diario pa¬
ra defender mi propaganda, basada en hechos muy
claros, en estadísticas y en opiniones de otros facul¬
tativos, todas las cuales reunidas importan que so¬
lamente la obcecación puede negarla.
Ni podria esperarse ménos de usted. Verdadero
apóstol de la libertad, defensor justo y brillante de
ella en todo, así como proclamó la libertad mora! y
de la conciencia humana, debe del mismo modo
defender las libertades materiales, entre ellas espe¬
cialmente la de curarse y precaverse de las enfer¬
medades como á cada uno le dicte su razón.
En efecto, debo en esto, ser completamente libre
el sér humano y no obligársele por leyes á tratarse ó
preservarse según le parezca á tal ó cual gobierno.
Que diría V. si mañana se publicara una ley que
estableciese más ó menos lo siguiente:
« En vista de la declaración de tal ó cual sociedad
científica (basada en la estadística, en la suposición
ó en el resultado de la observación de tal epidemia)
(I) Publicado en el N'.° 1183 del diario La Razón, fecha 22 de
Octubre de i 882 .
siendo los purgantes los mejores preservativos de
la fiebre amarilla, ú otra epidemia, todos los habi¬
tantes son obligados á tomar un purgante diario! »
Por cierto que todos nos reiríamos de tan absur¬
da ley, y aunque la establecieran todos los gobier¬
nos del mundo, no por eso seria justa y sin em¬
bargo tal es la ley de la vacunación obligatoria.
Concluye V. el artículo á que me rofioro con las si¬
guientes palabras: «Abrimos nuestras columnas al
debate». Bien ve V. que aprovecho ol ofrecimiento,
y le envió esto artículo que divido en dos partes,
limitándolas lo mas que me sea posible:
1. ° Peligros y enfermedades que ongondra la va¬
cunación.
2. ° Pruebas científicas y morales, y estadística
contra de ella.
Peligros y enfermedades que engendra la vacuna¬
ción— Cuando Jenner en 1798 introdujo la vacuna¬
ción en Europa, lo hizo por rocíen conocer entonces
esto modo do preservarse importado do la China por
losjesuitas. (2) Comousted sabe, antes se inoculaba
por ios módicos el mismo pus de ia viruela io que
daba por resultado ia propagación déla enfermedad
y el aumento de la mortalidad. Jenner después in¬
gerto en el brazo dono niño la vacuna déla vaca que
produjo una pústula y levo enfermedad; lo inoculó
después el pus de un virulento, y viendo que la
viruela no se desarrollaba, declaró y proclamó que
la vacunación preservaba de la viruela. La obser¬
vación fué demasiado superficial y todavía así con¬
tinúa, sin fijarse en las consecuencias que de tal
operación resultan. Estas, por la observación cau¬
telosa de sumos estadistas y facultativos vinieron á
dar en tierra toda la falsa teoría do Jenner.
En efecto, oiga usted las siguientes opiniones:
l.o La vacuna es un preservativo de forma, pero
no ataca la causa eficiente de la enfermedad, y por
esto el vacunado queda expuesto á repetidas inva¬
siones de viruela. ( Nuñez — Criterio -Módico, 1869,
pág. 325).
2. ° El tubérculo (es decir la tisis) en la mayoría de
los casos es segundaria, por la degeneración caseo¬
sa do simples productos inflamatorios ó do glándu¬
las escrofulosas. Esto puedo también sobrevenir de
la vacunación ó resultar desús consecuencias. (Hu¬
ghes Manual pág. 157 Barcelona 1878). (3)
3. ° Regnoli en la reunión de la Academia do Luc-
ca, en 16 de Setiembre de 1843 sostuvo con abun¬
dancia de hechos y razonamientos, la trasmisión de
la escrófula por medio de la vacunación. (Revista
Italiana, página 180, cúm. 6, año 1877 )
4. ° El doctor Orlandini, Vico Conservatore del
Circcndario de Milán (liana) en la relación que hizo
en ol año 1867 relativa á la conveniencia de la va¬
cunación animal, no niega que, por medio de la va¬
cuna de brazoá brazo, sea posible que seintroduzcan
en el vacunado e'cmenti ostici generadores y actores
de enfermedades dialésicas. (Pág. 181, núm. 6,
1877. Revista citada.)
5. " El doctor Domingo Bomba en su apreciado
trabajo Resoconto quinqnenale del Comitato Ligure
di vaccinazione anímale, publicado en Genova en
1875, dice :
« La trasmisión do enfermedades infectivas y es¬
pecialmente de la sífilis, por la inoculación de la
[2] Como prueba, véase el periódico Le Pelit Journal Suisse
N.° 61 — Abril 4 de 1873.
f3] Léase en la página 10 linea 38 lo concedido á Laenncc, yla>
opinión de Villemain.
18
vacuna humanizada, es para nosotros un hecho
fuera de toda duda.» Esta triste realidad está com¬
probada evideuteraento por la larga serio de ca¬
sos que en sus escritos han contado Orsi, deli’Ac-
qua, Grancini, Berna. Ricista di 187 1 . A este he¬
cho gravísimo relativo á la trasmisión do la sífilis,
agregaremos otros, entro ellos el que fué constatado
en más de 100 niños por una comisión ad hoc nom¬
brada en 1866 en París: f véase periódico « Les
Mondes» col. Xll 1866 pág. 606 ). igual hecho y
trasmisión reconocida en 1874 en Buonos Aires por
la Comisión Municipal: f véase « El Siglo» N.° 628,
Mayo de 1874 J.
6.° El Dr. Verde Delisle prueba la degeneración
física y moral del hombre, determinada por la va¬
cunación basada en estadísticas sin fin, constatada
en Europa y en otras partes del globo, f Véase su
obra : De la deg eneres cene e, Varis. 1866 J.
Danizot asegura quo «solamente en los paisas don
de la vacunación es obligatoria solamente allí se
nota un progreso regular do la onagenacion mental
y de los idiotas.» (Véase El Siglo de 28 Marzo 1870.)
A esto se contestó propagando la vacuna directa¬
mente de la vaca.
Desde entóneos el suicidio aumentó en los mis¬
mos países on modo extraordinario.
Conclusión: La vacunación parece producir una
preservación momentánea pero, realmente, dispone
á enfermedades peores como el croup, el tifus ó in¬
curables como la meningitis tuberculosa, la tisis y
otras.
Pero hallo mas justo traducir do la revista Biblio-
theque homeopzlique número 7 , Paris, Abril 1882,
las siguiontes conclusiones :
« La. condena de Jenner consiste en este hecho:
que casi todos los quo caen enfermos de viruela,
( sobretodo en tiempo de epidemia) casi todos han
sido vacunados, no habiendo impedido la vacuna¬
ción, el desarrollo de la enfermedad.
« La condena de Jenner consiste también en lo si
guiante: quo en los hospitales ahora tenemos la
misma proporción do muertos por la viruela, como
antes do la vacunación, lo que demuestra material -
mentó que eu los hospitales la vacunación no ha
salvado una sola vida. »
« La condena de Jenner se halla en este hecho:
que después de la vacunación y revacunación, cada
epidemiada viruela es más grave, más estensa, y
más mortal que la quo le precedió (hecho este que
fatalmente he constatado en esta ciudad en la epi¬
demia de 1871 y 1881 82). Véase estadística eu la
parto 2a.
« Finalmente la Condena be Jenner se halla on este
hecho, quo sin producir algún bien, la vacunación
ha sembrado largamente muchas enfermedades, y
tiene tendencia á corromper y envenenar la sangre
de la familia humana. »
Que contestan los propagandistas déla vacuna¬
ción a estos hechos? Nada mas que con las estadís¬
ticas. Pues bien, de ellas vamos á ocuparnos en la
segunda parlo.
N. B.— Para evitar objeciones, los números 1, 2 y
7 pertenecen á homeópatas y los otros á alópatas y
estadistas.
Montevideo, Octubre 21 de 1882.
VIII— Segamla parte
ESTADÍSTICAS — PRUEBAS Y RAZONES CIENTIFICAS Y MO¬
RALES CONTRA LA VACUNACION— INJUSTICIA DE LOS
PROPAGANDISTAS DE LA VACUNA CONTRA LOS HOMBRES
Y SOBRE TODO CONTRA DIOS. (1)
1.* Estadística— Leo en el diccionario de Salvá lo
siguiente: « La estadística es la ciencia quo exami¬
na el provecho que saca un estado de su pobla¬
ción, etc. »
En cuanto al provecho ya hemos visto y veremos
claramente el quo se saca de la vacunación.
Epidemias de viruela mas largas, mas graves y
mas duraderas; (2) degeneración de la especie hu¬
mana; enfermedades incurables; aumento del sui¬
cidio y de la locura, y por fin el envenamiento de la
sangre humana.
Pero me dicen los vacunistas: Vd. no conoce cier¬
tas estadísticas. Ellas prueban... preguuto, qué?
Lo voy á decir: las estadísticas do los vacunistas son
pruebas superficiales do un hecho mal aplicado y
de cuyos resultados no se tomó cuenta.
Muchas se publicaron favorables á la vacunación,
siempre superficiales. Conozco sobre todo dos ó
tros de las cuales se ha querido hacer una especie
de bombe écr asante, ó mejor dicho un fallo inapela¬
ble contra los aniivacunistas y favorable al « virus
sagrado. » Voy á referirlas:
A. — Fué publicada una ( núm . 116, de Abril 27
de 1871 j en La Gacela de Colonia (Alemania) resul¬
tado de un informe sobre la epidemia de viruela. —
Hay que notar que por la ley del 4 de Mayo de 1874
la vacunación es obligatoria en todo el imperio
aleman.
De 1567 enfermos vacunados murieron 339=21 % %
« 89 revacunados murieron . . . 5= 5 « «
« 23 no vacunados murieron. . . 16=70 « «
B. — La que sigue fué publicada en El Siglo f nú¬
mero del 2.7 de Enero de 1880 ) encabezada por las
palabras Creer ó recentar. «En la epidemia que reinó
en Londres de 1877 á 1879 fueron asistidos en el
Metropolitan Asylum 15,186 enfermos, de los cuales
11,417 estaban vacunados, y 3,769 carecían del pre¬
servativo. Del primer grupo fallecieron 1008 y del
segundo 1,669, do manera que resulta para los va¬
cunados ol 8,58 p.% y la enorme proporción de
44, 4 p. % , respecto de los no vacunados»; y continúa
el apologista: « El hecho mas curioso verificado du¬
rante la epidemia es que no puede asegurarse que
uua sola persona entrase en les hospitales inmedia-
t -.mente después do haber sido vacunada ó revacu¬
nada con éxito. »
Ya se vé bien claro, inmediatamente*, poco im¬
porta que los vacunados y revacunados que no han
enfermado de viruela hayan muerto después de po¬
cos años do tisis, locura ó suicidio. Esto no hace al
caso!!
C. - Otra estadística fué también publicada en El
Siglo hace pocos meses en la cual so cuenta que de
10 y mas mil empleados vacunados en la adminis¬
tración inglesa de correos, solo 10 ó 12 murieron
de viruela, lo que nada prueba porque, y lo repe¬
timos hasta la saciedad (como se ha dicho on la es¬
tadística R) no se observaron ni el aumento poste¬
rior de las enfermedades ni el de la mortalidad en
(1) Pub'icado cu el mím. 1189 del diario 1.a llazon, fecha 27 d
Octubre 1882.
(2) Véase párrafo 4.»
19 —
los vacunados, aumento que no está en relación
con la población, etc.
ESTADÍSTICA CONTRA LA VACUNACION.
2. a Si tomamos en cuenta y observamos con la
atención necesaria lo que sucede en esta ciudad,
donde la constatación de los hechos es fácil, nota¬
remos un hecho asombroso y gravísimo.
En efecto, en el número 5160 del diario El Siglo
(i correspondiente al 11 de Mayo de 1881) leo úna
relación publicada por la oficina de la mesa de Es
tadística de la cual resulta que en todo el año de
1881 murieron de viruela 29G, y de tisis tuberculo¬
sa y laríngea 713.
Razonemos ahora y profundicemos el resultado
que se desprende de estas cifras.
D. — Pocas son las familias que no vacunan á sus
hijos desde muchos años acá, y sin embargo hemos
tenido la epidemia de 1881-1882 mas larga, mas
estensa, mas duradera y haciendo muchísimas mas
víctimas que la del 1871 (1) precisamente en los
vacunados, mientras yo que he proclamado el pe¬
ligro y he prohibido la vacunación, he perdido so¬
lamente dos individuos, entre mas de 200 que no
eran vacunados.
E. ~ En el número 2,060 del diario La Tribuna
f fecha 28 de Abril de 1872J probé con datos irre¬
cusables y fidedignos y por la estadística, que la
mortalidad de tisis en Montevideo era ordinaria¬
mente de un 10 p. % , observando que esta ciudad, á
pesar de su temperatura tan variable, so acerca por
su clima á los países mas privilegiados del globo, y
es por eso mejor que tantos otros puntos de Amóri
ca, Africa y Europa, donde la tisis hace mayores
estragos de los producidos en esia. Pues bien, la
población do Montevideo que, desde 1871 al 1881, ha
disminuido notablemente, debia la estadística do
mortalidad mostrar también la disminución de la
tisis y sin embargo sucedió todo lo contrario.
En el 1871, siendo ia población de esia ciudad
mayor de 120 mil habitante?,las defunciones de tisis
fueron 251.
En 1881 siendo la población de 111,500 habitan¬
tes, las defunciones de tisis debían ser aproxima¬
tivamente 233, y sin embargo, ya lo hemos notado,
que alcanzaron á la enorme cifra de 713, lo que
claramente indica e! aumento de la mortalidad pro¬
ducida por la tisis sin relación á la población, vién
dose en esta enfermedad un aumento progresivo
nada halagüeño, ó digámoslo claramente, espantoso
en sus efectos.
F. — Otro cálculo: la mortalidad en 1871 fuá de
2,738; de ellos ?51 de tisis; en 1881 la mortalidad
fué de 2,826 y de ellos 713 de tisis constatadas por
certificado médico.
Proporción en la primera de .... 9 p%.
Id. en la segunda . 25,22 »
A estos números no hay nada que agregar!
3. “ Abro mi libro de curiosidades y hallo en el
Journal des Debáis ( París 8 de Abril de 1875) en la
página primera, lo siguiente:
« En las epidemias de Filadelfia (1823-24), de Sue
cia (1823 25), de Viceneia (1825) la viruela atacó
principalmente á los vacunados, y durante la epi -
demia do New York en 1824, la mayor parte délos
casos de viruela se mostró en los vacunados: lo
mismo aconteció en Marsella.»
(1) véase el párrafo 4.°
A estas cifras y hechos se contesta por algunos
vacunados pidiendo la vacunación y revacunación
á paso redoblado, y como hemos probado ya los
innumerables males que acarrea una sola vacuna¬
ción y el ningún bien que produce, y como los va-
cunistas no están de acuerdo ellos mismos relativa¬
mente al tiempo que dura la preservación, así po¬
dría proponerse que se vacune á las personas cada
mes ó cada estación; vamos al abrir las flores, al
secarse las hojas de las plantas!... Pobre humani¬
dad!.... y siga la danza; entretanto la tisis como ya
lo hemos demostrado aumenta espantosamente en
esta bella y antes muy sana ciudad: la viruela hace
mas estragos en 1881 y 82 que en 1871: la locura
y el suicidio aumentan también estraordinariamen-
te como todos vemos y lo que sucede aqui se repite
en otras partos del globo, asi por ejemplo en Cer-
deña, mi patria, donde antes era casi desconocido
el croup, ahora y después que la vacunación es
obligatoria, rara es la familia que no cuenta entre
sus hijos á una ó mas víctimas. Por el contrario yo
no he visto mas esa enfermedad en mi clientela de
esta ciudad, después que he aconsejado á ella que
no vacunase á ningún niño.
4. ° Voy á repetir aquí lo que publiqué en el nú¬
mero 2022 f2 de Agosto de 1871 ) de El Siglo y en
Los Debates {4 de Agosto de 1871 J. <v Vecinos hay en
Montevideo que en 30 años que llevan de residen¬
cia en ella, no han visto que la viruela haya hecho
tantas victimas como en el presente año de 1871.»-
Esa epidemia duró aproximativamente 13 meses*
como publiqué en el mismo diario, ó hizo.... vícti¬
mas. (2)
La epidemia de 1881 y 82 duró 19 meses ó hizo,
ya 741 víctimas eso á pesar do la vacunación y re¬
vacunación aconsejada, mandada y ordenada por
todos los facultativos, por las parteras y por los
maestros de las escuelas de esta ciudad, (3)
5. ° Vamos á publicar una Estadística concluyente
contra la vacunación y la copio do la entrega
7.a ('perteneciente al mes de Abril de 1882J del pe¬
riódico Bibliolhéque Ilomeopathique repitiendo aquí
cuanto dije en el diario Los Debates del 4 do Agos¬
to de 1871: «¿qué tiene quo ver la homeopatía con
las estadísticas publicadas? por ser yo homeópata
¿los números serán mayores ó menores y las de¬
ducciones mas ó menos justas? Hasta en esta ciudad
y en muchas otras. ¿No hay homeópaias quo son pro¬
pagandistas de la vacuna?
Dice el doctor J. J. Gardi YVilkinson: «la vacuna
fue declarada obligatoria per una anta del parla¬
mento inglés en 1853; do nuevo en 1867 y mas obli¬
gatoria aun en 1871.
Desde 1853 hemos tenido tres epidemias de vi¬
ruela.
Fechas Muertos
1. a (1857-58 59) . 14,244
2. a (1863 64 65) . 20,059
3. a (1870-71-72) . 44 840
Aumento de la población, do ta 1.a á la 2.a
epidemia . 7 %
Aumento do la viruela id id . 58 »
(2) Véanse los diarios La Tribuna del 26 de Enero de 1872 y
Los Debates del ?5 del mismo mes y año.
(3) Esta cifra la he sacado de las notas de la Mesa de Estadís¬
tica. Hubo en 1881, 296 muertos de viruela, desde Enero á Diciem¬
bre y 439 desde Enero á Setiembre de 1882. Total, 741.
20 —
Aumento de la población de la 2.* á la 3/
epidemia . 18 %
Idem de la viruela . 120 »
Muertos de viruela en el primer decenio des¬
pués de la aplicación de la ley sobre va¬
cunación obligatoria (1854-1863) . . . 33,515
En el segundo período (1864-1873) . . . 70,458
« Tal estadística os sacada de una carta al dipu¬
tado inglés The Right Hon. G. Sclater Booth, módico
(Febrero 1877) por C. F. Pearce, M. R. C. S.
6 « Este mismo doctor Pearce, eu una carta quo
dirigió al citado Sclater Booth, ha demostrado, por
la estadística, el grande aumento de la mortalidad
infantil por la sífilis, juntamente á la ostensión do
la vacunación. Este hecho horroroso, Hiendo bien
establecido y comprobado , y que la sífilis es muchas
veces trasmitida por la linfa de la vacuna, una ojea¬
da á las tablas de estadíslicas nos mostrará quo esta
calamidad es un hecho frecuente. »
« Se verá que murieron de sífilis:
En los 3 anos
De mas de I año
En todas edades
1860 -a 1864
4504
6425
1870— á 1874
7009
9271
« En el primer período, por consiguiente, casi las
dos terceras partes del número total, eran niños
menores de un año, es decir, en el 1er. año de la
vacunación, mientras en el 2.° período y cuaudo el
número había aumentado considerablemente no
menos de la 17.a parte del número total de muertos,
era de niños menores de un año. »
« Una relación hecha al parlamento inglés (númo
ro 392, sección 2.a, 1880) demuestra que en 1847 y
cuando, relativamente, pocas personas eran vacu¬
nadas, la proporción de los muertos por sífilis, en
los niños menores de un año, ora de 472 por un
millón de nacimientos. En 1878, después de 25 años
de vacunación obligatoria, los muertos de sífilis en
los niños menores do un año, aumentó á 1851 por
un millón, es decir,
CUADRUPLICÓ.
« Las estadísticas de Suecia prueban los mismos
hechos. » (1)
Clarísimo, pues, y bien patentizado está el ningún
beneficio que saca la humanidad por la vacunación
y al contrario, los innumerables males que á ella
acarrea.
7." Voy ahora á dar contra la vacunación otra ra¬
zón deducida de la injusticia humana.
¿Cuál es de las señoras de la buena sociedad y
raza blanca de esta ciudad que al presente permi¬
tiera que uno de sus hijos fuese vacunado con el
pus ó materia sacada del brazo de una morena?
Por cierto que no encontraré una sola. Y con esto
vemos que se pone á la raza negra debajo de los
brutos y so cree la vaca superior á una morena!
Mas injusticia no so puede hacer!
Ya la vaca no puedo tenor nada de malo en su
ser, ni ella está enferma cuando se le saca directa¬
mente la vacuna, ni ocasionarnos gravísimos daños.
Oigamos á propósito algunos hechos.
(I) Véase cu la 1.a parte lo que hemos referido y sucedió en Ge¬
nova, en Buenos Aires y Francia.
En el ano 1866, habiendo sido reconocidos por la Asamblea Mé¬
dica de París los numerosos hechos incontrastables de trasmisión
sifilítica, por medio de la vacunación de brazo á brazo, la vacuna¬
ción animal directa de la vaca, fué legalmcnte sancionada por el
• Gobierno y adoptada por la Academia.
8. ° En 1871 la viruela fué precedida en este Es¬
tado por la epizootia. En Chile sucedió lo mismo: el
diario La República de aquel Estado (2) dice: «La
epizootia quese desarrolló en la República Argentina
hace poco mas de un año fue trasmitida á este país
con la llegada de animales enfermos. Todos palpa¬
mos las proporciones quo tomó ese mal hasta en¬
tóneos desconocido para nosotros. Y quien podrá
asegurar que esa epizootia no fué en parte el origen
de la terrible epidemia de viruela que acabamos de
pasar.»
En Noviembre de 1871 el Boletín Oficial del Go¬
bierno General de la Provincia Portuguesa de Cabo
Verde, refiere lo siguiente: «Reunidos varios- docto¬
res en comisión por órden del Gobernador, el doc¬
tor D Francisco Fed. Hopffer, dijo hablando de la
viruela: «porque tenho reconocido quo a epizootia
precede muitas veces a doentia para ó homen.»
El siguiente hecho es algo mas grave (3) «El ve¬
terinario Federico Vitarelli había practicado la va¬
cunación en una ternera de un año de edad; y de
ella recogió 40 tubos de linfa, para el servicio pú¬
blico de la vacunación: el dia después (27 de Se¬
tiembre de 1877) la ternera murió do carbunclo
maligno. Apenas se supo en Ñapóles este hecho la
población fué profundamente conmovida y con ra
zon. Pero el Municipio y su Comisión de Vacuna se
apresuraron á anunciar inmediatamente que la linfa
de los 40 tubos y la ternera habían sido quemados
por órden de ellos.»
Ahora preguntamos á los vacunistas ¿qué hubiera
sucedido si con esa linfa se hubiese vacunado á
séres humanos?
9. ° Resumiendo tolo lo dicho hasta aquí y con
las razones, las opiniones, los hechos y las estadís¬
ticas, puedo establecer sin temor de ser contradicho
la siguiente conclusión:
En los países donde la vacunación es obligatoria
las epidemias de viruela parecen disminuir; pero
si antes de la vacunación la viruela era solamente
epidémica y se presentaba cada 40 ó mas años, des¬
apareciendo después totalmente, en seguida de la va¬
cunación, es casi permanente y endémica. Además,
la vacunación hizo aumentar extraordinariamente,
como ya lo hemos probado, la mortalidad por otras
enfermedades, en una proporción que no es relativa
al número do los años precedentes ni al aumento de
la población, y eso á pesar de las mejoras que se
han introducido en las naciones por la higiene, etc.
10. Los hechos, dijo Castelar, « son silogismos
vivientes que llevan al alma convicciones mas pro¬
fundas é incontrastables, que las de los otros racio¬
cinios. »
Pues bien, á pesar de esta opinión del gran escri¬
tor español, si ellos faltasen y me faltase también el
apoyo de los números, me bastaria otro racioci¬
nio moral mas grande que todos los números y citas
posibles.
Naco el hombre, sér superior al bruto, puro y sa¬
no, aunque algunas veces algo enfermizo y débil;
pues bien para precaverlo y rendirlo inmune de
UNA BNFERMEDAD FUTHRA É INCIERTA, SE LE INGERTA
EL VIRUS Ó PUS, Ó SEA EL PRODUCTO DE LA ENFERMEDAD
de un bruto enfermo! . . . Este es un absurdo tal para
mí, que no sé de qué manera patentizarlo mejor y
ridiculizarlo, si no me viniese á la memoria que el
(2) Número del 3 de Noviembre de 1872.
(3) Véase Revista Italiana núm. 9, Marz > 1879. Roma.
hombre, con su soberbia, ha tenido el atrevimiento
de enmendar las obras de Dios.
¿No nos ha puesto El y á nuestro alcance, reme¬
dios indudablemente poderosos, sacados do plantas
•ó minerales y poseídos de virtudes curativas ó pre-
servativas? Busquómoslos, aconsejémoslos á nues¬
tros semejantes, solamente en el caso de epidemias
y demos gracias al Todopoderoso que de cuando en
cuando permite que sin estudio alguno ni prolija
observación, se conozcan esas virtudes. Es esto lo
que hice, haré, probé y aconsejé con óptimos resul¬
tados y sostengo desdo 1860 y muchos homeópatas
conmigo, aunque otros crean todavía en el poder
preservativo de la vacunación.
11. Por fin, en un artículo que he leído en La De¬
mocracia del 21, (1) se patentiza claramente la mala
fó deJenner, el introductor do la vacuna, pues vien¬
do las malas consecuencias inmediantas de la va¬
cunación, sin embargo la aconseja. Hó aquí el ar
tículo:
• La Linía impui’a en 1799 »
sobre VACUNACION— El Ministro Argentino en Lon¬
dres, en nota dirigida á su gobierno, suministra in¬
formes que son oportunos entro nosotros.
Hace algún tiempo que los diarios ingleses vienen
publicando cartas de médicos notables, sobro la
Importante cuestión de la vacuna, siempre á la or¬
den del dia. Como, sin duda alguna, estas publica¬
ciones tienen que interesar también en sumo grado
á nuestros médicos de Buenos Aires, me propongo
tener al corriente á V. E. de todas las faces que
tome el debate de ese punto científico, y por ahora
me limito á adjuntar la traducción de una carta que
hallo en El Times , la cual contiene datos de indis¬
putable valor.
Ellos son ofrecidos á la prensa por el Dr. Dudgeon,
á propósito de haberse presentado en los hospitales,
casos de erisipela, (2) en niños sobre los cuales se
habia operado la vacunación.
— El artículo del Dr. Henry D. Dudgeon, á que
hace mención la nota anterior, se titula, «La linfa
impura en 1799,» ha sido publicado en la siguiente
forma:
Sr. Director de The Times:
«Sorprenderá probablemente á muchos desuslec-
tores, el saber que la vacunación fué seguida algu¬
nas veces de Erytheraa, en los primeros tiempos
de su historia. En Febrero 15 do 1799, el doctor
Pearson escribió al Dr. Jenner lo siguiente: « la in¬
flamación en las partes iuoculadas de mis pacientes
ha sido meramente lo que llamaría Erithematosa ó
sea el mismo género de afección quo se observa en
la escarlatina.
«Los tros promotores primitivos del Cow-pox, fue¬
ron los doctores Jenner, Pearson y Woodwilie, y el
método fué presentado al público en el invierno do
1798 99. Es interesante leer en la vida de Jenner las
amistosas cartas que estos caballeros se cambiaban
y especialmente sus privadas y confidenciales notas
■sobre las numerosas ó imprevistas equivocaciones,
■sobro las cuales seria actualmente de desear que se
arrojase el volo del secreto.
(1) Reproducido del diario f.a Nación de Buenos Aires, núme¬
ro . . fecha 19 de Octubre de 1882.
(2) Véase pág. 10 lo sucedí :o al Dr. Ozanan.
«Muchas de sus vacunaciones fueron seguidas de
erupciones, las quo naturalmente molestaron mucho
á sus inventores. El biógrafo del Dr. Jenuer, atri¬
buye estos desastres á la linfa impura, y dice « ya
es imposible negar el hecho que esta materia impu¬
ra fué diseminada por muchas partes do Inglaterra
y del continente. »
«Refiriéndose á algunos de osos casos, el doctor
Jenner observa: «cuando encontré al doctor Wood-
wille dispuesto á publicar su folleto sobre casos de
erupción observados en el hospital, me dirijí á él
en los términos mas enérgicos, verbalmente y por
escrito, para que nada hiciera que pudiera entor¬
pecer los progresos de la vacuuacion. » (Vida de
Jenner pág. 374).
«El mismo Dr. Woodwilie dice en carta fachada en
1799, « no podemos jactarnos do que nuestra inno-
culacion no haya sido acompañada de erupciones. »
Y en Febrero 15 de aquel año, el Dr. Pearson habia
escrito ya privadamente á su amigo y asociado el
Dr. Jenner, del siguiente modo: « al decir al doctor
Woodwilie que usted me habia tenido muy ansioso
con motivo de recomendar el uso del cáustico, él
replicó «eso habia condenado toda la operación.» El
Dr. Pearson añade: «puede estarseguro quo si la prác¬
tica del cowpox no puede serintroducida siu el cáus¬
tico, nunca tendrá éxito ante el público», liaron’s lije
o f Jenner, volumen J, pág 51o. Sir Iíenry Holland,
dá su testimonio en favor de la autoridad de la
obra, de la cual hemos sacado estos importantes y
pocos conocidos incidentes. Dice él en su Medical
Notes «la mejor fuente de información sobre estos
tópicos es la Vida del Dr. Jenner, por el Dr. Barón,
complemento de mucho precio para la « literatura
médica ».
Concluyo pidiendo sea libre la vacunación y no
obligatoria por las leyes. Mil medios hay para evitar
el progreso déla viruela, cuando viene epidémica.
El aire libre, el aislamiento, los preservativos: tam¬
bién la oscuridad, los medicamentos y ciertas apli¬
caciones esteriores para evitar las horrorosas cica¬
trices que suelea dejar y de las cuales no hemos
visto ninguno en nuestra clientela. Desaparecerá el
gran miedo y el horror que se tiene á estar desfigu¬
rados por ella y á los que dudan del beneficio re¬
portado no vacunando, mostraremos muchas perso¬
nas ó niños en varias fami ias del esta ciudad, en
los que se veiá individuos no vacunados, robustos
y sanos, y á los vacunados raquíticos y débiles.
Quedaré satisfecho del resultado si obtengo la
ilustración de los autores del proyecto do la vacu¬
nación obligatoria, ni desmayaré por cierto si apo¬
sar de estos apuntes la ley so viniese á establecer.
En 1866 era solo en esta ciudad para combatir la
vacuna.
Han pasado 16 años y ya brotan los anli vacu-
nistas en Inglaterra, en Bélgica, en Suiza (3) en
Italia y en todas partes, en fiu, donde hay médicos
cautelosos: algunos años mas y la vacunación saca¬
da de la vaca caerá en desuso y relegada al olvido,
maldecida por aquellos que sufrieron por ella,
y por los mismos que antes tanto la proclama¬
ban; bendiciendo todos á Dios por haber permitido
que se descubriese el error, que felizmente ha du¬
rado menos do un siglo.
Montevideo, Octubre 21 de 1882.
(3J Véase diario Xa Razón núm. ) 1 82 del 19 Octubre 1882.
— 22
IX— Contra la vacunación
Señor Redactor de El Siglo. (1)
No es esta la primera vez que remito á usted
artículos que se refieren al título que encabeza
el presente. Desde el año 1865 hago uso de las
columnas de ese tan importante diario para
publicar algunas observaciones y las opiniones
particulares mias, como también las que me
producían la lectura de los estudios de autores
distinguidos en ambos mundos y que hablaban
contra la vacunación.
Me decidí de nuevo, ahora que se va á esta¬
blecer en las Cámaras la discusión de la ley
sobre vacunación obligatoria, á escribir y ya
publiqué, como es probable lo haya visto V.,
la primera parte de un trabajo contra ella en
el N.° 1185 del diario La Razón (22 del corrien¬
te mes) y la segunda parte en el N.° de hoy.
Establecí en ellos, entre otros hechos innega¬
bles, el aumento asombroso de la tisis pul¬
monar y otras tuberculosis en esta ciudad, sin
relación ni á la mortalidad, ni á la población.
Establecí también que la epidemia de viruela
en 1881-82 ha sido mas extensa, mas duradera
y más mortífera sobre todo en los vacunados,
que la del 1871 y esto á pesar de tanta vacuna¬
ción y revacunación que se promulgó y aconse¬
jó por todos los medios posibles y hasta se hizo
obligatoria para las escuelas de la Junta, sin
que se tuviese derecho legal para eso.
De ambos de estos hechos me voy á ocupar
en este artículo limitándome no á teorías mas ó
menos brillantes ó á hechos superficiales, sino
á cifras relativas al Departamento de la Capi¬
tal de esta República.
Para obtener tales cifras he tenido que recu¬
rrir á las fuentes principales que son la Comi¬
sión de Cementerios y la Dirección de Estadís¬
tica. Doy gracias por eso á los Sres. D. Cor-
nelio Cantera, jefe de la primera y al señor don
Agustin Piera (hijo) oficial l.° de la segunda,
por haber puesto á mi disposición todos los
datos que he pedido y me eran necesarios para
esta publicación.
Io — tisis:
Desde el año 1877 el mismo Sr. Vaillant, al
cual no se le podrá tachar de partidario homeó¬
pata ó negarle autoridad en materia de núme¬
ros, publicó lo siguiente: «Solo en 5 años la
proporción de tisis en Montevideo haduplica-
do«. (Apuntes de la Dirección General , 1877 .
Cuaderno núm. 7 — Montevideo).
Posteriormente el Dr. Rappaz en un artículo
relativo á la mortalidad del año 1876y publica¬
do en un folleto (Memoria de las reparticiones
municipales. Montevideo 1879, páj. 15) dijo:
(1 ) Este artículo fué publicado en el N.» 5296, fecha 28 do Oc-
tubre de 1882 del diario El Siglo.
« La proporción de 17,72 sobre la totalidad
« de los muertos diagnosticados parece hala-
« güeña á primera vista; pero si examinamos
« por edad, tendremos otra impresión: por
« ejemplo de 20 á 30 años la proporción de tísi-
« eos es de cerca un 30 p. %. Casi la tercera
« parte en esa edad mueren tísicos.
« ¿De dónde proviene eso? ¿qué causas hay? »
Esas causas que ignora el Dr. Rappaz son la
vacunación y revacunación, sea directamente
de la vaca, sea de brazo á brazo y las razones
las he dado, refiriendo las opiniones de varios
autores sobre el tubérculo que « en la mayoría
de los casos es segundario por la degeneración
caseosa de simples productos infamatorios ó
de glándulas escrofulosas, » lo que « puede
también sobrevenir de la vacunación ó resultar
de sus consecuencias. » ( 2 )
El Dr. Verdé Delisle en un librito publicado
por él (3) en la página 115 (después de referir
una multitud de hechos) concluye diciendo-
« Esta prueba la liemos conquistado después de
20 años de experiencia. La naturaleza muestra
á los vacunistas la tuberculización por la va¬
cuna y enseña la destuberculizacion por la vi¬
ruela.»
Voy ahora á publicar por primera vez una
estadística de la mortalidad de la tisis en esta
ciudad y su departamento, en el periodo de 11
años. Nadie la publicó hasta ahora, porque na¬
die se tomó el trabajo de hacerla. Nos cabe
la satisfacción de decir, que como la primera
estadística de mortalidad se debe al inierés que
nos tomamos siempre por la salud pública, á
nosotros también se deberá este y el otro que
se refiere á la viruela.
AÑOS
MORTALIDAD
GENERAL
ESPECIAL DE
TISIS
1871
4,380
251 (4)
1872
3,642
286
1873
3,669
280
1874
3,299
288
1875
3,293
293 (5)
1876
3,063
248 (5)
1877
3,477
369 (5)
1878
2,937
284 (5)
1879
3,275
470
1880
3,123
645
1881
3,693
713
Varias son las
deducciones
que se pueden
sacar de esta tabla:
una es muy fácil y tangí-
ble : la tisis aumenta extraordinariamente,
y ese aumento no
está en relación con la
mortalidad general. Mucho menos está en re¬
lación con la población, como lo dijimos en la
(2) Hughes, Manual pág. 157— Barcelona 1878.
(3) De la degenerescence physique et inórale causee par le
vaccin— París 1855.
(4) Véase cuaderno núm. 10, datos estadísticos por Vaillant,
1880.
(5) Véase Memoria de las reparticiones municipales 1879 pá¬
gina 24.
23 —
segunda parte de nuestro articulo « Contra la
vacunación,» publicado en La Razón (l).Aquí
lo repetimos:
« En el año 1881, siendo la población de esta
ciudad mayor de 127,000 habitantes, las defun¬
ciones de tisis fueron 251.
En 1881 siendo la población de 111,500 ha¬
bitantes, las defunciones de tisis debían ser
aproximativamente 233 y sin embargo alcanza¬
ron á la enorme cifra de 713, lo que claramen¬
te indica el aumento de la mortalidad produci¬
da por la tisis, sin relación á la población,
viéndose en esta enfermedad un aumento pro¬
gresivo nada halagüeño, ó digámoslo clara¬
mente, espantoso en sus efectos».
Para mayor claridad del hecho estableceré
la siguiente tabla:
TABLA
Años
PROPORCIONAL
Población
DE
POBLACION Y TÍSIS
Defunciones
por tisis
1871
127,704
(2)
251
1872
?
286
1873
9
280
1874
90,000
(3)
288
1875
?
293
1876
2
248
1877
?
369
1878
2
284
1879
111,500
324
]880
?
645
1881
k
713
Todos conocemos y sabemos ciertamente que
la población de esta ciudad y su pequeño de¬
partamento, así como la de toda la República
ha disminuido notablemente desde el año de
1874 á la fecha. La estadística no lo niega,
sin embargo la tisis aumenta horriblemente y
ella sigue progresando y casi triplicándose ca¬
da 10 años en razón inversa de su población.
Si ademas tenemos presente el abuso que se
hace del alimento mas general y común, la
carne que comemos muchísimas veces de ani¬
males enfermos y epizoóticos tendremos otra
horrorosa deducción.
En el año 1871 murieron de tisis un 9, 10 p.%
sobre el total de defunciones habidas en todo el
año.
En 1881 murieron un 27.34 p.% idem idem.
Es decir que el número de defunciones de ti¬
sis habidas en 1881 con relación al número de
defunciones de 1871 ha sido casi tres veces ma¬
yor (2.98) que en 1871.
Ahora bien, si suponemos que el número de
defunciones de tisis en los próximos 10 años
aumente en la misma proporción que en los
últimos 10, tendremos que en el año 1891
(1) Véase núm. 1,1G9 fecha 27 do Octubre de 1882.
(2) Véase Estadística por Vaillant, en El Siglo del 14 de No¬
viembre de 1874 y el libro para la Exposición de Vicna.
(3) Véase El Siglo del 9 de Julio de 1874.— Cuadro demostra¬
tivo.
el número de defunciones de tisis será de
81.47 p.% del total general de la mortalidad y
que antes del 1894 el número de defunciones de
tisis será igual al de la mortalidad general, fu¬
turo halagüeño y muy agradable para los ha¬
bitantes de esta ciudad y para los preconiza-
dores, defensores, protectores y encomiadores del
« virus sagrado » como ellos llaman la vacuna.
Alguno me observará que esa enorme des¬
proporción depende de los números de los cer¬
tificados de defunciones, obligatorios aquellos
desde el primero de Julio de 1879 (ley del Re¬
gistro cívico).
Tal observación es inútil como vamos á cons¬
tatarlo por la tabla siguiente:
Defunc. Defunc. Mortalidad Defunc.
Año
certificadas
p. tisis
general
de tisis prob. Proporción
1871
2738
251
4380 -
401
9,16
%
1872
1972
286
3642 =
528
14,50
%
1873
2596
280
3669 —
396
10,79
%
1874
1771
288
3229 =
525
16,26
%
1875
2728
293
3293 =
354
10,75
%
1876
1686
248
3063 =
451
14,72
%
1877
2967
369
3477 =
432
12,42
%
1878
2487
284
2937 =
335
11.41
%
1879
2333
470
3275 =
660
20,15
%
1880
2359
645
3123 =
854
27,34
%
1881
2826
713
3692 =
931
25,22
%
2.° — viruela:
Hemos dicho y establecido que la epidemia
de viruela en 1881 y 1882 fué mas extensa,
y mas duradera que la precedente de 1871.
Fué mas extensa porqué se propagó é hizo
víctimas en todos los ámbitos déla República.
Mas duradera porque permaneció por 19 me¬
ses mientras la de 1871 duró aproximativa¬
mente 13 meses y mas mortífera, sobre todo en
los vacunados (4) «á pesar de la vacunación y
revacunación aconsejada, mandada y ordenada
por todos los facultativos, por las parteras y los
maestros de las escuelas de esta ciudad».
Veamos ahora los números que se refieren á
la epidemia de 1881 y 82:
Muertos de vi- Id. id. id.
Meses ruela 1881 1882
Enero . . .
2
68
Febrero.
3
69
Marzo .
9
70
Abril
2
72
Mayo .
9
81
Junio .
13
47
Julio. .
26
26
Agosto .
43
6
Setiembre .
31
6
Octubre. .
40
—
Noviembre,
53
—
Diciembre . .
61
—
Como se vé claramente por esta tabla la vi-
(4) Podríamos citar un sinnúmero de hechos pero no lo hace¬
mos por brevedad.
_ 2-i
ruela recorrió las fases de una verdadera epide¬
mia, como una curva cuya mayor altura fue en
Mayo de 1882, siendo los extremos Enero 1881
y Setiembre 1882. En el párrafo 9o del artículo
publicado en el diario ¿a Razón de hoy, esta¬
blecí también lo siguiente:
«Resumiendo todo lo dicho hasta aquí y con
las razones, las opiniones, los hechos y las es¬
tadísticas, puedo establecer sin temor de ser
contradicho la siguiente conclusión:
En los países donde la vacunación es obliga-
toi ia las epidemias de viruela parecen dismi¬
nuir: pero si antes de la vacunación la viruela
era solamente epidémica y se presentaba cada
40 ó mas años, desapareciendo después total¬
mente, después de la vacunación es casi perma¬
nente y endémica. Además la vacunación hizo
aumentar extraordinariamente, como ya lo he¬
mos probado, la mortalidad por otras enferme¬
dades, en una proporción que no es relativa al
número de los años precedentes ni al aumento
de la población, y eso á pesar délas mejoras
que se han introducido en las naciones por la
higiene etc. »
Publico ahora como prueba de lo ante dicho
la siguiente tabla que demuestra cómo la virue¬
la es permanente en esta ciudad, desde el año
1865:
Año
Muertos de
viruela [1]
Año
Muertos
viruela
1865
297
1874
16
1866
146
1875 (2)
21
1867
78
1876 »
182
1868
99
1877 »
444
1869
41
1878 »>
34
1870
45
1879
5
1871
1087
1880
4
1872
255
1881
296
1873
134
1882 (3)
445
«Actualmente, dijo Vaillant, la estadística no
se limita á presentar guarismos exactos sobre
una cuestión dada, sino que se impone otra ta¬
rea mas aun, cual es la de dar á conocer la re¬
lación de las causas que existen en todos los fe¬
nómenos mas notables de la vida pública y so¬
cial.» (4)
No han faltado vacunistas que han atribuido
á la vacunación hasta el poder de prolongar la
vida humana! A esto podemos contestar que
siendo la media de la mortalidad, en las princi¬
pales ciudades del mundo, la de un habitante
sobre 40, deberíamos tener aquí aproximativa¬
mente la misma proporción, mientras que se vé
por la mortalidad de los últimos años ser de
i por cada 35 habitantes, tomando por base la
(1) Yéase el articulo publicado en El Siqlo del 2de Agosto de
1871.
(2) Véase la Memoria de las reparticiones Municipales Mon¬
tevideo 1879— Pág. 19 y 31.
(3) Hasta todo el mes de Setiembre.
'4) Véase el articulo de estadística publicado en el número
2978 del diario El Si:j lo.
1 media mortalidad en los últimos 5 años y esto
! á pesar de las vacunaciones practicada úl¬
timamente.
Si la misma proporción continúa, entre po¬
cos años tendremos 1 sobre 32, ó menos.
Por todo lo espuesto concluyo pidiendo sea
libre la vacunación, y no obligatoria por medio-
de una Ley sancionada por la Asamblea ú otra
autoridad.
lie demostrado acabadamente en el terreno
de la Estadística medica que la vacunación ha
producido y produce males inmensos á la salud-
pública, pues es indudable que la vacuna no so¬
lamente ha engendrado enfermedades en per¬
sonas sanas, sino que ha hecho muchas incu¬
rables, aumentando las defunciones de tisis y
produciendo la viruela endémica ó permanente»
Pero sobretodo, basta el hecho de haber anar¬
quía y divergencia de opiniones en el terreno
de la ciencia médica sobre la bondad ó no bon¬
dad de la vacuna, para que no se haga obliga¬
toria, por medio de una Ley, la vacunación y
revacunación de los individuos. Esto solo bas¬
taría para dar poco ó ningún prestigio á la Ley
en cuestión.
Pero no es esto lo único. llago por el mo¬
mento caso omiso de todo lo demostrado y de
todo lo dicho, para hacer la siguiente pregunta,
que quisiera me la contestasen los partidarios
de la vacunación obligatoria: ¿Tiene el Estado
ó el Gobierno la facultad de imponer á los indi¬
viduos, so pretesto del bien social, un sistema
dado de curación?
Dados los principios del derecho político mo¬
derno, por los cuales se proclama como única
misión del Estado garantir la libertad indivi¬
dual ¿pueden los gobiernos obligar á los indi¬
viduos á que se vacunen contra sus propias
convicciones en el caso que tengan dudas sobre
la bondad ó no bondad de ese medio preservativo?
Indudablemente, no.
Arriba de todas las argucias de la escuela de
los Gobiernos paternales, están los principios
de justicia invariables, que en el caso que tra¬
tamos, no prescribe que los individuos se vacu¬
nen quieran ó no quieran, como tampoco pue¬
de obligarlos á que se curen por un sistema
dado. Con la teoría contraria tendríamos que
el mejor dia se le antojaría á los Gobiernos ó
Legisladores hacer una Ley, en nombre de la
salud pública, prohibiendo á los ciudadanos y á
los extranjeros también, Io no tomar alimentos
indisgestos; 2o no curarse por la alopatía sino
por la hidropatía ó vice versa, etc. etc.
En fin, por fortuna ya se acabaron los tiem¬
pos en que florecían estas teorías de interven¬
ción del Estado. Hoy, dados los principios del
derecho político, no se pone ya en duda el de¬
recho que tiene cada individuo de curarse co¬
mo quiera ó con el sistema que quiera, ó no cu-
rarse, si también tiene la peregrina idea de mo¬
rirse. como no se pone en duda tampoco, tra¬
tándose de religión, que cada uno tiene el de¬
recho de profesar cualquiera de las infinitas que
existen en el mundo.
Hay muchos módicos y estadistas que con¬
sideran á la vacuna como un mal de funestas
consecuencias para el individuo. Yo soy de
esa opinión. Para concluir ¿puede nadie obli¬
garme á que me vacune y vacune á mis hijos?
¿Puede hacerse una Ley en ese sentido?
No. Eso seria todo menos una Ley, seria
una monstruosidad, que no porque se haya
cometido en otras partes, deja de ser tal mons¬
truosidad.
Montevideo 27 de Octubre de 1882.
Dr. Wónner.
X — Las palabras necesarias contra la
vacunación
Señor Gerente de El Siglo.
Agradézcole de antemano la publicación de
este articulo, como le doy las gracias por haber
dado lugar en las columnas de este tan impor¬
tante diario, á mi primer artículo sobre vacu¬
nación.
Neutral ha sido siempre este periódico en las
varias discusiones científicas entabladas en
varias épocas: yo espero que lo será también
ahora y nada opondrá á la publicación de este
trabajo hecho por
S. S. S.
Dr. Wónner.
C/Vd., 2 de Noviembre de 1882.
Sr. Dr. Leopold.
Haleido Vd. mi trabajo de estadística en con¬
tra de la vacunación, pero paréceme que no ha
leido los otros que publiqué en los números del
22 y 27 del mes pasado en el diario La Razón,
En ellos jamas he citado á Vd.: me cita Vd.
ahora en el suyo, publicado en el número 5299
de este mismo diario; debo pues contestarle en
el número 5300, para ser ordenado.
Ante todo doy las mas espresivas gracias á
Vd. por su artículo, pues precisa y ansiosa¬
mente lo esperaba á Vd. ó á otro en el terreno
científico.
Me trata Vd. de inexacto en todo (1) hasta
en las cifras referentes á la mortalidad de esta
(1) La viruela no es endémica y permanente! Lea las noticias
recibidas el 31 del pasado por la' mala del Equateur: «i.a virueca
ESTA CAUSANDO GRAN NÚMERO DE VÍCTIMAS EN CÓNDRES.i el Centl'O Ur¬
bano mas clásico de la vacuna obligatoria en todo el mundo.»
Véase Ferro-Carril noticias por la mala. N.® 3982 (31 de Octu¬
bre,) pág. 1.® columna 3.» y linea 83.
ciudad? Sest írop fort. Debía haberlas rectifi¬
cado antes de negarlas.
Pero hay algo mas, y aquí repito á Vd. cuan¬
to publiqué en el número 1189 de La Razón
(Octubre 27 de 1882): disculpe la trascripción.
«Los hechos, dijo Castelar, son silogismos
vivientes que llevan al alma convicciones mas
profundas é incontrastables que las de otros
raciocinios. Pues bien á pesar de esta opinión
del gran escritor español, si ellos faltasen y me
faltase también el apoyo de los números, me
bastaría otro raciocinio moral mas grande que
todos los números y citas posibles.»
¿Sabe Vd. Dr. Leopold cuál es este racioci¬
nio? Es el siguiente:
« Nace el hombre, ser superior al bruto,
puro y sano aunque algunas veces algo en¬
fermo y débil; pues bien para, precaverlo y
DEJARLO INMUNE DE UNA ENFERMEDAD FUTU¬
RA É INCIERTA, SE LE INOCULA EL VIRUS, PUS,
ES DECIR EL PRODUCTO DE LA ENFERMEDAD DE UN
bruto enfermo! Este es un absurdo tal pa¬
ra mi que no se de que manera patentizarlo
mejor y ridiculizarlo, si no me viniese á la .me¬
moria, que el hombre con su soberbia, ha te¬
nido el atrevimiento de enmendar ¡as obras de
Dios!»
Este razonamiento mió está apoyado por la
ciencia, como Vd. verá.
Abordemos pues lacuestion científica, y des¬
de ahora declaro que será este mi último artí¬
culo contra la vacunación, pues ya he cansado
al público con este tópico. Ahora pertenece á
los Representantes y á la Asamblea de esta
Nación decidir aprobando ó desechando la ab¬
surda ley de la vacunación obligatoria.
Saluda á Vd. atentamente.
Su colega.
Dr. H ónner .
Fecha ut supra.
CONTRA LA VACUNACION
faz científica
En los tres artículos publicados en dos dia¬
rios de esta capital (2), abordó la cuestión va¬
cunación bajo el punto de vista de los peligros
y enfermedades engendradas por la vacuna¬
ción, y de las razones, hechos y estadísticas
contra de ella. Pero en este que llamaré artí¬
culo 4.° me voy á limitar únicamente á la faz
científica.
Con razones claras é innegables probaré que,
siendo el método homeopático el único científi¬
co y lógico, mientras que el método llamado
alopático es pura rutina y empirismo, capricho
(2) Números de La Razón del 22 y 27 de Octubre del 82, y
del Siglo 28 del mismo mes.
26 —
ó moda (1), ningún homeópata puede científica
y lógicamente admitir la vacunación para pre¬
servar al hombre de la viruela.
Dividiré este trabajo en tres partes:
1. a Pasteur y sus experiencias:
2. a Teoría de los Bacterios.
3. a Preventivos y preservativos , como con¬
clusión.
I
Pastear y sus experiencias — En un artículo
publicado en la Revue Cientifique del Dr. Paul
Bert, «discípulo de Claudio Bernard, profesor
del Colegio de Francia, ex-Ministro de Instruc¬
ción Pública» (2) y con todos los mas grandes
títulos que se le puedan conceder, los que no
servirían por cierto á dilucidar, mas ó menos,
la cuestión porque seria la opinión única de un
número uno y nadie es infalible, se dice lo si¬
guiente: « Los bellos descubrimientos del Sr.
Pasteur dan la esplicacion científica de la ac¬
ción preservadora de la vacuna. Se sabe que el
eminente experimentador ha producido artifi¬
cialmente la vacuna del carbunclo y del cólera ,
de las gallinas. » Esplicaremos mejor este
último período que es algo confuso.
El Sr. Pasteur ha ingertado el pus diluido de
un carbunclo maligno á un carnero para pre¬
caverlo de esa enfermedad y de la fiebre espié-
nica ó del bazo, á veces epizoótica en Francia:
los resultados fueron los siguientes: habiendo
á los pocos dias observado que en este carnero,
al que inoculó un microbo antracoide (infuso¬
rio) de los mas virulentos, no se desarrollaba
el carbunclo, concluyó como Jenner que, la
inoculación del antracoide diluido preservaba
los carneros de la enfermedad susodicha. En
vista de este descubrimiento dió á su procedi¬
miento el nombre de vacunación como home-
nage á Jenner.
Referiré otra esperiencia del mismo autor
para mejor establecer el hecho. «Cincuenta
carneros fueron puestos á mi disposición de los
cuales veinticinco fueron inoculados y los otros
veinticinco no lo fueron. Quince dias mas tarde
el mas virulento microbo antracoide fue inger¬
tado á los cincuenta carneros.»
« Los veinte y cinco ingertados precedente¬
mente resistieron á la infección, y los otros
veinte y cinco murieron de la fiebre esplénica
en el espacio de cincuenta horas.»
« Veamos ahora, dice el Dr. Garth Wilkin-
son (3) el valor de esta esperiencia, la que se
(1) La rutina y el empirismo se patentizan cía amente en el tra
tannento alopático de la viruela. El Dr. B.... asiste á sus enfermos
con el agua tria. Los dóctores C — y R. . . . con los baños calien¬
tes. Otro los coloca en un cuarto con las ventanas y puertas
abiertas; este otro con mucho abrigo y puertas cerradas. Pur¬
gantes, sulfato de quina, para la fiebre y otros remedios enérgicos
son empleados según la simpatía de tal ó cual facultativo: y el
resultado ordinario es ¿ . ?
(2) Véase el numero 5271 de F.l Siglo— Sección Científica (22
Octubre 1882).
(3) Biblotheqne Homeopathique— Abril 1882— París.
reduce á lo siguiente: Que los carneros inocu¬
lados con el antracoide diluido y después con
el antracoide el mas dañino y virulento no
mueren por esta última operación. Ellos están
protegidos contra de ello. Al contrario, los car¬
neros que no han sido ingertados con el antra¬
coide diluido y solamente con el antracoide vi¬
rulento, mueren sin excepción.»
« Pero esta esperiencia no demuestra que los
carneros, después de algunas semanas, meses
ó años, espuestos á la influencia natural del
antracoide ó de la fiebre esplénica, queden pro¬
tegidos contra ella y por consiguiente no es de
una demostración irrecusable.»
Dar este hecho como una prueba favorable á
la vacunación es una ofuscación de los vacunis-
tas: pero hay otra razón importante. En esta
experiencia se trata del idem in idem, es decir,
la enfermedad de un bruto enfermo en otro bru¬
to, del cual ignoramos el estado de salud. No es
la enfermedad de un bruto enfermo trasmitida
al hombre sano y ser muy superior á aquel y
dotado de razón para que sepa preservarse de
los peligros, nacido sin abrigo para que lo sepa
buscar y sin medios de defensa para que se los
procure.
Esos razonamientos derivados del bruto al
hombre , son poco favorables á los que los es¬
tablecen. En verdad que aquel nos da varias
enseñanzas en la vida material, en el cariño á
los hijos etc., pero en asuntos científicos ¿ellos
qué nos podrán enseñar?
Non bis in idem, decían los romanos y este
refrán cae perfectamente al caso de las espe-
riencias de Pasteur:
La naturaleza enseña que, los niños en parti¬
cular (4) suelen tener una sola ves ciertas en¬
fermedades, quizás necesarias en ellos, para
precaverlos de otras mas graves en la edad
mayor. Tales son el sarampión, la escarla¬
tina, la tos convulsa y otras; pero el vacunis-
ta, vacunando y revacunando, duplicando así y
triplicando otras veces las inoculaciones de
distintos virus por medio de la vacunación,
corrige la ley de la creación y es por eso que
las consecuencias son, en esos pobres niños,
gravísimas y probadas por la estadística.
Repetiré, entre tanto, lo que dice el citado
Dr. Garth Wilkinson: (5)
(4) Esta opinión que someramente hemos apuntado aquí, re¬
lativa á ciertas enfermedades propias do la infancia, y que los
niños suelen naturalmente tener una sola vez en la vida, para
preservarlos en la edad mayor de otras mas "graves, es la misma
de un eminente alópata el Dr. Bouehardat, Profesor de Higiene
en la Facultid de Medicina de París. En efecto, leyendo su Trai¬
te d'Higiéne edición 1881, pág. 952, hemos hallado lo siguiente :
« Ceux qui ont eu la varióle sont beaucoup moins exposés que
les indemnes ou non vaccinés . 11 en est de me'me pour la
rougeole, scarlatine, etc. Ces individus sont munis, par l’effet
d'une premie’re atteinte. d’une cuirasse pathologique » Esto es
exactamente lo opinión del Dr. Marqués de Nuíloz homeópata,
quien en 18GD dijo : « la vacuna es un paliativo pero no ataci la
causa eficiente de la enfermedad y por esta razón EL VACUNA¬
DO QUEDA EXPUESTO A REPETIDAS invasiones de viruela.»
—Criterio Medico, 18G9, pág. 32">.
(5) Véase Biblioth. Homeop. Abril 7 de 1882 París.
— 27
« Desde ahora podemos profetizar, por lo
sucedido á Jenner, que las enfermedades
antracoideas aumentarán en las epizootias fu¬
turas y los antracoides serán parte integrante
y constitucional de los ganados lanar, vacu¬
no y caballar de la Francia. Esta es la verda¬
dera deducción racional é histórica de las es-
periencias del Sr. Pasteur. »
Cabe aquí, al propósito, referir un hecho su¬
cedido en Turin en los años 1853 ó 1854. Ejer¬
ciendo yo la profesión médica en aquella ciudad,
se propagó la noticia de un importante descu¬
brimiento, decian, hecho por el Dr. Sperino,
quien aseguraba que sifilisando al hombre sa¬
nóle le preservaba de la enfermedad sifilítica.
Era siempre la misma teoria del idemin idetn.
Disparate mayor no podía concebirse y sin
embargo, se estableció en aquella ciudad un si¬
filicomio y se sifilisó en grande escala. Poco
duró en descubrirse esa falsa teoria viéndose,
á los cinco ó seis años, los terribles é innume¬
rables resultados que producía, y ahora ella
-está relegada al olvido sino al desprecio.
No dejaremos este párrafo sin hacer la si¬
guiente consideración : ¿ Quién podrá dudar
de la bondad y superioridad de la carne de esos
animales así ingertados? Será por cierto sa¬
brosísima . y los que la coman? .
El tiempo lo dirá: no esperaremos mucho.
2.® — TEORÍA DE LOS BACTERIOS.
Esta teoría muy moderna, basada en la ob¬
servación y deducida con el apoyo del micros¬
copio tiene por fundamento que, en muchas en¬
fermedades como la tisis, (1) la fiebre tifoidea,
el carbunclo maligno, y muchas otras, se des¬
cubren infusorios ó sean pequeñísimos insectos
especiales del género de los Nibronianos fa¬
milia de los Bacterides. Es probable que se
descubran también en la escarlatina, en la fie¬
bre amarilla, (2), así como se vé el Aearus en
las pústulas de un sarnoso.
Bajo esta faz es todavía mas grave el resul¬
tado de la vacunación,
El hombre está sano y no tiene Bacterios
traídos de la enfermedad de la vaca; se le in¬
troduce por la vacunación una cantidad de
ellos que . le van á modificar la sangre pro¬
pia que está sana.
¿Qué sucedería al hombre si se le ingertara
un Aearus diluido de la sarna, para precaverlo
de ella? Quedaría alterada, seguramente, su
sangre, ó mejor dicho, quedaría mas ó menos
sarnosa.
A este propósito traducimos del ya citado
'número de la Biblioth. Homeop ., página 310,
lo siguiente:
« Mr. George B. Jesse dice en el Morning
Post del 17 de Octubre de 1881 lo que sigue: —
(1) Tiene el infusorio Bacillus.
(2) En la fiebre intermitente se descubrió el Bacilus malariae.
Ya podemos esperar, (repite el Times ) que en
breve, diferentes formas de inoculación nos li¬
braran déla peste, de los furúnculos, de la fie¬
bre escarlatina, del sarampión, de la difteri¬
tis, del cólera y de otras enfermedades terri¬
bles. Y observad bien la espresion, podemos
esperar y en breve.
«Figuraos ahora la medicina moderna inocu¬
lando al hombre los Bacterios y Bacilus de to¬
das las enfermedades contagiosas que existen
en el mundo, sin excluirla sífilis. Representaos
á vuestros hijos ingertados con los parásitos
del Sr. Pasteur y convirtiéndose en otros tan¬
tos albañales ó depósitos infecciosos de todas
las enfermedades!!...»
« Y sin embargo, esta locura, este sueño de
ingertos está puesto á la orden del dia, ahora
que la fé en la eficacia de la vacunación, contra
la viruela, disminuye cada dia mas y, en mu¬
chas poblaciones los individuos prefieren incu¬
rrir en la -penalidad legal, mas bien que expo¬
nerse y exponer á sus hijos al peligro de infec¬
ciones por la lanceta del doctor. »
Y yaque hablamos de ingertos de Bacterios
es aquí el momento de preguntar á los aluci¬
nados con la moderna teoria, sino seria conve¬
niente, útil y hasta provechoso, especialmente
á los golosos, que se le ingertara al hombre al¬
gunas Trie hiñas (3) puras ó rebajadas (diluidas)
«au gout des acheteurs» . para que se
puedan comer con toda seguridad buenos ja¬
mones y morcillas sin temor de tener la Trichi-
nosisl
3.° — CONCLUSION,
Preventivos y preservativos:
Todos los homeópatas admitimos los preser¬
vativos para ciertas enfermedades, las epidé¬
micas sobre todo y únicamente usados en el
tiempo que ellas dominan.
En efecto ellos existen hasta en el estado na¬
tural del hombre. Yo cubriéndome con la ropa
necesaria me preservo delirio y me preservo
también del hambre comiendo los necesarios
alimentos: me preservo del sol con la sombra
de los árboles que la Naturaleza ha puesto en
toda la superficie de la Tierra, etc.
Y aquí se vé muy patente y clara como la luz
del dia, la ley de los contrarios, ley ó principio
que rige al hombre y su vida material en el es¬
tado de salud. Aplicar ese principio al hombre
enfermo (alopatía), es un grandísimo error, así
como aplicar el principio de los semejantes al
hombre en estado de salud. Pero no sucede lo
mismo con los preventivos.
Preventivo es aquel medicamento ó método
por el cual uno se prepara ó dispone su cuer-
(3) Animalito microscópico que se halla en los cerdos enfermos
y que tomado por el hombre sano se propaga con una asombrosa
rapidez produciendo la muerte en poco tiempo.
— 28 —
po, con anticipación, contra una enfermedad fu¬
tura, supuesta é incierta.
Tales son los purgantes que los alópatas
suelen ordenar á sus clientes ántes de empezar
los baños en la estación de verano, purgantes
que nada de bien suelen producir, pero sí un
mal seguro cual es la irritación intestinal; tal
fué la sifilisacion, sueño de Sperino, y tal es,
cierta é indudablemente la vacunación para
preservar al hombre sano de la viruela futura
é incierta; introduciendo entre tanto segura¬
mente en el hombre sano la materia virulenta
y los Bacterios de la vaca.
Y para hacer mas tangible la esplicacion, el
preventivo se asemeja exactamente á lo que
haría un viajero, quien debiendo atravesar el
desierto de Africa y sabiendo que por muc ?os
dias no encontrará allá agua, y que por esa fal¬
ta perecería de sed, ántes de emprender su via¬
je, se tomase un balde de agua podrida.
Las consecuencias de esta supuesta preven¬
ción, saltan á los ojos del mas ignorante. Tal
es la vacunación y los preventivos todos, nin¬
guno esceptuado.
Los preservativos, al contrario, son aquellos
que tienen la facultad de preservar al hombre
de una enfermedad especial, la cual conocemos
ciertamente como los homeópatas conocemos,
del mismo modo, la acción del preservativo por
las esperiencias en personas sanas; verdadera
base científica esta, de la homeopatía y los to¬
mamos mientras ya estamos espuestos á ella
ó sentimos algunos síntomas, sea de escarla¬
tina, cólera, fiebre amarilla, viruela, etc. por¬
que en tiempo de epidemia, todos estamos bajo
la influencia de ella, esplicándose esto por los
Bacterios que absorbemos por el aire ó bebe¬
mos con las aguas.
Los preservativos son en relación á la epide¬
mia, á su especialidad (l)y al individuo que los
toma, no habiendo por consiguiente preserva¬
tivos absolutos; por el contrario, la vacuna¬
ción decantada por los alópatas seria un pre¬
servativo absoluto (2) para todas las epide-
(1) La especialidad de los preservativos en relación á las epi¬
demias fue proclamada ya por Hahnemann— En efecto, en el ar-
tículo Bellad. pág. 492, edic. París 1834, dice: "la propiedad de la
Belladona do preservar de la Escarlatina:«pero el Acónito es mejor
cuando la escarlatina está reunida á la miliar pourprée .» De
este modo se esplica que para la viruela el Dr. Teste preconice el
Zincum como preservativo: (pág. 193)— Clematis por Nuñez ( Cri¬
terio Médico , 1869, pág. 223); Thuya por Beninghausen: Hidras-
tis por Wilkmson. Vease Hughes, pág. 70, edición Barcelona,
1878), Dulongia acuminala por otros médicos y hasta Saracena
por algunos alópatas.
(2) En apoyo de esta doctrina notamos lo siguiente:
En el diario La Razón del 28 de Octubre de 1882 se cita la opi¬
nión del profesor Bouchardat. Hemos buscado la página á que se
refiere el autor del artículo La linfa pura y hemos encontrado
que es exacta la cita. En efecto Bouchardat, Profesor de higiene
en la facultad de medicina de París, Miembro de la academia de
medicina, Presidente honorario de ía sociedad de medicina públi¬
ca y de higiene, Miembro del consejo de higiene pública y ae sa¬
lubridad del Departamento del Sena, etc. etc. etc., dice: On
sait aujourd’hui que la preservation n’est pas absolue, et que
elle varié suivant les hidiosyncrasies, suivant les attenuations
du virus et suivant d'autrés conditions difficiles d demoler .»
'frailé d’Higiene 1881 .
mias de viruela y para todos los individuos.
Ahora, pues, siendo innnogable que nada
hay de absoluto en la naturaleza, y sobre todo
en las enfermedades, que en relación á los indi¬
viduos son todas, diremos, algo distintas é in¬
dividuales, se vé claramente que la vacuna¬
ción, bajo este aspecto, es un preventivo absur¬
do y quimérico y no preservativo verdadero
tal como está establecido por el sistema curati¬
vo Hahnemaniano.
Fundado en los cuatro puntos principales
que son: l.°, la experiencia de los medicamen¬
tos ánticipadamente en el hombre sano, para
conocer los efectos que producen en él; 2.°,
aplicación de ellos en el hombre enfermo, por el
principio de los semejantes, que es el que rige al
hombre enfermo; 3.°, unidad de remedio y no
mezclas y brevajes; 4.°, pequenez de dosis, el
sistema homeopático es el mas lógico (3) y el
único científico que desde Adan ha existido
hasta la fecha.
Todos los demás pasados y presentes, son ó
fueron utopías, sueños, visiones con el resulta¬
do desgraciado que «mas fueron los que murie¬
ron por culpa de los médicos que por las enfer¬
medades.»
Hemos visto, según las teorías mas moder¬
nas, que los Bacterios y Microbos (animalitos
del tamaño de un doce milésimo de milímetro
de diámetro) son les productores, «las causas
eficientes de las enfermedades infecciosas y con¬
tagiosas (4) y sin embargo el médico alópata
las quiere destruir con dosis enorme de medi¬
camentos ¡Qué lógica! Tanto vale decir ó razo¬
nar del siguiente modo: En mi jardín hay mu¬
chas hormigas; las voy á destruir echándoles
toda la Europa encima!! ¡Qué locura, qué de¬
vaneo!
En conclusión y bajo cualquier aspecto que
se considere la vacunación, ella es un absurdo,
pura alopatía y contraria á todo raciocinio; de¬
biendo todos los homeópatas rechazarla, sien¬
do ella, como dice el ya citado Dr. Garth Will-
kinson, «la incoronacion de todas las violacio¬
nes de las leyes de Dios y de la naturaleza.»
Dr. Wónner.
(3) En el terreno de la lógica y en el de la caridad á sus colé -
gas, el Dr. Leopold ha sido pocofeliz. En efecto, leo en el número
5,188 del diario El Siglo un artículo de este facultativo que dice:
«es hecho indisputable de que la mayor parte de las enfermeda¬
des agudas como la neumonia crupal," erisipela, viruela, etc., etc.,
terminan de un modo cíclico sin intervención terapeútica de nin¬
guna especie.»
Establézcolc pues, al Dr. Leopold el siguiente dilema;
O casi todos los módicos alópatas sabiendo que la mayor parte
de las enfermedades son cíclicas, dando remedios sin necesidad,
son unos farsantes, ó todos esos médicos viendo la necesidad de
dar remedios reconocen la conveniencia y utilidad de ellos, des¬
mienten con los hechos toda la aseveración [falsa] del Dr. Leopold.
(4) Véaso El Siglo del 2 de Diciembre 1878, articulo Bacte-
riues.
29
ANEXOS
Croup
Adjuntamos á este trabajo una estadística que hi¬
cimos años atrás y ahora hemos completado por
medio de los libros de la Junta y los apuntes de la
Mesa de Estadística.
Suicidios
En varias partes hemos dicho que, desde que se
estableció la vacunación, se notó un aumento de
suicidios y que este aumento es progresivo, solamen¬
te en los países, donde ella es obligatoria. Como una
prueba reproducimos aquí una estadística que he¬
mos hallado en la página 127 de la obra ya citada
del Dr. Verde Delisle.
ESTADÍSTICA COMPARATIVA
De los fallecidos de la viruela y del croup, y otras
difteritis en el período de 34 años, en el departa¬
mento de Montevideo según los libros y docu¬
mentos municipales.
AÑOS
MUERTOS DE
|
AÑOS
MUERTOS DE
VIHUELA
CHOUP
vihuela
CROUP
1859
9
22
1871
1087
103
1860
107
9
1872 1
255
86
1861
27
22
1873 |
134
63
1862
27
33
1874
16
66
1863
191
58
1875
21
26
1864
137
39
1876
182
24
1865
297
74
1877
444
61
1866
146
85
1878 !
34
60
1867
78
40
1879
5
(1) 25
1868
99
43
1880
4
1869
41
70
1881
! 296
—
1870
l 45
61
1882
1 (2) 445
—
Lo que se observa en esta ciudad, se observa del
mismo modo en Inglaterra. — Véase la tabla si¬
guiente (3).
AÑOS
VIHUELA
CROUP
1860 .
2,749
8,555
1861 .
1,320
12,309
1862 .
1,628
12,272
1863 .
5,964
11,275
1864 .
7,684
8,520
1865 .
6,411
8,647
Ambas estadísticas prueban que mientras au¬
menta la mortalidad de viruela, disminuye la del
croup y vice-yersa. (4)
(1) Desde 1 .° de Enero á 30 de Junio.
(2) Hasta el 30 de Setiembre. Era nuestra intención dar comple¬
ta esta tabla relativa, pero hemos tropezado en un error ó descui¬
do lamentable, existente en los estados de mortalidad establecido
desde t.° de Julio do 1879 por el linado Sr. Vaillant.
El error ó deseuido es que se englobaron el croup y varias otras
distintas enfermedades con otras, haciéndose una confusión, de
cuyas resultas se tendrá que renovar toda la estadística desde l.°
de Julio 1879 hasta la fecha.
(3) Revista Homeopática Italiana, 1877, pág. 43. Ella está to¬
mada del Register General lieport.
(4) Esta suba y baja relativas de croup y viruela suceden idénti
camente en Francia. Así leo en el diario Le Siecie, número de
fecha o de Abril 1873, que «en los primeros dias de ese mes hubo
en Paris 7 muertos do viruela mientras que el croup y la angina
gangrenosa (diftérica) hacían estragos en forma epidémica ».
Pero si esta cita no basta, agregaremos la siguienie:
En los estados de mortalidadad de la ciudad de Paris, publica¬
dos deade el número l.° de Enero hasta el 30 de Setiembre de es¬
te ano 1882, en el periódico francés les Mondes, que, como cientí-
AÑOS
NÚM. de suicidas
AÑOS
KÚM. DE SUICIDAS
1827
1.542
1839
2.747
1828
1.754
1840
2.752
1829
1.904
1841
2.814
1830
1.754
1842
2.866
1831
2.084
1843
3.020
1832
2.156
1844
2.973
1833
1.973
1845
3.084
1834
2.078
1846
3.102
1835
2.305
1847
3.647
1836
2.340
1848
3.306
1837
2.443
1849
3.583
1838
2.586
Si se comparan las cifras de suicidios con la po¬
blación de Francia se verá lo siguiente:
AÑOS POBI ACION
1827.. 31:913.393
1831.. 32-566.934
1836.. 33:540.910
1841.. 34:236.178
1846.. 35:406.486
1.542=1 en 20.696 habitantes
2.084=1 » 15.624 »
2.340=1 » 14.333 »
2.814=1 » 12.164 »
3.102=1 » 11.412 »
Sífilis (5)
La ciencia ha constatado que un descuido ó ne¬
gligencia por parte de los encargados de inocular
la vacuna, suele acarrear funestos ó irremediables
males.
Un nuevo ejemplo de ese peligro lo tenemos en
la siguiente nota que publican los diarios bonae¬
renses y cuya lectura recomendamos á las personas
encargadas entre nosotros de la administración de
la vacuna.
El hecho á que se refiere, no reconoce otra causa
que el haberse procedido al exámende las pústulas
que daban el virus para reconocer su carácter bé¬
lico, es el mas importante y de fama universal, observamos las ci¬
fras siguientes :
MESES
VIRUELA
CROUP
Enero .
59
252
Febrero .
57
241
Marzo .
56
249
Abril .
96
214
Mayo .
82
213
Junio . . .
67
206
Julio .
78
204
Agosto .
29
154
Setiembre .
36
145
560
2888
( 3 ) Véanse las citas de este hecho en las páginas 11 y XG„
— 30
nigno ó maligno, antes de proceder á la vacuna¬
ción.
Hó aquí esa nota:
Buenos Aires, Mayo 15 do 1874.
Al señor Presidente de la Comisión Municipal.
El Consejo de Higiene tuvo conocimiento que en
la calle de Azcuénaga, núm. 52, casa de D. Lisan-
dro Luzuriaga, existía un niño de tres años y una
joven de diez y seis, vacunados hace treinta y siete
dias, y cuya vacuna presentaba caracteres anóma¬
los, por lo que resolvió trasladarse en cuerpo á la
mencionada casa y encontró que el informe era
fundado, pues las dos personas presentaban una
erupción y síntomas que revelan una infección sifi¬
lítica, causada ciertamente por la linfa empleada
en la vacunación.
El Consejo ha sabido al mismo tiempo que con la
misma linfa han sido vacunadas diez ó quince per¬
sonas más y que es esta la que se emplea en la ad¬
ministración de vacuna humana y cree de su deber
ponerlo en conocimiento do la Municipalidad, para
que se sirva disponer que suspenda toda vacuna¬
ción, hasta que el Consejo provea de una fuente
más pura que no produzca los terribles males que
se denuncian.
Dios guarde al señor Presidente,
LUIS M. DRAGO.
J. Dillon .
( El Siglo, Mayo 23, 1874).
Academia Homeopática Española (I)
Hace poco tuvo lugar la sesión inaugural de la
Academia homeopática española, celebrada para so¬
lemnizar el 111.° aniversario del natalicio de ffanhe-
mann , á cuyo acto asistió numerosa concurrencia,
entre la cual brillaban importantes hombres políti¬
cos y algunos literatos El Sr. Zoilo Perez estaba
encargado de leer un dicurso sobre este interesantí¬
simo tema: «¿Es de verdadera ó incontestable utili¬
dad la vacunación?».
Antes de leer nuestro amigo ol Sr. Perez su dis¬
curso, había leído otro muy bien escrito el secreta¬
rio general do la Academia Sr. Urdapilleta, relativo
á los trabajos y propósito de la corporación en el
año anterior, y en él hizo mérito, entre otras cosas,
del eminente servicio que prestó á Madrid durante
la última invasión del cólera, la asociación de Ami¬
gos de los Pobres, cuya sociedad cada dia adquiere
mayor prestigio, á pasar do la apasionada opinión
que acerca de su filantrópico objeto y su sublime
abnegación so haya permitido emitir en pleno Par- j
lamento un ministro de la coroaa, que por lo visto
no conoce tan elevados sentimientos.
El discurso del Sr. Perez, cuya lectura fue el
gran acontecimiento de la sesión, y respecto del
cual pensamos que, por el trascendental asunto á
que lo consagra, merece llamar mucho la atención
de los hombres de ciencia y de los hombres de Es¬
tado, nos pareció no solo notablo b3jo el aspecto de ¡
obra facultativa, nutrida de datos dignos de medita¬
ción y exámen, sino también en ol concepto litera- i
rio. Descubro en él desde luego el señor Perez, que
(I) Este articulo fue reproducido en el número 328 de El Siglo,
fecha Junio 9 de (866.
cultiva con éxito además do la medicina, la filosofía
do los hechos que se producen en los momentos so¬
lemnes de la historia, y apreciando como un acon¬
tecimiento científico, como una manifestaccion del
génio del progreso la aparición de Hanhemann en
la hora suprema en que la sociedad antigua se des¬
pojaba del secular sudario de la autoridad, en el
crítico instante en que la humanidad regenerada
por la conciencia de su inmortal derecho, se apres¬
taba á romper toda la tradición de errores que la
oprimía, presta un tributo de admiración y respeto
á esos héroes sublimes de la ciencia, ardientes ado¬
radores de la verdad, que aparecen en el mundo
cuando son oportunas las grandes trasformaciones,
y que muchas veces sucumben en la gigantesca
lucha contra la preocupación, calumniados casi
siempre por sus contemporáneos.
Plácenos sobre manera, é infunde en nuestra al¬
ma inmenso consuelo, oir en el austero recinto de
las ciencias la apoteosis del progreso, la consagra¬
ción do este dogma en cuya infalibilidad nada más
creemos, porque basta para inspirarse en él para
adquirir íntegra, perfecta ó inquebrantable la no¬
ción del derecho y de la justicia, la idea absoluta de
la libertad, principio orgánico, esencial y genera¬
dor de todas las verdades de cuya aplicación depen¬
de la solución de esos pavorosos problemas que la
escuela estética prosenta como términos de la cues¬
tión por eselencia « la cuestión de órden ».
Respecto á la esencia del discuso leído por el £r.
Perez, ajenos nosotros al conocimiento de la ciencia
módica, nos limitaremos á enunciar que juzgamos
de vital interés para la humanidad resolver la tesis
propuesta por el autor; que los facultativos deben
fijar su consideración especialísimamente en ese
punto capital, que tanto afecta á la salud pública, y
que el gobierno mismo, puesto que en España to ¬
davía el gobierno lo es todo, tiene el altísimo deber
de invitar á todas las corporaciones científicas á
ocuparse de una tan grave cuestión para los aman¬
tes del bienestar de su especio. Grave y delicado es
el asunto que sirvió de tema al Sr. Perez, y se
presta á serias preocupaciones por la influencia que
debe ejercer sobre los padres de familias la idea
sostenida por un profesor de medicina estudioso,
idea que ya hac9 años sostuvo en la Academia de
Medicina de Paris un sabio ilustre, acerca «de los
funestos cuanto perniciosos resultados que la vacu¬
na está produciendo en el mundo .»
Sin prejuzgar nosotros, ni siquiera emitir un jui¬
cio concreto sobre tan delicada cuestión, afirmamos
sin embargo, que las conclusiones del S. Perez nos
impresionaron vivamente, llenándonos de terror la
sospecha, de que por medio de la vacuna se inoculo
un virus mortal en la sangre de nuestros hijos, en
la descendencia toda deosta generación, ya por tan¬
tos títulos infeliz, y doble infortunada si hallándo¬
se en la hora crepuscular de un dia de completa
verdad, hubiese visto lucir su espléndida magnifi¬
cencia cuando ya habió dejado en aquella el germen
de la muerte.
No pudiendo estendernos, por la índole de este
trabajo, en la serie de consideraciones á que se
presta el discurso del Sr. Perez, á quien por él en¬
viamos la mas cordial enhorabuena, invitando así
mismo áque lo amplié y en oportuna forma lo pu¬
blique y propague, creemos que agradecerán nues¬
tros lectores, y que prestamos un servicio á la cien-
31
cia compendiando las proposiciones quo se propu¬
so demostrar.
«l.° Que la viruela es una crisis orgánica, algunas
veces terrible y violenta, y necesaria pero saludable
constantemente ;
2. “ Que está vedado por todas las leyes fisiológico-
palológicas oponerse á esa elocuente manifestación
do la naturaleza ;
3. ° Que la vacuna no es aún conocida como enti¬
dad patológica, siendo muy peligroso introducirla
en el organismo humano;
4. ° Que no impidiendo la vacuna, en muchos ca¬
sos, la manifestación de la viruela.se introduce con
ella una enfermedad en el individuo, bajo la pro¬
blemática probabilidad de preservarle de otra
menos dañosa que el medio profiláctico empleado ;
5. ° Que cuando se vacuna de brazo á brazo, se
introducen en la economía del individuo todos los
miásmas crónicos, todos los virus de quo está sa
turado el organismo del que se estrae la vacuna;
6. ° Que por confesión de sus partidarios la vacu¬
na solo preserva temporariamente;
7. ° Que oponiéndose la vacuna al desarrollo de la
viruela, cuando la naturaleza tiene necesidad de esta
crisis, abre paso á enfermedades tan terribles, co¬
mo la tisis pulmonar y mesentórica, el croup , la
fiebre tifoidea y otras muchas.»
De lo expuesto deduce el Sr. Perez, y con la ener¬
gía de su carácter, con la firmo lealtad de una con¬
vicción sincera, afirma, «quo la vacuna es verdade¬
ramente perjudicial á la especie humana, y que es
un deber de ciencia y de conciencia el combatirla á
todo trance.» Felicitamos á nuestro amigo por el
celo humanitario que ha mostrado en este último
trabajo, dando una nueva prueba de lo que val9
como médico estudioso y pensador.
('La Iberia , do Madrid/1.
— 32 —
RECHAZO, EN LA CÁMARA DE REPRESENTANTES, DEL PROYECTO DE LEY DE VACUNACION OBLIGATORIA,
SEGUN CONSTA DEL SIGUIENTE EXTRACTO QUE COPIAMOS DEL NÚMERO I 195, FECHA 4 DE NOVIEMLRE DE
1882, DEL DIARIO «LA RAZON», PÁG. 2a, COLUMNA 2a.
Cámara de Representantes
SESION DE AVER
Presentes veinte y nueve Diputados y bajo la presidencia del Sr. Bustamante, se abre la sesión á las
2 de la tarde.
Por indicación do la mesa, pasa la Cámara á cuarto intermedio.
Vueltos á la sala, éntrase á la discusión del proyecto de Ley presentado por la Comisión do Legisla¬
ción, declarando obligatorias en toda la República la vacunación y la revacunación.
Hacon uso do la palabra los señores Mayo!, Freire, Arostogui, Idiarte Borda, González Rodríguez y
Fernandez (V).
Dado el punto por discutido, se vota el artículo primero del proyecto de la Comisión y es rechazado,
lo mismo que una modificación propuesta por el señor Mayol.
Es sancionado el siguiente proyecto sustitutivo, propuesto por el Sr. Fernandez (V.J :
Artículo l.° El P. E. invertirá de las rentas generales la suma de 10,000 $ anuales con el esclusivo
objeto de propagar la vacuna.
Art. 2.° El P. E. reglamentará la presente Ley.
Pásase nuevamente á cuarto intermedio.
Señor Gerente do El Siglo.
Estimado señor :
Presente.
Suplico á Vd. se sirva insertar en el primor número de ese tan importante diario las siguientes lí¬
neas, favor que espera de Vd. su atento y S. S.
Dr. Wónner.
S/c., 6 do Noviembre do 1882.
Sr. Colaborador de La Razón : Vd. no es médico y menos homeópata. Pero los dos unidos nos hemos
hallado en el terreno de la verdad y hemos ganado una descomunal batalla, contra la falange de los vacu-
nistas á la fuerza. La ley de vacunación obligatoria ha sido rechazada por la Cámara de Representantes.
Hurrah, pues y tres veces Iíurrah! Uno á la libertad y á la verdad que no pueden siempre comprimirlas
las influencias de círculo ó do personas; otro á los Sres. Representantes que justamente rechazaron et
proyecto de esa absurda ley, y por último á las familias y á todos los que no son vacunistas.
Permítame Vd., señor, que publique de nuevo todos juntos los brillantes artículos que Vd. ha es¬
crito en eso periódico y los agregue al folleto quo voy á imprimir contra la vacunación.
De Vd. atento y S. S.
Dr. Wónner.
C/de Vd., Noviembre 5 de 1882.
Esta carta ha sido publicada en los siguientes diarios, con fecha 7 de Noviembre de 1882: núm.
5303 de El Siglo, núm. 1489 de La Colonia Española, núm. 247 de Vitalia, núm. 1197 de La Razón,
núm. 564 de La Democracia y con fecha 8 de Noviembre en el núm.0 3988 do El Ferro-Carril.
A esto contestó el colaborador do La Razón con las siguientes líneas, que vieron la luz en el núm.
1198 del referido diario :
Concedido
Sr. Dr. D. Estóban Wónner.
Mi estimado señor :
Agradezco sus benévolos conceptos y aunque creo que no merecen ser reproducidos los artículos á
■que Vd. alude, queda autorizado para reimprimirlos.
Su atento S. S.
El Colaborador de «La Razón».
S/C., Noviembre 7 de 1882.
Aunque sepamos de lastimar la modestia de ese colaborador, no podemos menos de hacer público su
nombre, que es: Carlos M. de Pena, uno de los jóvenes abogados mas ilustrados del foro Uruguayo.
Artículos acerca de la vacunación obligatoria, publicados por el
Dr. D. Carlos M. de Pena, uno de los mas ilustrados Redac¬
tores de «La Razón».
- -
La vacuna (1)
ESTADO ACTUAL DE LA CUESTION
Se ha iniciado on la Cámara de Representantes
la discusión general del proyecto de ley que hace
obligatoria la vacuna y la revacuna de una mane¬
ra permanente y para todo el territorio de la Repú¬
blica.
La Comisión de Legislación creyó prudente oir la
opinión de algunos médicos distinguidos, y confor¬
mándose con ese dictamen profesional aconseja en
mayoría la sanción del proyecto que establece la
vacuna y revacuna obligatorias.
El estrado, que se ha publicado, de la discusión
general del proyecto, denuncia la disconformidad
de opiniones do los que legislan, y tratándose de
cuestiones que afectan á todo el mundo, que intere¬
san directa y profundamente la salud pública y
la higiene general, no os posible dejar de interve¬
nir en el debate que bajo auspicios nada lisongeros
se inicia en los altos del Cabildo.
— Viva la Suizal esclamaba lleno do júbilo el
eminente profesor A. Vogt, de la Universidad de
Berna, al conocer el resultado del plebiscito que re¬
chazó la ley de la vacuna obligatoria.
Las Camaras legislativas habían votado en Enero
del 82 una ley sobre epidemias. En esa ley se decla¬
raba que la vacuna era obligatoria. La Constitución
Suiza del 71 dispone que las leyes federales deben
ser sometidas á la aceptación ó rechazo del pueblo,
si la petición se formula por 30,000 ciudadanos en
los 90 días después de la promulgación.
Pusiéronse en campaña los anti vacunistas á cu¬
ya cabeza se encuentran Vogt y el elocuente con¬
sejero nacional Schrenchrer, y se formuló la peti¬
ción, siendo tan numerosas las adhesiones que el
31 de Mayo, dos dias ántes de concluir el término
legal, 78,938 ciudadanos reclamaban la apelación
al pueblo. Se hizo el llamado al pueblo y el resul¬
tado fue el siguiente :
En favor de la ley que establecía la vacu¬
na obligatoria . 62,554
Contra la ley . 225,730
Se dirá que este resultado numérico no responde
á un exámen científico, y que no es el voto popular
el más habilitado para desmentir las experiencias
de casi un siglo. Se equivocan los que piensan que
una gran parte del pueblo Suizo ha votado á ciegas
en esta coestion. Estensa es la bibliografía de los
0) Artículo publicado en La Razón, N.» 1 1 82, fecha 19 de Octu¬
bre de 1882.
libros, folletos y panfletos en pró y en contra, pu¬
blicados con motivo de la ley sanitaria. Añádase la
prensa diaria y periódica y las conferencias públi¬
cas que han contribuido á formar opinión, y nótese
que lo resuelto es simplemente: que no debe ser
obligatoria la vacuna.
Las preocupaciones contra la propagación de la
vacuna son numerosas. Constituyen una barrera
que no ha podido suprimirse, ni aun mediante
leyes coercitivas.
Las preocupaciones no están solas en el campo
del debate. Se discuto acerca de la eficacia de la va¬
cuna y de las consecuencias de su inoculación. Son
muchos y muy respetables los sábios que no creen
en la eficacia de la vacuna, no ya como inmunidad,
ni siquiera como preservativo que atenúa el mal, y
son muchos también los que apuntan peligros va¬
rios en la inoculación del virus de brazo á brazo.
Una ley inglesa ÍDr. Cameron’s BillJ confirmando
la ley de vacuna obligatoria sancionada en 1867,
deja al padre de familia la libre elección entre la
vacuna animal y la vacuna de brazo.
Los módicos y los higienistas, los naturalistas y
químicos más eminentes que han abordado el pro¬
blema en estos últimos tiempos,— podríamos decir
en estos últimos dias, — están divididos en dos ban¬
dos : vacunistas y anti-vacunistas: jennerianos y
anti-jennerianos. Estamos en vísperas de conocer
el resultado de las discusiones acerca de esta cues¬
tión en el Congreso de Higiene reunido en Ginebra
recientemente.
Se dirá que la cuestión está sin embargo resuelta
por una experiencia constante, fundada en las esta¬
dísticas mejor llevadas, y favorable á la vacuna
obligatoria.
Se han constituido congresos de anti-vacunistas,
y funciona permanentemente una asociación titula¬
da « Liga internacional de anti vacunistas», que ha
recibido adhesiones muy importantes de módicos,
estaditas y sábios de todo el mundo. El primer
Congreso de la Liga tuvo lugar en París en 1880; el
segundo en Colonia, en Octubre del 81. Existe en
Londres una sociedad consagrada á obtener la abo¬
lición de la vacuna obligatoria; figuran en esa so¬
ciedad notabilidades médicas, miembros del Parla¬
mento y personas do reputación en las ciencias bio¬
lógicas. Son muchos los profesores alemanes que
trabajan para abolir la vacuna obligatoria, que exis¬
te desde 1807 en algunos estados y que después de
decretarse en otros, se convirtió en 1874 en ley pa¬
ra toda la Alemania.
Estos antecedentes bastan para que se reconozca
la trascendencia de la cuestión que tiene entre ma¬
nos la Cámara.
— 34
Todo lo que se relaciona con la salud pública, en¬
cierra un problema social á que deben consagrarse
con preferencia todos los esfuerzos de los hombres
de buena voluntad.
* Si el hado, la astucia, la fuerza, el dinero, ó el
voto público os han llevado á las cimas del gobierno,
decía Disraeli, rescatareis la mancha del pecado ori
ginal de vuestro empleo, sirviéndolo con toda de¬
voción, independencia y energía. Y si ni la suerte,
ni la fortuna, ni la abyección os llevaran jamás á
abriros con ganzúas las puertas del parlamento,
soportad la desgracia con olevaciou de ánimo y
fiando todo á la autoridad de vuestra convicción y
de vuestra palabra, lanzadlas al mercado para que
se abra paso en el veredicto de la opinión. »
La prensa debe suministrar con toda independen¬
cia y con rigorosa imparcialidad los datos necesa¬
rios, para que la conciencia pública pueda dicernir
el pró y el contra en esta grave ó importante cues¬
tión déla vacuna y revacuna obligatorias.
Montevideo y algunas otras ciudades del interior
sufrieron en ol año pasado y á principios del presente
una epidemia de viruela con caracteres alarmantes.
Algunas corporaciones oficiales y algunos particu¬
lares se ocuparon activamente de propagar, como
preservativo, la vacuna y de inocularla. Pero nada
se hizo para averiguar las causas probables del ex¬
traordinario desarrollo de tan horrible contagio. La
mortalidad de virulentos fuó enorme, pero ninguna
corporación ni autoridad pública se preocupó de
investigar las circunstancias que mas contribuían
á la recrudescencia en determinados barrios, y na¬
die se ocupó de constatar los caracteres mas co¬
munes de esa epidemia que enlutó á numerosas
familias.
La apatía y la torpeza de nuestra burocracia ha-
ragana nos privarán en este debate de los datos mi¬
nuciosos y bien comprobados con que pudieron
ilustrarlo corporaciones, que no tienen otro come¬
tido que la salubridad y la higiene pública.
No basta invocar la existencia de leyes que impo¬
nen la vacuna ni citar en globo las estadísticas. A
eso llama el presidente de la Liga internacional
anti-vacunista « la rutina clásica ó jenneriana ».
Es necesario suministrar ante el público todos los
elementos que constituyen hoy el debate.
Nuestros antepasados á principios de este siglo
1807), fueron, según es fama, librados del horrible
flagelo quo do años atrás diezmaba la población de
Montevideo y su campaña, debido á la introduc¬
ción en esta plaza del virus jenneriano. Hasta en¬
tonces era desconocido el preservativo de la vacu¬
na. D. Antonio Machado, un armador, trajo la va¬
cuna á Montevideo. Propagóla el Cabildo inmedia¬
tamente y con el mejor éxito. Las crónicas refieren
que jamás se presenció después una epidemia tan
horrorosa como las que antes de la vacunación de
1807 se habían sufrido en la plaza.
El Cabildo acordó un premio á Machado, y como
una esclava habia puesto su brazo al servicio de
Buenos Aires, ofreciendo á los porteños buen nú¬
mero da pústulas, el Cabildo acordó también la li¬
bertad de esa esclava.
Queríamos dejar al lector bajo esta buena impre¬
sión, preparando el camino para entrar á la exposi¬
ción de argumentos y cifras y á la cita do alguna
ley quo pueda estar a nuestro alcance y sirva para
ilustrar la cuestión.
Abrimos nuestras columnas al debate, mante¬
niendo la neutralidad de nuestras opiniones, y
concretándonos á trasmitir al pueblo los anteceden¬
tes ó datos de que hemos podido hacer caudal.
Faz « Lírica » en la cuestión de la
vacuna obligatoria (1 )
En los tratados más comunes de higiene (habla¬
mos do trataditos do 1,350, ó de 2,096 páginas en
8.° mayor - J cuando se llega á la vacuna y re¬
vacuna, después de largas disertaciones sobre la
teoría de los gérmenes, se encuentran frases im¬
pregnadas de lirismo que sirven admirablemente
para ilustrar y deslumbrar á los lectores médicos y
á los profanos.
Hó aquí una muestra: «No es este el momento de
rehacer la historia de la vacuna y describir los pro
cedimientos de inoculación, conservación, etc., mu¬
cho menos nos detendremos en demostrar la efica¬
cia de la vacuna ó en defenderla contra las imputa¬
ciones fantásticas de que ha sido objeto de parte de
algunos espíritus, aficionados á la hipótesis, á la
contradicción y á la paradoja. «Y para rematar el tra¬
bajo ilustrativo se agrega: «la Academia de Paris se
ha declarado unánimemente partidaria de la vacuna
obligatoria, y el congreso internacional de higiene
celebrado en Turin en 1880 ha emitido, casi por una¬
nimidad, un voto favorable á la vacuna y revacuna
obligatorias. Además _ la estadística de todas las
naciones europeas, ántes y después de la vacuna
jenneriana es decisiva.» A todo eso llama el doctor
Boóns, (uno de los leaders mas entusiastas de la
liga anti-vacunista de Colonia) la rutina clásica, ó
sea la música jenneriana , ó como dicen otros fu¬
riosos anti-vacunistas « música celestial de la va¬
cuna ».
Parece que el Dr. Jonner murió creyendo que el
cow-pox, ó sea viruela de vaca, de cuyas pústulas
se extrajo el pus llamado vacuna, provenía de una
enfermedad peculiar al caballo (horse pox J tras¬
mitida á la ubre de las vacas por los mozos que las
ordeñaban, sin lavarse las manos que habían tocado
ántes el pus que padecían algunos caballos en los
asientos de manos y piés y fué en las manos y bra¬
zos de algunos de esos mocetones de cuadra y de
algunos vaqueros ó tamberos, que se hizo el ha¬
llazgo de la vacuna, encontrando pústulas seme¬
jantes á los granos de la viruela y advirtiendo que,
en medio do las horribles epidemias que diezmaban
á los ingleses, las personas consagradas á aquellas
tareas y afectadas de aquellas pústulas no eran ata¬
cadas generalmente.
Después de numerosas experiencias y laboriosos
estudios acerca de la inoculación del mismo pus de
la viruela, siguiendo el principio homeopático de
quo Similia similibus curantur, que en lengua
vulgar quiero decir que, un clavo saca otro clavo...
si no quedan los dos adentro, se dió por fio, con la
vacuna en 1798, y honores, dinero, estátuas, diplo¬
mas fueron la recompensa inmediata de Jenner,
proclamado como el bienhechor de la especio hu¬
mana.
No hay lengua capaz de describir el júbilo inmen-
fl) Artículo publicado en La Razón Núm. 1186, fecha Octubre
24 de 1882.
3o —
so, las dádivas magníficas, los munificientes favo¬
res otorgados al inventor. Un vacanófilo ha dicho
que hasta ahora no vió el mundo una ovación mas
unánime y estrepitosa, mas universal y mas rura -
bosa. Ningún invento cundió mas pronto por el
mundo. La célebre czarina Cataiina II, que por puro
amor á la humanidad ó por preservar su hermosu
ra de los estragos del flagelo, consintió en inocular
se la viruela, fue de los primeros soberanos en dar
el ejemplo á sus vasallos, aplicándose la vacuna y
obsequiando á Jenner con urj magnífico diamante.
El Parlamento inglés, amen de un voto de gracias,
le mandó resalar 10,000 libras esterlinas y todavía
suplicó d la corona que añadiese 500 libras mas.
¿Y quién hay que no recuerde el entusiasmo con
que acogieron el descubrimiento de la vacuna algu¬
nos módicos filántropos, españoles, llegando hasta
organizar una espedicion marítima dirigida por don
Francisco Javier de Balmis, módico de la Cámara
de su Magestad?
En una mañana de Noviembre de 1803 un el puer¬
to de la Coruña, á bordo de la corbeta María Pita ,
eran colocados 22 niños de pecho, robustos, con sus
rollizas amas de cria, á los cuales se los fue inocu¬
lando, durante el viaje, el fluido vacuno. Esa espe¬
dicion venia destinada á América.. . y costó la vida
á casi todos los médicos espedicionarios, que según
parece, ostaban revacunados! Fue con motivo de
esta heroica espedicion que el gran poeta Quintana,
compuso aquella célebre oda que comienza así:
¡Virgen del mundo, América inocente!
oda que durará tanto como la viruela, ó como la
vacuna.
España nos habia traído entra otras cosas, la vi¬
ruela. El poeta español se hacia eco de ladesolacioD
que el contagio habia producido en América, y des¬
pués de espresar sus lamentos, esclama:
« Con tales quejas el Olimpo hería,
Cuando en los campos de Albion, natura
De la viruela hidrópica al estrago
El venturoso antídoto oponía.
La esposa dócil del celoso toro
De este precioso don fué enriquecida,
Y en las copiosas fuentes le guardaba,
Donde su lecho cándida á raudales
Dispensa á tantos alimento y vida.
Jenner lo revelaba á los mortales:
Las madros desde entonces
Sus hijos á su seno
Sin susto de perderlos estrecharon,
Y desde entonces la doncella hermosa
No tembló que estragase este veneno
Su tez de nieve y su color de rosa.
A tan inmenso don agradecida
La Europa toda en ecos de alabanza
Con el nombre de Jenner se recrea;
Y ya en su exaltación le eleva altaros,
Donde á par de sus genios tutelares
Siglos y siglos adorar le vea. »
Tal es la apología de la vacuna. El entusiasmo
vacunífero llegó á tal punto, que hasta los caprichos
de la moda tuvieron que ajustarse á la acogida va-
rorable quo encontró en todas partes el virus rege¬
nerador. Así se veian en las ciudades principales,
hombres, mujeros y niños vistiendo trajes á lata-
cuna , sombreros y zapatos á la vacuna , según re¬
fiere la crónica andariega.
Tras los fanáticos vacunistas vinieron los fanáti¬
cos anti-vacunistas ó los vacunófobos , y se dijo des¬
de el pulpito que, al patriarca Job le habia inoculado
el demonio la viruela, y so armaron contra la vacu¬
na varios procesos en que figuran declaraciones
como aquellas de las brajas que subian por el aire
á la carrera á ensartarse en la flecha del Espíritu
Santo colocada en la cúpula de una iglesia espa¬
ñola, donde se daban citas con el mismo Satanás.
Tambiense dijo, desde los primeros dias del famo¬
so hallazgo de la vacuna, que el mismo glorioso in¬
ventor dudaba de su bondad, habiendo llegado á
reconocer que la inoculación del virus vacuno oca¬
sionaba enfermedades mas ó menos peligrosas.
Preservaba de la viruela, pero producía fiebres,
erisipelas, escrófulas, y podía inocular gérmenes de
alguna enfermedad peculiar á la res vacunífera,
como el carbunclo, etc.
Acabamos de leer que se han hecho en la prensa
de Londres revelaciones muy importantes acerca de
las esperiencias que realizaba el mismo Jenner y del
empeño que ponía para impedir que se publicaran
estudios que hacían dudoso el éxito proclamado por
los primeros observadores del virus vacuno.
Ahora so discute con mas libertad en estas mala¬
rias y se publican cifras de la estadística oficial con
comentarios en sumo grado desfavorables á la va¬
cuna y revacuna obligatorias, y se vá hasta la fuente
misma, del virus, sometiendo la vacuna al micros¬
copio y encuadrando el estudio del ccw-pox en la
teoría de los gérmenes, tan socorrida con los pas¬
mosos descubrimientos de Pasteur y otros sábios.
Pero puede bien suceder, dice un higienista, que
esta cuestión de la vacuna siga la misma evolución
que la de la gelatina, preconizada por años y años
como sustancia nutritiva de primer orden, llegando
á producir el fanatismo gelatinoso, víctimas del
cual perecieron de consunción, muertos de hambre,
muchos pobres enfermos en hospitales afamados!...
concluyendo por persuadirse los mas, que un poco
de estopa podia reemplazar la gelatina en el estó¬
mago de los pacientes, sin que eso alterase la
nutrición que recibían.
No incurriremos en la temeridad de prestar nues¬
tro asentimiento al dictámen del higienista mencio¬
nado. En nuestro papel de narradores nos concreta¬
mos á trasmitir esa duda, dando con ella punto á la
faz lírica do la vacuna.
La linfa pura (1)
Somos narradores, nada mas. Lo digimos al
empezar y lo repetimos ahora. Hay personas que
prestan á los números una autoridad desmedida.
Para ellas una estadística, bien ó mal llevada, lo de¬
cide todo. Ven números en columnitas y casillas y
esclaman: « esto es irrefutable; las cifras han ha¬
blado con una elocuencia brutal; nada hay mas elo¬
cuente que las cifras; creed ó reventad. »
Oh! pero se ha visto muchas veces y en asuntos
tan delicados como el de la vacuna, que las cifras
no son otra cosa que manequíes, pudiendo mane¬
jarlas á su arbitrio cualquier sofista, cuando se
obtienen por imperfectos procedimientos, ó se les
atribuye una significación que no tienen, ó se les
separa de otras cifras complementarias: ó se des-
(I) Publicado en La Razón, núni 1 190, 28 de Octubre de 1882.
36 —
caída la enumeración de hechos simultáneos ó pos¬
teriores, ó la de causas eficientes ó secundarias.
En la cuestión de la vacuna hay cifras en pró y
cifras en contra. Hay mas: hay exámen de las cifras.
¿Para que ocultarlo? y el exámen arroja conclusio¬
nes dudosas, que requieren una estadística comple¬
mentaria.
El ejemplo de los módicos de Londres debe tener
imitadores aquí. Es por la observación escrupulosa,
metódica y cada día mas ilustrada por la crítica cien¬
tífica, que se ha llegado allá á constatar, en la clíni¬
ca de virulententos y vacunados, la persistencia de
la erisipela, ya observada en los albores de la va¬
cuna por su propio descubridor, y que negaban por
preocupación, por rutina, ó por sistema algunos
vacunistas. No comprendemos como sedá en Mon¬
tevideo por resuelto sin apelación, un problema
que en sus elementos principales está á la orden
del dia entre las notabilidades médicas del mundo
científico y en el centro urbano mas clásico de la
vacuna obligatoria.
No se comprende que haya anti-vacunistas por el
puro gusto de serlo. No se concibe que haya quien
se esponga á morir*e, quedándose premeditada
mente sin vacuna. ¿Por qué se han constituido en
Alemania, Bélgica ó Inglaterra ligas anti-vacunis¬
tas?— ¿Por qué son muy bárbaros por allá?— En In¬
glaterra se ha tomado con tanta abnegación la abo¬
lición de la vacuna obligatoria, que el Comité de
investigación constata, que en 1876 tuvo lugar un
ruidoso proceso ante la Corte de su Magostad, pro¬
vocado por las resistencias de un consejo parroquial
ó de distrito que se había rehusado á proceder con¬
tra los refractarios de la ley de la vacuna. La liga
inglesa anti-vacunista paga las multas de las per
sonas que desobedecen la ley de la vacuna, y no
faltó en 1877, en la Cámara de los Comunes, quien
sostuviera que no debían multiplicarse las multas
infligidas á los infractores, temiendo convertir en
mártires á los que son víctimas de una preocupa¬
ción!... Exentricidades inglesas, se dirá, y con repe¬
tirlo cundirá la opinión de que, realmente, no son
sino exentricidades.
Por otra parte, se ignora que si bien muchos son
los sábios que se inclinan á las conclusiones deri¬
vadas de los últimos esperimentos de Mr. Pasteur,
en lo tocante á la atenuación de algunos virus, hay
otros sábios, como el Dr. Koch de Berlin, á la ca¬
beza de sus discípulos, que, según el mismo Pas¬
teur, atacan sus trabajos con una estraña vivacidad.
Las esperiencias son de tal importancia y se proce¬
de con tanta prudencia y escrupulosidad, que un
físico eminente, Tyndall, deseoso de contribuir á la
revelación de la verdad se hizo construir una cáma¬
ra especial para sus esperimentos, relativos á la
teoría de los gérmenes, publicando no hace mucho,
sus ensayos particulares con toda minuciosidad.
El mismo Pasteur, tan feliz en algunos de sus ma¬
ravillosos esperimentos que han venido á confirmar
sus profecías, por hechos accesibles á muchas gen
tes, se ha visto obligado, después de todo eso á con¬
testar algunas diatribas alemanasl dando sus prue¬
bas por medio de inoculaciones en animales bovinos
y ovinos en presencia de una comisión especial¬
mente nombrada por el Ministro de Agricultura de
Prusia. Ese informe ha sido presentado al Ministro
en este año. No se conoce todavía (5 Setiembre 82)
la opinión de la Comisión, en la que figuran nota
bilidades como Virchow, Miiller y otros. Se cree que
I el dictámen es favorable al sábio francés. No basta
ya presentar las cifras en toda su brutal desnudez
para dar el problema por resuelto.
Se dice con razón que los esperimentos de Pas¬
teur han de traer una revolución en la higiene, en
la medicina y la cirugía. El microscópio ha sido
aplicado á la viruela humana, y de ella se han he¬
cho inoculaciones en vacas y caballos, observando
detenidamente los resultados y llegando hasta de¬
mostrar que esos animales no sufren ningún daño
y pueden servir como fuente de vacuna.
Es de notar que la vacuna ha degenerado desde
su descubrimiento.
En los primeros años las erupciones eran mas
considerables y la preservación mas duradera;
(Perdreau y Bousquet citados por Bouchardat). Y
se agrega: «es sabido hoy quo la preservación no
es absoluta y que varia seguu las idiosincracias, las
atenuaciones del virus, y según otras condiciones
difíciles de desentrañar.»
Los lecheros por su ignorancia en estas cosas,
tienen la culpa de que no topemos con la vacuna
verdadera , con el verdadero y genuino cow-pox.
El sábio Pasteur no ha ensayado todavía el cultivo
del cow-pox , en toda su prístina originalidad.
Y tendrá sus dificultades el dia que lo emprenda,
pues el eminente Paul Bert no ha de encontrar fá¬
cilmente vaquero ó lechero que se presente á re¬
clamar el premio Jenner, adjudicable, según desea
Bert, á los que presenten vacas con la viruela na¬
tural.
Seguimos de tiempo atrás el procedimiento ensa¬
yado por un médico de Nápoles, inoculando á las
vacas el virus sacado de los brazos de los niños va¬
cunados, y á esto llamamos vacuna animal artificial,
que se ingerta nuevamente en los brazos. Y un
cuarto de mundo lleva esa vacuna, y otro cuarto la
vacuna humana quo se trasmite de brazo á brazo.
Así pasan las cosas hace muchos años. El invento
de Jenner ha sufrido metamórfosis radicales, con
que no soñó el humanitario doctor, á quien, si hoy
apareciera por el mundo á presenciar su apoteosis,
le seria muy difícil encontrar la maravillosa linfa
pura.
Son muchas las estadísticas favorables á la vacu¬
na y la mayoría de los higienistas y los médicos las
invocan como pruebas concluyentes.
Pretendióse primero que la vacuna era una inmu¬
nidad : los vacunados jamás se enfermarían de vi¬
ruela. La esperiencia de todos los dias daba un des¬
mentido constante Hoy no se encuentra uno, entre
los módicos ó higienistas que algo valen, que con¬
sidere la vacuna como inmunidad contra la viruela.
Se reconoce que es un preservativo, con lo que se
admite que los vacunados pueden morir y mueren
de viruela, y con lo que se establece que los no va¬
cunados están mas espuestos á perecer quo los va¬
cunados.
Este hecho tiene los caractóres de incontroverti¬
ble, según las estadísticas mas dignas de aprecio,
quo han servido en estos últimos tiempos para ilus¬
trar el debate.
Y aquí comienza la estadística de la linfa pura,
cuya ostensión obliga á echar un párrafo aparte,
con comentarios.
— 37 —
Estadística de la linfa pura (f)
Como este asunto de la vacuna y revacuna obli¬
gatorias sigue una tramitación lenta en la Cámara
de Diputados, no nos apuramos mucho en nuestra
tarea narrativa, dando así tiempo para que se ilus¬
tren y comparen todas las opiniones.
Los derechos de la familia y la salud de la huma¬
nidad doliente imponen eD el problema de la vacuna
prudentes apreciaciones ó independencia de criterio
desligándose de toda rutina, con sincera devoción á
la verdad aunque sea contraria á preocupaciones
áulicas ó de secta, aunque lastime ridiculas pre¬
tensiones de innovación ó de novelería. No puede
mezclarse en el debato la idolatría por la autoridad
de un sábio ó médico, por mas fama que goce, ni la
idolatría de las cifras, tan ocasionadas á estravíos
cuaodo se concretan á hechos incompletamente
observados, con prescindencia de otros concomi¬
tantes, anteriores ó posteriores, cuya relación ó
ligámen, se omite ó desestima, sea por ignorancia,
olvido, preocupación ó rntina. Si alguna idolatría
fuese permitida seria la de la verdad, que siempre
aparece incompleta ante la conciencia de los sábios,
servidores ó intérpretes de la naturaleza, que solo
permite alzar una punta del velo con que encubre
sus misterios.
Entremos por fin, á la estadística de la linfa pura.
Se sabe que el Parlamento ioglós decretó en 1848
la formación de una oficina general de higiene que
funcionó por 6 años, siendo prorogada hasta 1858,
en que fué abolida. El Parlamento nombró después,
sucesivamente, comisiones especiales para el estu¬
dio esmerado de varias cuestiones sanitarias.
Esas distintas comisiones han acumulado datos
para la estadística de la vacuna, que ha sido llevada
con mas esmero después de la ley ds 1872 que or¬
ganizó en aquel país la higiene pública.
El gran arsenal de los vacunistas está en esta es¬
tadística, puesta bajo el patrocinio del Parlamento
británico. He aquí el cuadro ó resúmen que se en¬
cuentra en casi todas las publicaciones recientes:
PERÍODOS ANTES Y DESPUES DE LA
INTRODUCCION DE LA VACUNA,
MORTALIDAD ANUAL SOBRE UN
MILLON DE HABITANTES
A LOS CUALES SE REFIEREN LOS
DATOS ACERCA DE LA MORTALI¬
DAD DE LA VIRUELA
PAISES
ANTES DE LA INTRO¬
DUCCION DE LA
VACUNA
DESPUES DE LA IN¬
TRODUCCION DE LA
VACUNA
1777-1806 y 1807-1850
1777 1806 y 1807 1850
1777-1806 y 1807 1850
1777 1806 y 1807-1850
1777-1806 y 1838 1850
1777-1803 y 1807-1850
1777-1806 y 1807 1850
1777-1806 y 1807 1850
1777-1806 y 1807 1850
1777-1806 y 1807 1850
1787-1806 y 1807 1850
1781-1805 y 1810 1850
1774 1801 y 1810 1850
1751 1800 y 1801 1850
Austria inferior ....
Austria Superior Salsbourg
Estiria .
Iliria .
Trieste .
Tirol y Voralberg . . .
Bohemia .
Moravia . . .
Silesia Austríaca. . . .
Galitzia .
Bukowina .
Berlín .
Suecia .
Coponhaguen .
2484
1421
1052
518
14046
911
2174
5402
5812
1194
3527
3422
2050
3128
380
501
446
244
182
170
215
225
198
696
516
176
286
158
La mayor parte de los países que figuran en ese
cuadro, esceptuando muy especialmente á Suecia
y la ciudad do BerÜD, ofrecían en el período de 1777
á 1850 una estadística deficiente, confusa y poco
decisiva. Antes de 1806, año en que empezó á di¬
vulgarse asombrosamente la vacuna, se usaba co¬
mo preservativo contra la viruela la inoculación de
la misma viruela humana. Cuando se presenta la
estadística anterior á ese año, no se hace otra cosa
que probar que era muy contagiosa y mortal la
inoculación de la viruela, propagándose activamen¬
te las epidemias variólicas que diezmaron á los
pueblos.
Qué mortalidad es, pues, la que se compara con
esa tabla clásica de la estadística? La mayor parte
de las defunciones de virulentos no vacunados son
debidas á la inoculación de la viruela, que se prac¬
ticaba hasta fines del siglo pasado con el mismo
entusiasmo que hoy se practica la vacuna. Desde
1713 se practicaba la inoculación en Inglaterra.
La terrible epidemia de 1727, dice un higienista,
(I) Publicado en La Razón, núm. 1193, fecha I.» de Noviembre
de 1882.
sacrificó á los niños por millaradas: los inoculado*
morian en igual proporción que los no inoculados
y en su consecuencia cayó en descrédito la inocu¬
lación, mandando el Parlamento inglés que no pu¬
diera inocular quien no estuviera especialmente
autorizado para ello por el Colegio Módico de Lon¬
dres. En París y Boston se dieron decretos seme¬
jantes
Estas restricciones dieron resultados satisfacto¬
rios, según parece, pues á partir de 1746 la inocu¬
lación de la viruela cundió rápidamente en Europa
y se practicó en América. La Sociedad Módica de
Lóndres con los auxilios espirituales de cuatro obis¬
pos, declaró un buen dia que nada era mas útil y
lícito que la inoculación de la viruela. Francia con¬
vocó una asamblea especial de médicos y teólogosl
y 52 votos contra 26 declararon que la viruela de¬
bía inocularse. Y siguió la inoculación dejando tras
sí gran número do ciegos, mutilados, ó picoteados,
y ofreciendo una enorme cifra de defunciones.
En el cuadro estadístico que precede, ha debido
indicarse el número de inoculados de viruela y el
de no inoculados, hasta 1800; proporción de la mor¬
talidad de unos y otros hasta 1880. De ahí, hasta
— 38 —
1815, proporción de inoculados de viruela, de no
inoculados de viruela, ni de vacuna, y proporción
de vacunados, debiendo añadirse la proporción de
los inoculados de viruela que después se inocularon
la vacuna. ¿Por qué medios se constató la vacuna¬
ción? ¿Por cuáles otros se constató que no existia?
Los países que figuran en la estadística citada no
eran de los mas adelantados en la época á que so
refiero, salvo la mención especial antes indicada. Es
después de 1820 que la demografía ha empezado á
organizarse en los países mas adelantados de Euro¬
pa en materia de estadísticas. La Suecia y la Dina¬
marca, la Baviera y Ginebra ofrecen sus anales con
datos interesantísimos, pero aun así mismo incom
pletos, bajo el punto de vista de la vacuna y reva¬
cuna obligatorias.
Si esa estadística patrocinada por el Parlamento
inglés no sirviese para maldita la cosa, no será posi¬
ble que so niegue exactitud y autoridad completas
á los datos suministrados por el Dr. Lotz de Bale, y
especialmente á los suministrados por el Dr. Han,
de Lóndros, en obras que datan apenas del año 80
y que condensan nuevos datos para dilucidar el
problema.
La estadística gráfica, que va á continuación, in¬
dica la proporción (por millón do habitantes) de la
mortalidad por viruela, en 5 años, de 1868 á 1873,
en varios países, teniendo unos la vacuna obligato¬
ria y otros nó.
Proporción (por millones de habitantes) de muer¬
tos por la viruela en cinco años, de 1868 á 1863.
¿Cómo se ha llegado á estos resultados estadísti¬
cos? no lo sabemos, ni lo dice La Revista, de donde
los tomamos. Sabemos, porque otra Revista lo con¬
signa, que eu punto á estadísticas vacunistas de
Alemania y de Inglaterra, «. la Academia de Medi¬
na da Bélgica no ha podido conocerlas sin decla¬
rarse impotente para constatar su exactitud y su
alcance decisivo. » Sabemos también que en el Con¬
greso anti-vacunista de Colonia el Dr. Oidtmann,
de Linnich (Prusia) se encargó de revelar la mane¬
ra increibie como se formaron las estadísticas, en
cuya virtud se impuso á toda la Alemania la vacuna
obligatoria. La estadística transcripta es irrefutable,
según los vacunistan que la citan.
La Baviera es el país en que se aplica con ma¬
yor vigor la vacuna obligatoria. La ley del 64 hizo
obligatoria la vacunación de todos los niños nacidos
en el año, debiendo ejecutarse antes del primero de
Abril del año siguiente. Los recalcitrantes son muy
raros. Del 67 al 70 figuran por 0’7 p. % del número
total de niños vacunados. La Baviera presenta, en
el cuadro anterior, por millón do habitantes, un
número mayor de defunciones de viruela, que la
Suecia y la Escocia, donde la ley no ha sido aplicada
í con tanta exactitud.
La estadística del Dr. Lotz ofrece una particulari¬
dad que dá que pensar. Ha comparado la estadística
de la ciudad de Ginebra antes de la vacuna de 1380
á 1760, con la ostadística de la vacuna obligatoria
de la Baviera desde 1837 á 1873, calculando por
edades sobre mil muertos de viruela.
EDAD
En Ginebra
1580-1760
En Baviera
Octubre 1857 á
fines de 1875
0 á 1
año. .
. 202 50. . .
227
1 á 5
»
. 602 50. . .
36
5 á 10
») .
. 155.75. . .
10
10 á 20
»
. 26 50. . .
23
20 á 30
. 10 25. . .
91
Do masd«30
»
2.50. . .
613
Eu primer
lugar
los dos períodos
comparados
son desiguales. Uno es de 180 años, y el otro, el de
la vacunación obligatoria, es de 18 años solamente.
En 180 años, no existiendo la vacuna, hubo en
cada mil defunciones de viruela 202 niños de 0 á 1
año, y en 18 años de vacuna obligatoria hubo en
cada mil defunciones de viruela una mortalidad de
227 niños de 0 á 1 año ¡Curiosa estadística en favor
de la vacuna obligatoria! Serviría para probar qne
nada es tan peligroso como inocular la vacuna á
los niños menores de un año, y probaria además
que mejor estáu esos niños sin vacuna que con
ella.
En 180 años, en cada mil muertos do viruela,
cuando no existia la vacuna, solo aparecen 26 per¬
sonas de 10 á 20 años; y en 18 años de vacuna obli¬
gatoria, en cada mil muertos de viruela, aparecen
23 personas de 10 á 20 años.
En !a mortalidad anterior á la vacuna, en cada
mil defunciones de viruela, durante 180 años, habia
10 personas de 20 á 30 años. En la mortalidad pro¬
ducida bajo el régimen de la vacuna obligatoria, en
cada mil defunciones de viruela durante 48 años,
se encuentran 91 personas de 20 á 30 años.
Y lo mas curioso es este último dato: en un pe¬
riodo de 180 años antes del descubrimiento de la
vacuna, en cada mil defunciones de viruela se eu-
cuentran apenas 2 ó 3 personas de mas de 30 años;
y eu un período de 18 años bajo el rógimeu de la
vacuna obligatoria, en cada mil defunciones de vi¬
ruela hay 613 personas de mas de 30 años.
Soberbia estadística! sirve para probar que la
vacuna obligatoria protege especialmente la injan-
— 39 —
cia y ha dado por resultado modificar la reparti¬
ción de las defunciones variólicas... Es decir, que
en cada mil muertos de viruela en un país de vacu¬
na obligatoria, haya 512 personas de mas de 30 años,
y tan solo 227 niños do menos de un año. Quiere
decir: vale mas que se mueran los grandes que los
chiquititos.
Y esa estadística está reproducida en varios tra¬
tados, revistas, informes y periódicos vacunistas,
sin comentarios y como muy concluyente y deci¬
siva!....
Uno de esos estadistas hace notar, sin embargo,
que esa estadísiica prueba especialmente que la in¬
munidad vacunal es limitada y que la revacunación
es necesaria cada cinco años, ó cada diez cuando
menos. Lo cierto es que cuando no existia la vacu¬
na, ni la revacuna, las personas de 0 á 10 años eran
las que mayor tributo mortuorio pagaban á la vi¬
ruela; y que después de la vacuna y revacuna obli¬
gatorias, las personas que mayor tributo pagan son
las de 10 á 30 años, y mayor todavía las que pasan
de los 30 años. Es lo quo dice Paul Pert en el ar¬
tículo traducido para El Siglo, por el Dr. Heguy:
« la vacuna obligatoria protegiendo especialmente
la infancia ha tenido por efecto el modificar la re¬
partición de las defunciones variólicas, como lo
comprueba la estadística del Dr. Lotz, de Bale... »
Dios nos libre de estadísticas como la del doctor
Lotz, aparentes como para creer ó reventar!
Felizmente hay otras estadísticas, muy sórias y
favorables á la vacuna do queso instruirá el curioso
lector que haya formado el propósito de acompar-
nos hasta la conclusión de nuestras narraciones
acerca de la vacuna.
Suma y sigue (I)
Quedamos en que la estadística del doctor Lotz,
presentada al Consejo Federal de Suiza, ofrécelos
mismos caracteres desfavorables ó dudosos de la
clásica estadística de 1777 á 1850 presentada al par¬
lamento inglés. No puede decirse lo mismo de la
estadística gráfica que imperfectamente reproduji¬
mos en nuestro último número, ni de otras cifras
que presentamos en seguida.
Desde Octubre de 1867 es obligatoria la vacuna en
el ejército francés. La estadística médica se ha lle¬
vado con bastante prolijidad en las casermas. El
doctor Legouest ha conaensado los datos más inte¬
resantes :
A-período de 1857 Á 1875 (sin incluir los años 1870-71)
Virulentos 2,ól por cada 1.000 hombres de efectivo
Muertos . . 7,02 » » 100 virulentos
A partir de 1875 estableciéronse en el ejército
francés prescripciones más rígidas y eficaces, para
impedir que se violase la ordenanza relativa á la
vacuna, y se organizó el servicio completo para la
vacunación. Hó aquí, según el doctor Legouest, el
resúmen estadístico:
B— PERÍODOS DE CUATRO AÑOS
1872—1875
Anterior á las nuevas prescripciones
Virulentos . 0,651 por 1.000 hombres
Muertos . 12,47 » 100 virulentos
(I) Publicado en La Razón, nüm. * I0V, fecha 3 de Noviembre de
1882.
1876—1879
Posterior á las nuevas prescripciones
Virulentos. . 1,9 por 1.000 hombres
Muertos . 8,5 » 100 virulentos
Resulta que el número de virulentos es tres ve¬
ces mayor en el segundo período, y en estela mor¬
talidad ha disminuido apenas en un tercio. No
parece que los resultados hayan sido tan favorables
como se vaticinaba. Se debe, en opinión de algu¬
nos, á que después de la gran epidemia de 1869 al
71 la receptividad variólica, ó sea la predisposición
para tener la viruela, se había casi agotado en
Francia, en tanto que parecía reaparecer en 1876.
La esplicacion no es satisfactoria porque en nin¬
guno de los dos períodos se tratado la Francia,
sino del ejército para el cual la vacuna era obliga¬
toria, siéndolo aún más rigorosamente desde 1875.
De modo que el número de virulentos debió dismi¬
nuir, y aparece triplicado !
Y véase ahora cómo engañan las estadísticas, y
cómo las más luminosas pueden servir para intrin¬
car un poco el problema.
Comparando las cifras del cuadro A con las de!
cuadro B, segunda parte (1876 á 1879), resulta que
después de la mejora en el servicio de vacuna¬
ción se nota en los virulentos apenas una disminu¬
ción de 0,57 en cada mil hombres de efectivo; de
manera que en cada mil no ha podido arrebatarse
un solo hombre al contaqio, á pesar de las refor¬
mas sanitarias de 1875. Y si de esa misma estadís¬
tica so toma un período do 4 años, 1866 á 1869, se
encuentra que la cifra de militares virulentos fue
de 3,32 ! por cada mil hombres de efectivo.
¿A qué atribuir estas cifras tan desfavorables?
¿A la manera de inocular? ¿A la mala calidad del
virus ó de la linfa?. . .
Se ha recorrido á la demografía de algunas du¬
dados principales de Escocia, y de uno de los infor¬
mes anuales de estadística especial resulta:
SOBRE CIEN MIL HABITANTES
1856 á 1864
Antes de la vacuna obligatoria
0 á 6 meses 6 á 12 meses
Mortalidad general . 17.254 9.769
Idem por la viruela . 310 341
1865 á 1873
DESPUES DE LA VACUNA OBLIGATORIA
0 á 6 meses 6 á 12 meses
Mortalidad general . 18.546 9.958
Idem por la viruela . 174 49
En Escocia la vacuna es obligatoria en los seis
primeros meses y se practica con notable regulari¬
dad. La disminución de la mortalidad de la viruela
en los niños, bajo el régimen de la vacuna obliga¬
toria, es de 56,12 p. % en los niños menores de seis
meses, y la de los niños de 6 á 12 meses alcanza
apénas á un sétimo de la mortalidad anterior á la
vacuna obligatoria. Según esta estadística, bien
comprobada, á estar á la autenticidad que se le re¬
conoce, la vacuna obligatoria disminuye notable¬
mente la cifra mortuoria de los virulentos de 6 á 12
40 —
meses, no siendo tan notable la disminución en los
niños menores de seis meses. Esta circunstancias
ha sido invocada para no hacer obligatoria la vacu¬
na basta la edad de un año. Se ha observado que
á los 3 y 6 meses del nacimiento presenta inconve¬
nientes graves para los niños. El término más ge¬
neral es el de seis meses, y una de las estadísticas
en que se ha apoyado esa amplitud de plazo es la
de Kscocia, que acabamos de mencionar.
Otra estadística que tiene caracteres de exactitud
es la que se refiere al ejército prusiano. Desde 1834
se introdujo la vacuna. Antes de la vacunación solo
salvaban de la viruela un 40 p. % ; después de esta -
blecida salváse un 70 p. % ; de 1835 á 1874 el
ejército prusiano aparece perdiendo tan solo 449
hombres por la viruela. En un período de 9 años,
de 1825 á 1834, perdió 496, número superior á la
pérdida durante 39 años de vacuna obligatoria.
Una estadística llevada por el doctor Bertillon. en
París, desde el l.° de Enero al l.° de Julio de 1880
dá los siguientes resultados:
sobre 10.000 vivos
Fiebre tifoidea Viruela
Población civil masculina,
de 15 á 35 años . 14.7 9.50
Población militar . 85.5 1.25
SOBRE 10.000 HOMBRES
En el ejército
prusiano
En la guarnición
francesa de Lan-
gres.
Muertos por viruela
Id. id. disentería. .
Muertos por fiebre
tifóidea .
5.8
32.3
118.8
222.6
19.3
80.6
Parece que la batalla está ganada por los vacu-
nistas. Agrégase como refuerzo que en algunas
ciudades como Chicago y Venecia se ha inoculado
la vacuna y se ha hecho la revacuna en el período
álgido de la epidemia de viruela; que igual cosa se
hizo en Paris durante el sitio y que los resultados
no contradichos hasta ahora, que nosotros lo sepa¬
ramos al menos, han sido favorables á la vacuna
y revacuna.
Puede haber exageraciones vacunistas y estadís¬
ticas preconcebidas en favor del virus jenneriano,
pero esa estadística bastardeada no es la que aca¬
bamos de trasmitir al lector. Suponemos que las
diversas fuentes de donde la entresacamos no son
tan turbias como la linfa impura que ha metido en
Lóndres tanto barullo en estos últimos tiempos.
Vendrá en seguida la estadística y comentarios
desfavora bles para que el lector, teniendo delante
el pró y el contra, pronuncio su veredicto inape¬
lable.
En el ejército francés la vacuna y revacuna son
obligatorias, y desde el 8 de Marzo de 1875, raro,
muy raro os el soldado que escapa á la inoculación.
La guarnición militar de Paris no sufrió casi nada
durante la epidemia de viruela, mientras que la po¬
blados civil, mónos resguardada por la vacuna y
revacuna, ofreció numerosas víctimas
La epidemia de 1869-71 en Francia fuó tan hor¬
rible y desastrosas como las grandes epidemias que
tenían lugar ántes de la inoculación de la vacuna.
Noventa mil personas, según el cálculo deChauf-
fard y Vernois, fueron víctimas do la viruela. Va-
cher constata las cifras correspondientes al año 1871:
Nacimientos . 821.129
Virulentos . 226.417
Muertos por la viruela . 58 236
Desfigurados . 24.004
La proporción de la mortalidad es de 1 muerto en
cada 5 ó 7 enfermos. Hemos visto que en el ejército
francés, la proporción de la mortalidad fuó, del 72 al
75, de 12 muertos en cada 109 enfermos, y de 8 ó
9 muertos en cada 100 enfermos, desde 1876 á 1879.
El lector se dirá : « basta con estas estadísticas.
Debemos estar satisfechos. La vacuna es un pre¬
servativo, aunque no sea una inmunidad contra la
viruela. La revacuna es necesaria; el preservativo
dura poco. »
Los estudios á que dió motivo la gran epidemia
de 1870 suministran datos importantes, comparando
las cifras relativas al ejército prusiano con las que
se ordenaron regularmente y correspondían á la
guarnición francesa de Langres, « una de las pocas
guarniciones que estuvieron en condiciones relati¬
vamente buenas, bajo el punto de vista de la higie¬
ne y de la vacuna »; sin haber pasado, en su gran
mayoría, por la revacuna.
La estadística en contra (1)
Anuncian las crónicas parlamentarias que la Cá¬
mara de Representantes rechazó ayer el proyecto
de vacuna y revacuna obligatorias, sancionando
una sustitutivo que se limita a establecer una «au¬
torización al Poder Ejecutivo para que invierta diez
mil pesos anualmente en la propagación de la va¬
cuna. »
Damos el pósame á los vacunistas, y vacunófobos.
El Proyecto sancionado pasará en breve al Senado y
es para nosotros indudable que ha de tener allí im¬
pugnadores.
No esperábamos tan pronto la solución do la Cá¬
mara de Diputados; pero ya que queda un último
baluarte continuaremos nuestros estudios, ofrecien¬
do terminarlos en el número próximo, pues abriga¬
mos el justo temor de que nuestros lectores escla-
men: «¡Qué solo de vacuna! ostamos vacunados y
revacunados por La Razón.»
Aparto del interés del momento, debido á la san¬
ción de una ley acerca de la vacuna, tiene esta cues¬
tión una importancia y utilidad permanentes, por¬
que afecta directamente á la salud individual y pú¬
blica, á la familia y á la sociedad.
Ofrecimos la estadística desfavorable, y la dare¬
mos, aunque el lector ha de haberse apercibido de
que las estadísticas favorables á la vacuna y reva¬
cuna obligatorias son también favorables á la fiebre
tifoidéa. Carnot y otros módicos notables han afir¬
mado que si bien la vacuna preserva de la viruela,
ésta es reemplazada por la fiebre tifóidea. Se ha ob¬
servado que desde principios del siglo, á medida que
se ha ido propagando la vacuna, la fiebre tifoidea
ha ido aumentando. Sean cuales fueren las impug-
(I) Publicado en el nüm. 1 196 de La Razón, fecha 5 de Noviem¬
bre de 1882.
— 41
naciones que á esa observación se hagaD, es lo cier¬
to que los estadísticas mejor llevadas en favor de la
vacuna autorizan para decir que no era tan locoCar-
not cuando opinaba: que mediante la vacuna la fie¬
bre tifoidea reemplazaría á la viruela. Es el caso do
preguntar: ¿Cuál de las dos es peor?
En el ejército prusiano, sometido rigorosamente
á la vacuna y revacuna, se observó este fenómeno
durante la guerra última con la Francia.
En 10,000 hombres, seis, apenas, raorian de vi¬
ruela; 119 morían de tifóidea. En la guarnición fran¬
cesa de Langres que no habia recibido con tanta ri
gorosidad el virus sagrado y que en su mayor par¬
te no estaba revacunada, morían de viruela 523
hombres por grupo de 10,000; y si morían de tifo¬
idea. La estadística del doctor Bertillon, ya citada,
dá un resultado semejante.
En París desde 1.* Enero á 1." Julio de 1880 obser
vó el benemérito doctor este fenómeno: que en
10,000 personas de la población civil, masculina, de
15 á 35 años, se producían 10 casos do viruela y 15
de tifoidea y en la población militar, en 10,000 in¬
dividuos dos casos apenas de viruela y 86 casos de
tifoidóa. Recuérdese que desde 1875 se practica en
el ejército francés con toda severidad la vacuna y
revacuna, y que la vacuna y revacuna en la ciudad
de Paris han sido muy descuidadas á pesar de las
horribles epidémias porque ha pasado aquella gran
capital.
Abramos la estadística módica del ejército fran¬
cés y encontraremos en el año 75 la estadística me¬
dia de entradas á los hospitales:
FIEBRE TIFOIDEA
Entradas 4637- Proporción en 1000 entradas 39 !
VIRUELA Y VARIOLOIDE
Entradas 613— Proporción en 1000 entradas 5 !
L. Colín, notabilidad módica vacunista, condensa
en un cuadro las causas de muerte durante el año
75, en el ejército francés.
En 4725 defunciones, la cifra mas notable de todas
es la ocasionada por la fiebre tifóidea; escede á la
cuarta parte del total de las defunciones, y es veinte
veces mayor que la mortalidad de virulentos.
Do 4725 defunciones, 1553 son de tifoidéa, y solo
77 de viruela. El Dr. Arnold hace Dotar que esto
cuadro del año 75 puodo tomarse como general, pues
no hay grandes oscilaciones en la morbosidad mi¬
litar. Arnold escribe en el 81.
Bouchardat observa que los que sufren una vez
la viruela, la escarlatina, el sarampión, gozan por
ese hecho de una especie de inmunidad, ó coraza
patológica. Es muy raro que vuelvan á ser ataca¬
dos. Con la fiebre tifóidea pasa lo mismo. «Es, en
mi opinión , un argumento de gran fuerza para
reunir estas en el mismo grupo bajo el punto de
vista de la etiología .» « Tengo una fé profunda,
agrega el ilustre profesor, en la inoculación pre¬
ventiva de la fiebre tifóidea en el porvenir .»
Concluiremos, según vaticinan los sabios del dia,
por inocularnos todas las enfermedades para no te¬
ner ninguna.
Será el mejor estado de salud aquel en que haya
mos llegado á ingertarnos el máximum de micro
bios atenuados; ó sea, cuando nos hayamos inocu¬
lado los gérmenes microscópicos, debilitados, que
se reputan hoy en su estado de virulencia como
promotores ó engendradores de las enfermedades
contagiosas mas comunes. No pasará mucho tiem¬
po sin que nos ingertomos la rabia atenuada, para
estar precavidos contra algún mordisco de los ra¬
biosos. Lástima grande que no se haya encontrado
el medio do concluir con los vibriones (no vayan á
poner bribones los cajistas), bacterios ó microbios
absorventes y devastadores de que están plagadas
la política y las finanzas! Si se pudiese encontrar
el microbio atenuado de las ambiciones mengua¬
das, podria inocularse á algunos para curarles radi¬
calmente de insensatez. Decididamente: lo semejan¬
te se cura con lo semejante.
Sigamos con la estadística desfavorable á la vacu¬
na y revacuna
La que sigue ha sido tomada del Registro Gene¬
ral Ioglés, y fué recojida por el Dr. Pearce. En 1853
fue declarada obligatoria la vacuna en Inglaterra;
se repitió ó confirmó la ley en 1867 y fue estableci¬
da con mayor rigor en 1871. Desde el 53 ha habido
tres epidemias do viruela, siendo cada una de ellas
mas mortífera que la precedente. La primera abra¬
zó los años 1857 58-59, y las defunciones fueron
14,244. La segunda, en 1863-64-65, con 20,059 falle¬
cimientos. La tercera, en 1870-71 72, ascendiendo
los muertos á 44,840. El aumento de población des¬
de la primera á la segunda epidemia fue de 7 % y
el aumento de la viruela en el mismo período fue
próximamente do 58 %. De la segunda á la tercera,
el aumento de población fue de 18 % y el de la vi¬
ruela en igual período de 120 %.
La mortalidad por viruela en los primeros diez
años en que fué obligatoria la vacuna, de 1854 á
1863, fué 33,515. En los segundos diez años, 1864 á
1873, fué 70.458. La última relación al parlamento,
titulada: «vacunación, mortalidad », número 433,
sesión 1877, publicada en el registro general, pone
de manifiesto el número proporcional anual de ni¬
ños de monos do un año, de quince enfermedades,
que son inccunab les ó agravadas , del mo¬
do siguiente:
Antes de la ley de vacunación obligatoria, mu¬
rieron :
1847-62,619 niños en una población de 17.927,609
almas.
Después:
1854 73,000
id
id
id
V
1867-92,827
id
id
id
20.066,224
1868-96,282
id
id
id
1875-106,107
id
id
id
22.712,266
Mientras la población iDglesa habia aumentado de
18 á 23 millones de defunciones de niños por quin¬
ce enfermedades, aumentaron en el mismo período
de 63,000 á 106,000! Si la mortalidad hubiera segui¬
do á la población, la mortalidad do 1875 hubiera si¬
do do 80,000; lo cual parece indicar que si la vacu¬
nación hubiese estado menos en boga, pudieran ha¬
ber vivido en Inglaterra 26,000 niños mas.
De 80.000 casos de viruela que hay en la citada
rol ación, 43 mil fueron niños de menos de cinco
años de edad-, se cree que la vacunación obligato¬
ria proteje especialmente á la infancia. Y fíese uno
de las cifras! ....
Debe tenerse tenerse también en cuenta que este
— 42 —
formidable aumento de la mortalidad coincide en
Inglaterra con las habitaciodes mejoradas, mejores
aguas postables, establecimientos de baños y casas
de idem, aberturas de parques y jardines en todos
los grandes centros de población; y el gasto (desde
que es obligatoria la vacuna) de 120 millones de li¬
bras esterlinas en obras sanitarias!
En el artículp do Paul Bort que tradujo para El
Siglo el señor doctor Heguy, se presenta la estadís¬
tica del doctor Marson, módico de uno de los hospi¬
tales de virulentos do Lóndres. En la Revista Cien¬
tífica de Enero del 81 encontramos esa estadística,
con proporciones que difieren notablemente de las
que Paul Bert le dá. Para que se puedan apreciar
las diferencias, hé aquí las dos estadísticas atribui¬
das al doctor Marson:
En 6,000 casos do viruela tratados en el estable¬
cimiento:
Según Paul Bert Según Rev. Científica
Número de muertes por cien
Individuos no vaojna-
DOS .
25.50
%
35.50
%
Id vacunados pero sin
cicatrices .
21.75
»
51.75
Id presentando una ci-
triz bien marcada . .
4.25
>
4.25
Id id id mal id .
12.00
12.00
»
Id dos cicatrices bien
marcadas . . .
2.75
»
2.75
))
Id id id mal marcadas.
7.25
»
7.25
»
Id tres cicatrices .
1.75
1.75
Id cuatro cicatrices ó
mas .
0.75
0.75
Qué prueba esta estadística? Que el número de
inoculaciones ejerce una influencia segura como
preservativo? Y que del número y persistencia de las
cicatrices depende el valor y eficacia de la vacuna y
revacuna? Pero de esta estadística resulta también
que los no vacunados solo murieron en la propor¬
ción de un 35.50 % y los vacunados que n> conser¬
vaban cicatriz, en la proporción de un 51.75 %.
Con mas esta particularidad: reuniendo el tanto
por ciento do los individuos fallecidos queteoian ci¬
catrices, mal ó bien marcadas, resulta que perecie¬
ron on la proporción de un 28.75 % en los 6,000 ca¬
sos observados por el doctor Marson. Paul Bert dá
el 25.50 % do muertos on los no vacunados. Mr. A.
J. Martin en La Revista Científica dá el 35. 5C en
los no vacunados, y 51.75 % en los fallecidos que
estaban vacunados y no tenían cicatriz.
Ya puede el lector lanzarse á conjeturar si esa es
tadística es favorable ó desfavorable á la vacuna y
revacuna obligatorias.
Se ha dicho en la prensado Lóndres que la vacu¬
na en los niños ocasionaba la meningitis, la erisi¬
pela, escrófulas, etc.
Se habían observado casos de erisipela provocada
indudablemente por la vacuna. Los vacunistas re¬
sistieron y negaron. Fuó preciso desenterrar la bio¬
grafía de Jennery decir á los vacunófobos que no
se empeñaran en desconocer lo que había sido
constatado inequívocamente de.sde 1799. El doctor
Pearson escribia á Jenner, su amigo y asociado en
el descubrimiento: «Al decir al Dr. Woodvillo que
Vd. me habia tenido muy ansioso con motivo de re¬
comendar el uso del cáustico, él replicó: teso habría
condenado la operación». El doctor Pearson añade:
«Puede estar seguro de que si la práctica del cow-
pox no puede ser introducida sin el cáustico, nunca
tendrá éxito ante el público. »
La epidemia de viruela del año pasado despertó
el entusiasmo por la vacuna. Sabemos que hubo
muchos casos de erisipela, poro no tenemos medios,
ni autoridad profesional, para constatar que sucedió
aquí lo que el dector Dudgeon habia observado en
los niños en los hospitales de Lóndres.
Se ha notado también que después de la vacuna
obligatoria mueren mas niños que antes, de escar¬
latina, sarampión, garrotillo, etc., aunque muera
mucho menor número de viruela.
Hó aquí un pensamiento diabólico que asoma la
cabeza en medio de un abismo de conjeturas: ¡Dios
sabe si no resulta, que la atenuación del microbio
de la viruela ó sea la inoculación del virus jenne-
riano, si bien preserva de la viruela, provoca por
su atenuación otras entermedades!
Que la vacuna, cuidosamente inoculada es u i
preservativo contra la viruela, en el sentido de que
están mucho mas espuestos á sufrir el mal y á pe¬
recer los no vacunados que los vacunados, y reva¬
cunados, parece ser un hecho generalmente acep¬
tado.
Que ese hecho traiga aparejadas tales ó cuales
consecuencias mas ó menos desastrosas, es lo que
no ha sido suficientemente estudiado hasta ahora.
Y es forzoso confesar que en ese terreno tiene gran
horizonte la investigación, y que de ella puede re¬
sultar una solución que, reconociendo una vez mas
la virtud presorvativa do los virus atenuados de¬
nuncie y prevenga las consecuencias mediatas ó in¬
mediatas do la inoculación, pero al fin y al cabo los
microbios se inoculan porque algún papel desem¬
peñan en la economia del organismo.
Quedan algunas consideraciones generales para
el próximo número.
Nos parece que la solución dada por la Cámara es
de las menos inconvenientes en el estado actual de
la cuestión.
Y aquí dá, fin la linfa pura (1)
Al empozar estos estudios acerca de la vacuna y
revacuna echábamos de menos los datos locales.
Las corporaciones públicas no han podido suminis¬
trar datos estadísticos para ilustrar el problema. Si
se votan definitivamente los diez mil pesos para la
propagación de la vacuna, y no se van á malgastar
como tantas otras partidas del presupuesto, puede
esperarse que la Administración de vacuna hará lo
necesario para que con el mayor esmero y kscrupu -
losidad! se distribuya la vacuna, se inocule, y se
anoten sus resultados, recojiendo constantemente
los datos de la estadística mortuoria, y obligando á
los médicos á pasar parte do los virulentos que en¬
tren á su clínica. Algunas de estas medidas pueden
adoptarse desde luego. En la libre Inglaterra la ley
ha impuesto multa á los médicos que no comuni¬
can, á la autoridad sanitaria, el parte de enferme¬
dades contagiosas, y ha hecho responsables á los
particulares de los accidentes provenientes de con¬
tagio por falta de aviso á la autoridad ó a los voci-
ft) Publicado on La Razón, mim. M97, focha 7 de Noviembre
de 1882
43 —
nos, autorizando para reclamar contra los omisos ó
encubridores de daños y perjuicios.
En algunas ciudades de Alemania el dueño de
casa esiá obligado á poner en la puerta un lazo de
género amarillo, para anunciar que hay peste. Algo
parecido al lazo de merino negro que en el llama¬
dor de nuestras puertas denuncia el duelo en el
hogar.
Estas precauciones obedecen á la necesidad de
aislar los virulentos, impidiendo en cuanto es po¬
sible la difusión del flagelo. Muchos son los casos
en que una epidemia de viruela ha sido disminuida
y estinguida por el aislamiento de los virulentos
impidiendo su contacto con los sanos, y reuniendo
en un solo barrio, ó en un hospital de virulentos,
dispersos ó desparramados, como otros tantos focos
de infección, en los diferentes barrios de una ciu¬
dad.
Los salvajes han enseñado el procedimiento á los
hombres civilizados. Huyen aterrorizados, para li¬
brarse del flagelo, y de paso diremos, que el pro¬
fesor Vogt se lanzó á un viaje con el solo propósito
de averiguar si eran ciertos los horrores atribuidos
á la viruela en medio de los pueblos semi salvajes
del Oriente; y volvió persuadido, según lo asevera,
de que la viruela es menos mortífera en las comar¬
cas donde la vacuna no ha sido practicada. . . .
Pero á parte de los diversos medios preventivos
y medidas de higiene particular y general que pue¬
den aconsejarse, y son mas ó menos conocidas de
las familias, debe notarse que la eficacia profilác¬
tica de la vacuna no ha llegado hasta impedir que
se reproduzcan epidemias de viruela en el seno de
poblaciones sometidas al régimen déla vacuna y
revacuna obligatoria. Los estadistas y los módicos
comienzan á afirmar categóricamente que la virue¬
la es una epidemia cíclica, que tiene su evolución
trazada en períodos que varían do 5, 7 á 10 años,
según las condicione* de las localidades en que se
estaciona.
Ernesto Besnier so ha consagrado especialmente
á reunir datos que confirman plenamente la reapa¬
rición de las epidemias de viruela en períodos de
quinquenios, setenios ó decenios. Se ha observado
que la viruela, una vez que ha prendido con fuer¬
za en una localidad, vuelve á reproducirse, «co¬
menzando por un período de gestación ó incuba¬
ción durante dos ó tres años hasta que se produce
el año epidémico, después del cual hay un período
de reposo, casi absoluto, durante otro número de
años, como si los gérmenes hubieran agotado su
poder de destrucción y se propusieran roadquirirlo
en el silencio y el misterio, provechaudo de la de¬
sidia y la imprevisión que se apoderan de los hom¬
bres así que ha cesado el período álgido de la epi¬
demia.»
También se ha obeervado que los microbios do
la viruela y del sarampión suelen andar acompa¬
ñados y producen simultáneamente sus estragos.
El sarampión precede muy á menudo á la viruela
Willerain afirma que sus observaciones le llevan á
establecer que si la viruela estalla primero que el
sarampión, suspendo su marcha y el sarampión
progresa, como si fuese un terrible escudero que
reclama el derecho de ir adelante allanando los ca¬
minos de la muerte.
Laveran y Bouchardat han constatado también
que ol órdon de la evolución para los no aclimata¬
dos y recion llegados á los barrios infestados de las
ciudades populosas, es el siguiente: en los prime¬
ros meses el sarampión y la escarlatina, después la
viruela, y por últim la fiebre tifóidea.
Los micróbios, engendradores de la escarlatina,
el sarampión, la viruela, la tifóidea, la difteria, pu¬
lulan en los grandes centros urbanos. ¡Cuidado,
pues, con los microbios!
Tyndall dice: «así como una semilla puede en-
jendrar un bosque entero, así las enfermedades
epidémicas plantarían literalmente su germen, cre-
corian, y exparcerian á su rededor nuevos gérme¬
nes, que, á condición de encontrar en el cuerpo
humano la temperatura y el alimento convenientes ,
concluirán por invadir finalmente toda una pobla¬
ción. Nada hay en la química pura que semeje el
poder de propagación y el modo de multiplicación
de que está dotada la materia que sirve do fuente á
esta clase de enfermedades. La materia de cada
enfermedad contagiosa se produce tan regularmen¬
te como reproducen los perros y los gatos. >
Si la materia contagiosa surge de las impurezas
de nuestro suelo y está difundida en la atmósfera
urbana, la salubrificacion del suelo y del aire deben
ser la preocupación do todo momento. El aseo, la
limpieza, en el hogar de cada uno; la inmediata
desinfección de todo lo que pueda considerarse co¬
mo foco de gérmenes malignos. Aseo y limpieza
en las calles, los mercados y las cloacas. Todas es¬
tas medidas bien ejecutadas y rigorosamente ins¬
peccionadas contribuirán á disminuir ó amortiguar
los gérmenes do las enfermedades contagiosas e
impedirán su reproducción periódica, con tanta
mayor eficacia que la vacuna y revacuna obligato¬
rias. La buena higiene, convertida en régimen
cuotidiano, si no estirpa completamente las enfer¬
medades contagiosas, las aminora ó las hace menos
temibles, y ménos mortíferas.
En estas indicaciones finales tenemos de nuestra
parte la opinión de un notable higienista: « La me¬
jor profilaxis de las enfermedades contagiosas, así
como do las esporádicas, endémicas y epidémicas,
se hallará en la fiel observancia de los preceptos
higiénicos. Poro, no obstanto lo sencillos que éstos
son, y la facilidad conque pueden cumplimentarse,
no se aviene todavia el hombre á sujetarse á su
blando yugo; y de ahí el que desde tiempo inme¬
morial haya soñado en el hallazgo de preservativos
que le permitan entregarse sin recelo á todo linaje
do transgresiones. Preservativos seguros, infali¬
bles, no hay ninguno . »
Y aquí dá fin el solo de vacuna á que hemos so¬
metido al lector, tratando de inocularle, en cuanto
ha estado á nuestro alcance, todos los elementos
que constituyen hoy el problema de la vacuna y re¬
vacuna obligatorias. Ya sabe el lector á qué ate¬
nerse, y con cuánta diligencia debe proceder, si es
padre de familia y se propone icocular á sus hijos
el virus sagrado, la maravillosa iinfa vacuna. «Debe
llamar muy sériamente su atención la vacuna que
se emplee /»
En cuanto ú los legisladores, opinamos que no
podrán monos de titubear ántes de imponer el uso
de la lanceta, para preservar de la viruela. No bas¬
ta que la ciencia haya constatado la eficacia de la
buena vacuna para preservar ó atenuar en general
la viruela.
Las consecuencias de esa inoculación están en li¬
tigio; y los nuevos descubrimientos y ensayos, así
como el análisis esmerado do la estadística mortuo-
ria, el estudio clínico de los inoculados, contribuí'
rán, con la ayuda poderosa, del microscópio, á
completar la teoría moderna de los gérmenes en
las enfermedades contagiosas, y la de la atenuación
de los virus como preservativo ó coraza contra esas
mismas enfermedades.
Darwin, padre ó hijo. Lubbock, Siemens, Huxley,
Tyndall, por no citar franceses y alemanes, se han
consagrado á estudiar por medio de esperimentos
diversos y con ayuda del microscópio la desigual
distribución de los gérmenes malignos en el aire
ambiente. Los esperimentos van tomando un ca¬
rácter localista muy interesante bajo el punto de
vista científico. Los resultados obtenidos se com¬
prueban ó rectifican constantemente.
El estudio de los microbios es á la orden del dia
en casi todas las Sociedades y Academias científicas,
y comienzan recien á difundirse las aplicaciones
novísimas de algunos procedimientos terapéuticos,
debidos á la teoría de los górmenos.
Pocos años bastarán para que los sábios nos
trasmitan la última palabra acerca de las inocula¬
ciones de virus atenuados y sus consecuencias en
la economía animal. Ellos pronunciarán el fallo en
la cuestión de la vacuna y revacuna obligatoria.
Ai posteri V ardua smtenzil